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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El bipartidismo de los bobos

E. J. Dionne
E. J. Dionne
jueves, 18 de junio de 2009, 04:03 h (CET)
¿De dónde sacamos la idea de que la única ley sanitaria buena es la bipartidista? ¿Es más importante el bipartidismo que si la propuesta es práctica y eficaz o no? Y si el bipartidismo es una meta legítima, ¿no es cada partido igualmente responsable de alcanzarlo?

Esta semana, el debate de la sanidad pasó de los principios generales a los agonizantes detalles de cuánta reforma costará, quién pagará, y qué colectivos consiguen qué.

Si esto fuera un experimento perfecto de laboratorio, Demócratas y Republicanos se incorporarían a tal debate conviniendo en las metas centrales y a continuación discutirían cómo alterar ciertas provisiones y repartir equitativamente los gastos.

Eso es lo que Howard Baker, Tom Daschle y Bob Dole, el trío bipartidista de la vieja guardia del Senado, sugería en un informe el miércoles. Bien por ellos. Y Max Baucus, el secretario Demócrata del Comité de Financiación del Senado, sigue esperando ser el Gran Compromisario de la sanidad, el Henry Clay de esta era, incluso si los sucios detalles obstaculizaron sus esfuerzos esta semana.

Pero no debería hacerse ilusiones: en la sanidad, los dos partidos están lejos en los puntos básicos.

La mayoría de los Demócratas cree que reparar el sistema exigirá un creciente intervencionismo público para garantizar la cobertura universal y contener el gasto. La mayoría de los Republicanos se opone a la ampliación del papel del gobierno y está segura de que un sistema más orientado al mercado despejaría el camino al nirvana sanitario.

Intentar alcanzar el bipartidismo total ajustando esas dos versiones es la receta para la incoherencia.

En su forma actual, el Presidente Obama y los Demócratas ya han comprometido mucho. No están proponiendo la nacionalización de la financiación sanitaria, como preferirían los partidarios del sistema de fondo común. En lugar de eso, trabajan dentro de los márgenes de los conciertos actuales.

Ese es el motivo de que el jefe de gabinete de la Casa Blanca Rahm Emanuel pueda decir, como hizo en una entrevista reciente, que cualquier propuesta que apoye Obama será inevitablemente "bipartidista" porque "las políticas contenidas en la ley incluirán ideas Demócratas y Republicanas.” Esa es otra forma de decir que cualquier propuesta sanitaria de ley que sea aprobada ampliará el papel del gobierno pero también empleará el mercado sanitario privado existente.

Esto no ha impedido a los Republicanos lanzar la acusación de que Obama prefiere una sanidad "socializada" dirigida por "el gran gobierno.” Y hasta cuando el Partido Republicano no está utilizando una retórica exagerada, las propias propuestas del partido dejan claro lo lejos que la mayor parte de los Republicanos están de las metas de Obama.

El miércoles, los Republicanos de la Cámara desvelaban en sus propios principios de reforma sanitaria, y el Representante de Michigan Dave Camp decía en una entrevista que su disposición a hacerlo desmiente la idea de que sus colegas y él constituyen “el partido del 'no.'“

Camp, arquitecto clave de la iniciativa Republicana, es la antítesis de los agitadores de estilo Rush Limbaugh, un alegre habitante del medio oeste que ha tomado parte en legislaciones de peso, sobre todo la de adopción y la de acogida. Y la lista de objetivos de los Republicanos sí incluye algunas ideas no tan seductoras pero razonables (por ejemplo, facilitar que los menores permanezcan dentro de los planes sanitarios de sus padres hasta los 25 años de edad, y ofrecer nuevos incentivos para que los médicos se dediquen a la atención primaria) que podrían encajar bien en una ley bipartidista.

Pero sus propuestas centrales -- sobre todo su llamamiento a ampliar las cuentas de ahorro para gasto sanitario y prescindir de los reguladores estatales en favor de planes sanitarios "de asociación" a nivel nacional -- empujan en la dirección diametralmente opuesta atomizando más el mercado de los seguros.

Hacerlo podría recortar el gasto en el caso de aquellos que no están enfermos, pero a expensas de elevar los gastos ya prohibitivos de los enfermos. El mercado es bueno proporcionando opciones para los que están sanos y tienen recursos, pero no para los que tienen problemas. Ese es el motivo de que Obama quiera que el gobierno altere el mercado de la sanidad.

Lo que significa esto es que la mayor parte de los Republicanos quiere abandonar de golpe el debate de la sanidad. Por motivos tanto de principio como de política, quieren despacharse contra el gasto de la acción pública y afirmar -- de nuevo en contra de lo que yo diría que son pruebas irrefutables de su error -- que de alguna manera podemos encontrar la forma de que el mercado solucione nuestros problemas sanitarios.

Los Republicanos tienen derecho a hacer esto. Pero no pueden negarse a jugar y después pasar a condenar a Obama y a los Demócratas por no ser lo bastante bipartidistas.

Una cosa es comprometerse para recabar votos, lo que espero esté haciendo Max Baucus. Otra muy distinta es comprometerse a cambio de nada. El primer bipartidismo tiene una finalidad. El segundo es el bipartidismo de los bobos.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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