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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Ciencia   -   Sección:   Opinión

Menos niños, más viejos y los imparables avances de la técnica

“Aprender sin pensar es inútil, pensar sin aprender es peligroso” Confucio
Miguel Massanet
domingo, 29 de mayo de 2016, 11:54 h (CET)
Estamos convencidos de que los avances científicos, los adelantos técnicos, la acumulación de nuevos conocimientos, la asimilación de las nuevas realidades y cambios sociológicos, han llegado a un punto que nos superan, y que, por mucho que intentemos seguirlos y ponernos a su altura, nos resulta imposible conseguirlo. No podemos evitar tener la desagradable sensación de que, a medida que pasa el tiempo, no nos va a quedar otro remedio que aceptar que va llegando el punto en que, todo lo que estudiamos en el periodo de aprendizaje de nuestra vida y los nuevos conocimientos que intentamos incorporar a lo largo de nuestra posterior existencia, van quedando obsoletos. Tenemos la premonición de que lo que nos espera, si antes la muerte no trunca el camino, es regresar a una situación tal en la que vamos a sentirnos en un mundo ajeno en el que nos sentiremos como analfabetos, inmersos en un mundo de adelantos, descubrimientos y novedades que las nuevas generaciones habrán ido incorporando al saber de la humanidad, sólo que este saber, en lugar de como lo iba absorbiendo nuestro intelecto, al ritmo de los renqueantes trenes de mercancías, que aún circulan por algunas líneas de nuestro país; hoy en día es preciso irlos captarlos a la velocidad de uno de estos famosos trenes “bala” japoneses, de “levitación magnética”, capaces de superar la velocidad de 603 k/h. Algo que, desgraciadamente, queda fuera de nuestras desgastadas neuronas.

La realidad es que, los cambios sociológicos que, en unos pocos años, se han ido produciendo en las naciones que se consideran civilizadas de nuestro mundo, han ido produciendo una serie de alteraciones en las familias, en las costumbres, en los sistemas políticos y los ámbitos laborales que, juntamente con los espectaculares cambios introducidos por las nuevas técnicas, descubrimientos, sistemas de comunicaciones, relaciones, estructuras, invenciones etc., por mucho que la humanidad haya querido adaptarse a ellos, no se ha podido evitar que, en algunos casos, una parte de la ciudadanía haya quedado excluida de los evidentes beneficios que, para el resto, muchos estos cambios han supuesto. Por ejemplo, la incorporación de las mujeres al trabajo, entrando en un terreno que con anterioridad estaba reservado a los hombres; abandonando su función de amas de casa, de cuidado de los niños, de directora de las labores domésticas y aglutinadora de la familia ha producido diversos efectos a los que todavía no se ha conseguido encontrarles solución.

La prolongación de la vida de las personas fruto de los espectaculares avances que, en todas las ramas de la medicina se han producido, ha sido la causante de que los cálculos que se hicieron para sostener el actual sistema de pensiones hayan fracasado y hoy nos encontremos en serias dificultades para que, con menos personas trabajando, sea posible seguir atendiendo al colectivo de pensionistas que, cada vez, se hace más numeroso y longevo. El hecho de que las mujeres, para ponerse a la altura de los hombres y evitar los efectos que se deriven de la maternidad, en cuanto al aumento de los permisos legales, a faltas al trabajo para atender enfermedades de los niños, retrasos por acompañarlos al colegio o guarderías etc. hayan decidido retrasar la maternidad y la hayan trasladado a edades más avanzadas, aparte de los efectos en cuanto a las dificultades de procrear en épocas premenopáusicas, acortan la convivencia con los hijos, y, en muchos casos, no se producen los esperados nacimientos lo que, como queda evidenciado en las estadísticas de nuestro país, redunda en la disminución de natalidad, disimulada durante unos años por la llegada de inmigrantes y por la mayor fecundidad que se da entre ellos.

