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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Obama ¿intervencionismo de izquierdas?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 20 de junio de 2009, 03:35 h (CET)
Es sabido que los EE.UU de América han sido refractarios en toda su corta, pero intensa historia, a las veleidades comunistas e, incluso, hubo una época en la que estuvieron obsesionados por el espionaje de supuestos comunistas – entre los cuales se hallaban conocidos artistas de cine – que llevó a la que se llamó “caza de brujas” de los años 50, a cargo del famoso senador McCarthy. Quiero, con ello, decir que la división tradicional del electorado americano entre republicanos y demócratas nunca había tenido la trascendencia que sí ha tenido, tradicionalmente, en Europa; en ésta, la diferencia de ideologías es mucho más marcada y radical. De hecho, fue uno de los demócratas más destacados, J.F. Kennedy, quien se opuso frontalmente al régimen soviético, cuando éste pretendió enviar misiles intercontinentales a Cuba.

No obstante, la subida al poder del señor Obama, por su doble condición de ser un hombre de color y pertenecer al ala más progresista del partido Demócrata, ha supuesto un cambio sustancial en lo que habían sido los relevos en el poder de ambas formaciones políticas. El hecho de que el señor Obama haya tenido que apechugar con una recesión que, en muchos aspectos, recuerda la de 1929; ha puesto al nuevo inquilino de la casa Blanca en la tesitura de tomar decisiones importantes para el país, especialmente en el área económica que, sin duda, hubiera preferido poder dosificar y estudiarlas con más calma. Sea por lo que fuere, desde un principio ya se vio que este nuevo Presidente estaba dispuesto a romper moldes; lo que ya se pudo comprobar con cambios en su política internacional, manifestados en unos atisbos de acercamiento a sus tradicionales denostadores los países del Cono Sur y algunos tímidos intentos de acercamiento al régimen del señor Fidel Castro en Cuba. Últimamente, ha vuelto a dar muestras de su cambio de rumbo al pronunciar, en Oriente Medio, un discurso en el que pretendía, falta ver si lo consiguió, distender sus diferencias con los países árabes, mostrándose con un talante muy conciliador, incluso con el régimen iraní que, por cierto, no ha dado muestras de haberse sentido aludido y si lo ha hecho ha sido para reafirmarse en su política nuclear.

Es conveniente destacar, al respeto, el distanciamiento que se ha podido apreciar en sus relaciones con Israel que, como ya se podía esperar, no ha tardado en hacérselo saber al nuevo presidente americano. Pero hay algo, en el ambiente mundial, que parece dar un vuelco a la tradicional distribución de poderes entre naciones. El dólar, tradicionalmente la moneda de referencia en las transacciones económicas, está dejando de representar una moneda que inspire confianza y ya se están planteando alternativas, algunas, como en el caso de los países árabes, parece que ya están cuajando en una moneda propia que utilizarán para sus ventas de petróleo y otras, como la propuesta por Rusia y China ( un cesto de diversas divisas) que parece que incluso cuentan con el beneplácito de Washington. Existe otras iniciativas, como las de Venezuela y sus satélites, que, dada la precaria situación económica en la que los ha puesto la bajada de los hidrocarburos, puede que tengan que esperar a mejor ocasión.

El caso es que, tanto en el ámbito de sus relaciones económicas, como en el de sus relaciones políticas con otros países, la posición de los EE.UU parece evidentemente bastante debilitada lo que, como era de esperar, ha dado alas a sus tradicionales enemigos que esperaban agazapados que la ocasión se presentase. Así vemos como en Corea del Norte el régimen de Pyongyang no ha tenido empacho alguno en retar a sus vecinos y a los propios EE.UU al lanzar, uno tras otro, una serie de misiles intercontinentales para amedrentar a su vecina inmediata, Corea del Sur y, de paso, hacer saber a sus posible competidores que ella es una pieza más en el ajedrez asiático a tener en cuenta. La victoria de Ahmanideyad, en Irán, con su secuela de protestas y la inseguridad que se ha producido a causa del temor a una revolución latente de los opuestos al, recién elegido, primer mandatario; pueden ser otra de las preocupaciones de Obama y debieran serlo, como no, de toda Europa, la más directamente perjudicada política y económicamente por tal situación.

Pero, donde vemos al señor Obama actuar, puede ser, con más inseguridad y con menos acierto, quizá debido a su falta de rodaje y a su fuerte carga ideológica de tinte izquierdista y keynesiana; es, sin duda, en sus decisiones encaminadas a paliar la fuerte crisis económica que padece sus país. El uso del dinero público en cantidades difíciles de imaginar para un ciudadano normal, para inyectar ayudas a los bancos, sus apoyos económicos a las empresas del automóvil, su inseguridad a la hora de solucionar el tema de General Motors, cerrado en falso al tener que recurrir a un procedimiento de quiebra para poder resurgir de sus cenizas; dan la sensación de mucha improvisación. Tampoco se ve clara su política para que los estados que, como California, están prácticamente en quiebra, puedan hacer frente a sus compromisos. Y, ante este conglomerado de problemas, cuando ya el endeudamiento externo de la nación está preocupando a los países que, como China o Japón, son sus principales acreedores y las agencias de calificación de créditos, como St&Poor’s han degradado la deuda de 18 entidades bancarias y la han rebajado a otras 19, después de poner a la FED a emitir dinero “virtual” para ayudar a la banca a salir del atasco; ahora parece que está decidido a dar un paso adelante, un paso intervencionista y muy peligroso si nos atenemos a la experiencia de estados que lo practicaron anteriormente. Se trata – ignorando que la FED fue la culpable con sus bajadas de tipos, de las crisis crediticias – de ar más poder a la FED e incrementar el control del Estado, amén de guardarse el poder de intervenir en cualquier entidad a la que se presuma que pueda estar en peligro de crear alarma en el sector..

Más poderes a la Reserva Federal o sea, a uno de los causantes, juntamente con otros bancos centrales, de que, con sus injustificadas bajadas de intereses, explotase la crisis de las sub-primes. Buscan establecer “un régimen regulador más estable, que proteja al sistema contra sus propios excesos”. Es posible que, en estos momentos, sea necesaria una actuación de este perfil, no lo sé; pero de lo que no hay duda es que, poner en manos del Estado un mecanismo fiscalizador que puede que no sea bien visto a niveles internacionales y que, en el caso de intervenir en entidades privadas, se tendrá que ver en qué condiciones la Administración puede llegar a interferir en su funcionamiento, teniendo en cuenta que, muchas empresas tienen su capital distribuido en varias naciones distintas que pueden ver como una intromisión ilegítima el control gubernamental en una empresa en la que tiene intereses sus ciudadanos; cuando existen otros mecanismos mercantiles que, al menos en teoría, tienen competencias para hacer cumplir las leyes. Puede que con el lema “de proteger a los consumidores” se cree una maquinaria intervencionista que, aparte de que le cueste al ciudadano americano muchos millones de dólares, se convierta en una especie de El Gran Hermano, dirigido por la FED y el propio gobierno americano. Habrá que vigilarlo.

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