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El filón del PSOE: arremeter contra los católicos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 22 de junio de 2009, 05:23 h (CET)
No dudo de que, en el partido socialista, haya católicos; tampoco pongo en cuestión que, aún siéndolo, militen en un partido laico y con evidentes muestras de un anticlericalismo que, en cuanto a sectarismo, intransigencia y odio acumulado contra la Iglesia católica, no tiene nada que envidiar a aquel que en 1936 (los meses que precedieron al l8 de julio y durante toda la Guerra Civil) no tuvo inconveniente alguno en participar en lo que, probablemente, fue una de las escabechinas más despiadadas de la historia en contra de los sacerdotes y fieles cristianos, si exceptuamos la época de los emperadores romanos de los principios de la era cristiana. Pero, como en todas las sociedades, sean religiosas o sean civiles, existen unas reglas a las que todos los socios deben acogerse y respetar, si es que pretenden permanecer en ellas. En caso contrario deben renunciar a su militancia y abandonar la formación en la que no encuentran adecuado acomodo. Y no se crean ustedes que este pequeño preámbulo carece de justificación, porque estamos llegando a un punto en que la sociedad, y en concreto la española, tiene que decidirse por escoger entre sus ideas personales, sus tendencias sociales y sus simpatías por un determinado partido político o sus creencias religiosas, morales o éticas,.si es que unas y otras entran en colisión directa.

Una vez más, y todos sabemos que no ha sido la primera ni, con toda probabilidad, será la última; después de que la Iglesia católica mantuviera una prudente política de “no intervención” en la batalla política desarrollada a nivel estatal, con motivos de las elecciones al Parlamento europeo –a pesar de los cebos envenenados que, tanto la Aido, como la Pajín, sin dejarnos en el tintero a nuestro señor President, intentaron que picara la Conferencia Episcopal –; el Gobierno, de una forma harto torticera e ignorando varios de los artículos de la vigente Constitución ( vigente, y podríamos añadir, ninguneada Constitución que, a la vista de las noticias que nos llegan del TC, puede que esté dando los últimos estertores), ha vuelto a intentar negar a los pastores de la Iglesia Católica el derecho de libre expresión, no sólo desde el punto de vista de sus creencias religiosas y de sus facultades para denunciar lo que es un crimen de genocidio contra los nasciturus, estén en fase de embriones o, como ocurre a los tres meses de embarazo adquieran la denominación de fetos – eso sí, con el permiso de doña Bibiana Aído y su especial percepción de la metamorfosis que, según ella, se produce en el útero donde, a su entender, el embrión pasa de animal a humano –; sino también, como ciudadanos españoles, con el derecho a ejercer la libre expresión de opiniones, sin que se les pueda diferenciar de los otros miembros de la ciudadanía, ni discriminar, tal y como se expresa el artículo 14 de la Constitución española cuando dice: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Es evidente el empeño del Gobierno socialista en intentar tapar la boca, amordazar o desacreditar las opiniones de la jerarquía eclesiástica, sabedor de que es una forma muy eficaz de motivar a sus seguidores que, como hemos dicho, son en su mayoría anticlericales. Lo que ocurre, en esta ocasión, es que están predispuestos a cargar con más furia en contra de la Iglesia, porque saben que entre sus propios militantes hay una fuerte división a cerca de algunos puntos de la tan discutida Ley del aborto. Dándole a los comunicados de la Conferencia Episcopal el sentido, evidentemente tergiversado, de que la Iglesia se quiere meter a gobernar el país, saben que pueden conseguir la unanimidad que van buscando para hacernos tragar semejante barbaridad. Y aquí es donde entra en funciones la responsabilidad de los congresistas que se consideran católicos, sean del partido que sean, porque el ser católico no es una etiqueta, una pegatina, que se pueda poner y quitar según la conveniencia de quien la lleva; o bien se es cristiano católico o bien se renuncia a ello y se pasa al bando de los laicos o a cualquier otra creencia que admita que los fetos puedan ser masacrados. “Nadie puede servir a dos señores”, puede que sea una frase que les resulte familiar a quienes han tenido una formación religiosa, porque está en el evangelio de San Mateo.

Por eso, resulta incomprensible que los Democristianos del señor Durán escurrieran sus responsabilidades dando libertad de voto cuando se trataba de aceptar a trámite la ley. Señor Durán o es usted democristiano y actúa como tal o es usted un señor que engaña a su electorado, vaya, que predica lo que no cree y que se da muchos golpes en el pecho cuando se trata de, en Europa, acusar a los populares de no ser dignos de figurar en la euro democracia cristiana pero cuando, de verdad, ha de dar el do de pecho lo único que hace es desafinar. Porque, señores, estamos ante un hecho de gran trascendencia, debido a que se está jugando dar carta blanca a toda mujer que no quiera afrontar las responsabilidades de sus actos, y el fornicar requiere también saber las consecuencias que acarrea. Debemos recordar, otra vez, que en España (parece lo contrario oyendo hablar a nuestras ministras) continua la prohibición de abortar y sólo existen tres supuestos extraordinarios que lo permiten bajo ciertas premias que, deben ser interpretadas en sentido restrictivo a favor del más débil, en este caso el feto. Tampoco el PP quiere mojarse y, como ya nos tiene acostumbrados, el señor Rajoy se ha salido por peteneras, como si con ellos no fuera la cosa. Por esto me fui del partido y por esto estoy en contra de que siga bajo una ejecutiva que ha dado al traste con sus principios morales y éticos. Si la señora Celia Villalobos no se encuentra cómoda en el PP y no acepta su disciplina de voto, cosa que parece que ya es costumbre, pues que se vaya y deje las bicocas de su cargo, lo mismo que debería hacer su marido, el señor Arriola, causante del viraje del partido hacia tierra de nadie.

No voy a concluir este comentario sin repetir, por enésima vez , que nadie que no sea católico o no se considere como tal, tiene por qué sentirse ofendido, limitado u obligado por las recomendaciones de los obispos; es más, nadie debiera meterse en camisas de once varas, ni el Gobierno, ni los progres de la farándula ni el PSOE ni, si me apuran, el San Papucio bendito; porque, señores, no es cosa que vaya con ellos ni con nadie que no comulgue ( no en el sentido literal del término) con el catolicismo. Ellos que sigan con sus homenajes póstumos al señor Rubianes, que prosigan con sus insultos a España, como lo hizo él y que no se metan en aquello donde nadie les ha dado cancha para hacerlo. Se trata de cosas de católicos y, el señor Alonso, equivocado de medio a medio, no debiera de coger el rábano por las hojas ( de la malicia y de la torpeza) y sacar conclusiones errónea, porque la Constitución no trata de moral y si de respeto a la Iglesia católica y, por supuesto, a pesar de que ustedes han querido invadir un territorio que no les compete, con la basura de la EpC, lo que sí es cierto que manda la Constitución es que el derecho a elegir la educación moral o religiosa que deben recibir los hijos compete a los padres y no al Estado. ¿Que ustedes lo ignoran y hacen de mangas capirotes? Pues ya sabrán por qué lo hacen, como supongo que sabrán el porqué permiten o piensan permitir a una niña de 16 años decidir por su cuenta sobre si abortar o no sin la obligación de pedir consejo a sus padres. Allá ustedes con sus conciencias, si es que las tienen.

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