Sin embargo, existen otras causas que amenazan con que, el desempleo, que se venía caracterizando por aumentar en momentos de depresión económica, por cambio de las modas de consumo, por aparición de nuevos productos que dejaban obsoletos a otros, etc.; en adelante, aumente por otros motivos más permanentes. Una noticia, aparecida en una de las páginas interiores de un periódico español, nos anuncia que una empresa taiwanesa, “Foxconn”, va a reemplazar 60.000 de sus trabajadores para sustituirlos por robots; si señores, han leído bien, robots que van a instar en una planta china de Kunshan.Y ¿qué va a pasarles a los 60.000 operarios sobrantes? No se sabe, se habla de reciclarlos, pero ya sabemos todos que cuando sale a colación la palabra “reciclaje” suele equivaler a que se van a quedar sin trabajo y, con suerte, podrían pasar al desempleo. Y este es el problemas que, en estos momentos, mucho nos tememos que sea el que puede resultar, por lo que pueda significar de desencaje entre los obreros que, por razones de productividad, ahorro económico o coste efectivo, resulten menos rentables y eficaces que los robots y estos artilugios mecánicos, cada vez más perfeccionados y con mayor número de habilidades, que van a ser los grandes competidores de los humanos en muchos de los puestos de trabajo, en los que predominen las habilidades mecánicas, con respecto a lo que se puede definir como actividades e orden intelectual.

Assimov ya habló de la rebelión de los robots y ello ocurría cuando los robots, que en sus obras literarias realizaban todas las tareas anteriormente encomendadas a los humanos, llegaron a tomar conciencia de su “yo” y decidieron acabar con la “esclavitud” a la que los tenían sometidos sus amos, los humanos. Hoy en día, en Japón, ya se llevan a cabo maravillas en tema de robótica y se fabrican robots que hacen verdaderos prodigios como bailar, tener una conversación, hacer tareas domésticas y, ya no hablemos en otros campos, como en las fábricas de automóviles, donde cadenas completas de montaje están atendidas por estos artilugios y, sólo los puestos de control, están atendidos por ingenieros y personal cualificado de la empresa.

Los drones, que han aparecido apenas hace unos años, aparte de su gran capacidad para acciones militares de precisión, están inundando los mercados de actividades civiles, hasta el extremo de que su superabundancia ha estado creando, como sucede con la mayoría de estos nuevos inventos, graves problemas prácticos, tanto con los aviones con los que eventualmente pueden tropezar, como con las personas a las que pueden lesionar si, como ya está sucediendo, su uso en juguetería permite a los niños jugar con ellos, constituyendo un peligro para los transeúntes con los que pueden colisionar y herir de gravedad. Y es que, las leyes, ya van a la zaga de los avances tecnológicos.

Podríamos extendernos más sobre las consecuencias que la robotización y mecanización de las tareas y las grandes ventajas que en todos los órdenes les reportan a los empresarios (nulo absentismo, fácil reparación, recambios, no se cansan, trabajos perfectos, grandes producciones y, por si faltaba algo, nula conflictividad laboral: el sueño de todo empresario para su empresa), si tuviéramos más espacio. No obstante parece que este tema no forma parte del temario de las izquierdas que no lo quieren ver o si lo ven no quieren hablar de él, sin percatarse de que, a medida que las empresas, las oficinas, los sistemas de ventas y la producción de las empresa se mecanicen, ofimaticen, roboticen y especialicen; cada vez la mano de obra humana será menos necesaria y sólo van a ser precisos los técnicos del más alto nivel , capaces de controlar los más sofisticados elementos de la mecanización productiva. Sólo la falta de sentido común, las ideas trasnochadas y la escasa visión de futuro de los sindicatos; la cerrazón de los partidos comunistas y socialistas, cuya visión queda nublada por sus viejas reivindicaciones, basadas en la lucha de clases, en el fomento de odios entre trabajadores y empresarios, así como en la imaginaria contraposición entre progreso y el bienestar de los trabajadores y el enriquecimiento del empresario que, en lugar de ser incompatibles, como se ha demostrado en el resto de países con mayor nivel de vida del resto de Europa, es cuando se consigue la sincronización de esfuerzos entre empresarios y trabajadores, encaminados a obtener un mejor resultado; beneficioso, a la vez, para el empresario y los trabajadores. .

O así es como, señores, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, no podemos comprender lo que está sucediendo en nuestro país, cuando se habla de “cambio” por el PSOE, Podemos, Ciudadanos y el resto de partidos de extrema izquierda; si lo que hace falta en estos momentos, en España, es ir buscando soluciones para que, todo el personal que, indefectiblemente, a consecuencia de la necesaria e imprescindible mejora de los sistemas productivos de nuestro tejido industrial, vaya quedando sobrante, especialmente en el caso de personal poco formado o de edad avanzada. No parece que todavía se hayan encontrado soluciones adecuadas para darles una salida honorable a todos estos cientos de miles de parados que se espera se van a producir, teniendo en cuenta que, cada vez, serán menos los que puedan volver a trabajar y menos e insuficientes los que coticen a la Seguridad Social para que se puedan pagar las pensiones. Un problema difícil de afrontar y resolver.
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