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Etiquetas:   Buñuelos de viento  

Sudáfrica, una nación fascista de futbolistas fascistas

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 22 de junio de 2009, 05:06 h (CET)
Empiezo a escribir estas líneas cuando acaban de sonar los himnos nacionales de España y Sudáfrica al principio del partido que enfrenta a ambas selecciones de fútbol. Suena el de España, nuestros futbolistas lo escuchan con respeto y silencio, entrelazados por los hombros, pero sin emociones, lagrimitas ni mandangas, como hombres. Bien por ellos.

Va a sonar el de Sudáfrica. Calla el estadio, varias decenas de miles de aficionados esperan en silencio. Con las primeras notas los espectadores entonan con entusiasmo la letra de su himno. La cámara se pasea por los graderíos, la gente está espectante y emocionada. ¿Emocionada? ¡Pero si hasta parecen orgullosos de ser sudafricanos, orgullosos de sí mismos! ¡Cantan con emoción! ¿Será posible que no haya nadie que les llame asquerosos nacionalistas, fachas perdidos? ¡Qué poco autocríticos! Observen a los futbolistas, obsérvenlos… Algunos tienen la mano en el pecho, junto al corazón, otros han girado su cuerpo hacia la posición de la bandera, levantan la mirada y tienen en los ojos un gesto de vanagloria y exaltación.

¿Cómo es posible que haya gente así? ¿Se imaginan a algún futbolista español con semejante porte, han visto alguna vez a algún español con la mano en el pecho al sonar nuestro himno? ¡Menos mal que nadie se ha atrevido a ponerle letra! ¿Alguien entiende tamaño nacionalismo fascista sudafricano? Menos mal que nosotros somos españoles.

¡Surafricanos orgullosos de su nación! ¿Algún español osaría manifestar públicamente su orgullo de serlo? Abajo el nacionalismo rancio, lo importante es ser internacionalistas, pensar en la Humanidad entera, no dormir de preocupación por la tribu Chuk-tck de las selvas de Indonesia, pobrecillos, que están empezando a ponerse pantalones y por lo tanto ven amenazada su cultura por el imperialismo occidental.

¡Pero qué fascistas son los surafricanos, mira que ponerle letra al himno, mira que estar orgullosos de su nación, llevarse la mano al corazón, qué atraso, que vulgaridad! ¡Si hasta se emocionaban! ¡Negros tenían que ser! (huy, perdón, se me ha escapao, pero el caso es que cuando juguemos contra Italia o Brasil o Egipto o China o Beluchistán tendremos que aguantar de nuevo a sus futbolistas fascistas con cara de pánfilos, emocionándose como niños ante sus correspondientes himnos. ¡Ay, qué suerte es ser español!

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