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Camps, orgullo de Valencia

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
sábado, 20 de junio de 2009, 22:52 h (CET)
Francisco Camps, nuestro “paquito” más famoso después del “chocolatero”, ha dado una alegría más a todos aquellos buenos valencianos que se pasan la vida entonando el “para ofrendar nuevas glorias a España” envueltos en el azul de la senyera al haber conseguido entrar, eso si, de refilón y por los pelos, en la lista de los 50 hombres más elegantes del planeta, ahí es nada. Y es que los trajes de Camps siguen dando mucho que hablar, unas veces en los pasillos judiciales y otras en las páginas de las revistas de moda.

La revista GQ, del grupo Condé Nast, considerada el Vogue masculino, mediante un jurado formado por Rafael Medina conde de Feria y hombre de negocios, el televisivo y polifacético Boris Izaguirre, la modelo internacional Eugenia Silva a quien tuve la suerte de ver hace unos días en Barcelona y los periodistas Tim Blanks y Eugenia de la Torriente han decidido colocar el nombre del President de la Generalitat valenciana entre los cincuenta hombres más elegantes del planeta. Sus fotos han pasado de mano en mano en la mesa donde el jurado deliberaba, vestido de chaqué y con el semblante serio presidiendo cualquier procesión religiosa, asistiendo con semblante de buen escolar y con un chaleco “ad hoc” a la audiencia papal, con el rictus serio y cariacontecido ante la prensa y sin aceptar preguntas, con cara de jugador de póker en su obligada visita a la Audiencia para deponer sobre esos trajes que ahora le llevan al colorín de las revistas de moda, o paseando por la Quinta Avenida neoyorquina con una americana de fantasía que me es imposible imaginar sobre tan noble percha. I al final, cual si de una Soraya cualquier en el festival eurovisivo, le metieron con calzador en la lista, el último, pero los buenos cristianos como él saben mucho de aquel dicho, no recuerdo si bienaventuranza, que dice que “los últimos serán los primeros”.

Valencia está de fiesta, las tracas han inundado las calles o al menos así debería haber sido, por este nuevo triunfo internacional de su imputado President. Codearse con guapos oficiales como Brad Pitt, Georges Cloney, Jaime de Marichalar o su todavía cuñado Felipe de Borbón, o el tricampeon futbolístico Pep Guardiola es todo un honor para alguien que, últimamente, tan sólo salía en los papeles como “empapelado” por la justicia. El “panchacontentismo”, perdonen por el palabro, de muchos valencianos está por los cielos, su estimado imputado President, a pesar de su triste figura, es uno de los hombres más elegantes y admirados del planeta, y todo gracias a un sastrecillo valiente como José Tomás que le tomó muy bien las medidas aunque luego se fuera de la lengua en sede judicial.

Tan sólo dos políticos han entrado en la lista de estos elegantes del mundo, uno de ellos, Barak Obama, encabeza la lista y el otro, Francisco Camps, la cierra. Todo un honor, y seguro que a Paco Camps, como le llama Rajoy, no le importa ser “cola de león” en este ranking de la elegancia. Él ha sido elegido, según el jurado, por su “infalible ojo para los trajes a medida”, por su “toque mediterráneo” y por su “acertada versión fallera de la sagrada precisión de Seville Row”, la calle donde están instalados los mejores sastres londinenses. Me temo que estas precisiones para avalar la candidatura al cetro de la elegancia de Camps son una coña marinera del jurado, ya que si hablan en serio es muy posible que algún juez les llame a capítulo por el mal gusto mostrado en la elección del último de la lista.

Pero Camps tiene una pena muy grande, y no precisamente por estar imputado en causa judicial, el President va a tener que dejar en el armario los trajes veraniegos que mandó hacer para presidir eventos como la America’s Cup o las carreras de Formula 1 que cada día se ven más lejos de Valencia. De los barcos nunca más se supo y de los cochecitos de carreras ya saben ustedes que los últimos días se está produciendo una revuelta entre los constructores de bólidos que puede dar al traste con el gran negocio que algunos en Valencia habían forjado a su alrededor. En fin, más millones tirados a la basura, o más bien a los bolsillos de alguno de esos amiguitos del alma a los que Camps quiere un huevo.

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