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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El dilema iraní de los progresistas

E. J. Dionne
E. J. Dionne
lunes, 22 de junio de 2009, 05:32 h (CET)
Manifestantes que se hacen a la calle exigiendo libertad y elecciones justas. Un gobierno represor que contraataca y denuncia a los disidentes como subversivos antipatriotas. El cambio, hasta la revolución, está en el aire.

Los partidarios del progresismo y la izquierda deberían ser los aliados naturales de aquellos que intentan cambiar radicalmente el orden existente. Los progresistas defienden la democracia, la igualdad y la libertad, o no defienden nada. En principio, son los conservadores los que predican la prudencia.

Pero hay cierta tensión en la forma progresista de ver el mundo, porque la izquierda representa generalmente la contención en política exterior. Prefiere típicamente la negociación a la guerra, aconseja precaución en el uso de la fuerza americana, y retrocede ante lo que percibe como el gatillo fácil de la derecha. Irak constituye la principal prueba de los peligros de suponer que la fuerza americana puede rehacer el mundo.

Mientras la ilustre rebelión se manifiesta en Irán, el Presidente Obama se encuentra personalmente atrapado en este dilema progresista.

Antes de las elecciones, había situado a Estados Unidos en un rumbo de negociación con el gobierno de Irán. Después Teherán explotó y la legitimidad del régimen empezó a tambalearse.

Él tenía muy presente que si Estados Unidos apoyaba a los partidarios de la oposición iraní con demasiada cordialidad, podría desacreditarlos y dar lugar a la excusa para la represión que sus enemigos esperaban desatar de todos modos. “La forma más sencilla de que las fuerzas reaccionarias dentro de Irán aplasten a los reformistas es decir que Estados Unidos alienta a esos reformistas,” decía Obama en la CNBC a comienzos de la semana pasada. "Así que lo que he dicho es, 'Mira, depende del pueblo iraní tomar la decisión. Nosotros no nos metemos.'"

Y en último término, argumentaba Obama, Estados Unidos todavía tendría que llegar a un acuerdo con Irán en el tema de su programa nuclear. "Tenemos interés desde hace tiempo en que no militaricen su energía nuclear y en que dejen de financiar a organizaciones como Hizbulah o Hamás," dijo. “Y ese seguirá siendo el caso al margen de quien salga vencedor en estas elecciones.”

De forma que la respuesta inicial de Obama a las acusaciones de que las elecciones de Irán han sido robadas fue, dicho diplomáticamente, comedida.

Pero conforme los manifestantes ganaron fuerza y su valor capturó la imaginación del mundo, el presidente empezó a darse cuenta de que el tacto era insuficiente. Poco a poco, el discurso de la administración se ha endurecido, aunque no lo suficiente ni de lejos para satisfacer a aquellos que quieren que Estados Unidos se ponga inequívocamente de parte de la sublevación pacífica.

En el caso de aquellos que estaban en contra de la política de acercamiento de Obama a Irán, esto es de lo más sencillo. Su consejo: Defiende con claridad la libertad y los derechos humanos, critica abiertamente a los mulás represores, y deja que lluevan las felicitaciones. Si la oposición gana, todos ganan. Si el régimen impone su voluntad por la fuerza bruta y logra sobrevivir, el acercamiento ha terminado. Eso, desde el punto de vista de los críticos de Obama, es provechoso para ambas partes.

¿Pero qué van a hacer los progresistas y Obama? Todos los progresistas fuera del gobierno norteamericano deben prestar apoyo constante a la apuesta iraní por la libertad. Esto incluye a los líderes políticos europeos a los que, paradójicamente, la contención de Obama les ha permitido ganar espacio para ser más francos en el apoyo a los demócratas iraníes.

Obama no tiene otra opción que seguir pensando en el día después, y el día que viene luego. Sus responsabilidades como líder de nuestro gobierno son diferentes de las obligaciones del resto de nosotros. Escribiendo la semana pasada en The New Republic, el filósofo político Michael Walzer resumía acertadamente el reparto apropiado de los papeles: "De los izquierdistas y progresistas – oposición y nada más; de los diplomáticos oficiales – apretones de manos y negociación."

Pero los acontecimientos pueden haber superado ya este enfoque sensato. Si el régimen iraní suprime simplemente a sus adversarios políticos, será imposible iniciar las negociaciones a corto plazo como si no hubiera sucedido nada. E incluso si el actual gobierno sobrevive a corto plazo, los acontecimientos transcurridos desde las elecciones apuntan a la debilidad de su control del poder. Hay más oposición en Irán de la que nosotros -- y probablemente los propios iraníes – pensamos que existiera, y por tanto más oportunidad de cambio.

Los Estados Unidos, trabajando en concierto con nuestros aliados europeos, necesitan por tanto dar al cambio una oportunidad aclarando que la represión conllevará un precio. Nuestro mensaje ha de ser que no importa lo comprometidos que estemos con la negociación, también somos demócratas comprometidos.

La precaución inicial de Obama sirvió a los intereses de la libertad al aclarar que la rebelión contra las elecciones amañadas de Irán es de cosecha propia. A medida que la lucha continúa, no podemos fingir que somos indiferentes a su resultado.

No es fácil optar por la vía progresista. Pero Obama siempre ha dicho que sabe ocuparse de las complejidades. Ésta es su ocasión de demostrarlo.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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