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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Sin Bush, está solo

David S. Broder
David S. Broder
sábado, 20 de junio de 2009, 22:54 h (CET)
En una conversación mantenida el otro día con un funcionario de la Casa Blanca, escuché algo que no pensé oír nunca a un empleado de la Casa Blanca de Barack Obama. “Me gustaría,” decía, “que George Bush saliera a la luz un poco más.”

En los cinco meses transcurridos desde que abandonara la presidencia, Bush se ha enfrascado en sus memorias. Ha permanecido en su casa de Texas y muy pocas veces ha participado en actos públicos. El resultado ha sido que ha desaparecido por completo de los informativos y – la idea que el ayudante de Obama estaba expresando – ha sido olvidado casi por completo.

El silencio de Bush ha dificultado que Obama mantenga la atención de la opinión pública en Bush como responsable de nuestras actuales dificultades -- economía débil, guerras sin resolver, escándalos de Guantánamo y el programa de reclusos.

No es porque no lo intente. Obama recuerda al público con regularidad en sus propios discursos y ruedas de prensa todos los problemas que heredó de su predecesor. Pero para los periodistas acreditados por la Casa Blanca, esos recordatorios se han convertido en el estereotipo familiar. Y puesto que Bush no va a replicar, pocas veces son objeto de atención.

Transcurridos cinco meses de mandato, Obama se ha convertido en el único presidente en el que piensa el pueblo estadounidense. Y una serie de encuestas difundidas la semana pasada demuestran que los estadounidenses son cada vez más críticos cuando piensan en Obama.

Las encuestas Wall Street Journal/NBC, New York Times-CBS y Pew Research Center llegan de manera independiente a conclusiones parecidas. Barack Obama conserva su popularidad personal casi intacta, con un índice de popularidad superior al 60%. Pero cuando son preguntados por políticas importantes concretas de la administración, los porcentajes son muy inferiores – y hasta negativos.

En el estudio de Andrew Kohut realizado para Pew, el porcentaje de electores que aplauden la gestión de la economía por parte de Obama bajó del 60% en abril al 52% hoy. Se divide equitativamente en su enfoque de los rescates de General Motors y Chrysler, con el 47% de aprobación y el 44% de desaprobación. Por un margen de 22 puntos, los encuestados discrepan con la idea de gastar miles de millones para mantener funcionando las empresas.

Durante semanas, las encuestas han demostrado de manera constante la oposición de los votantes registrados a la decisión de Obama de cerrar el penal de la Bahía de Guantánamo. Su discurso culpando a Bush de la apertura de la cárcel al parecer no sirvió para paliar el desgaste político.

La encuesta New York Times-CBS aporta noticias más preocupantes. Conforme el tamaño de los déficits presupuestarios se vuelve más evidente, la preocupación por las políticas presupuestarias de la administración se ha disparado. Por un margen de 2 puntos a 1, este estudio concluía que los votantes responden negativamente al ser preguntados si Obama ha desarrollado un plan claro para abordar el déficit. Una mayoría del 52% frente al 41% rechaza la prioridad de Obama de estimular la economía a costa de registrar déficits más sustanciales. Dicen que el énfasis debería ponerse en reducir el déficit.

La sanidad, la lucha más reciente y más importante de Obama, supondrá otra prueba de fuego de su liderazgo, con indicaciones claras en varias encuestas de que Republicanos y Demócratas están adoptando posturas enfrentadas, a pesar del llamamiento del presidente a adoptar una ley bipartidista.

Hasta que Irán estalló en protestas populares contra lo que parecen haber sido unas elecciones presidenciales amañadas, había un margen de aprobación amplio en el país de la gestión de la política exterior hecha por Obama. Pero la Casa Blanca espera más críticas al despliegue de efectivos en Afganistán, a la espera de que probablemente el verano dé lugar a más enfrentamientos y un mayor número de bajas.

En suma, Obama ha sacado probablemente la mayor parte de las rentas políticas fruto del elevado ritmo de actividad en el país y en el extranjero que ha marcado los primeros meses de su presidencia. Ahora la gente está empezando a adoptar una opinión más crítica de las decisiones que ha tomado. Y espera, con diversos grados de paciencia, ver cómo se desarrollan las grandes apuestas políticas de los primeros días.

Obama tiene suerte de que la opinión pública no perciba una alternativa clara procedente de los Republicanos del Congreso. Pero echa de menos ser comparado a diario con su predecesor. De ahí la ironía de que los miembros del gabinete de Obama digan “que vuelva Bush."

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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