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¡Déjenos enfermar tranquilos, señor ZP!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 18 de junio de 2009, 02:19 h (CET)
Insultante, degradante y humillante ha sido la actitud chulesca, arbitraria y evidentemente provocativa del señor Presidente del gobierno hacia los españoles. No contento con haberse constituido en el valedor en Europa del régimen de Fidel Castro, posicionado al frente de un grupo de naciones europeas que, por lo visto, prefieren buscar el posible beneficio comercial de una “entente” con Cuba, antes que reprobar la existencia perdurable de un sistema político, comunista, que se ha erigido en la tiranía más execrable para un pueblo que, desde la famosa revolución que derrotó a Batista, no ha hecho más que andar de tropiezo en tropiezo, atropellado en sus libertades individuales; vejado en sus derechos ( opositores encarcelados y torturados). Ahora, nuestro señor ZP, vuelve a las andadas con otra de sus famosas boutades, aun cuando esta vez se ha pasado de castaño oscuro y, hasta el más zopenco de los que lo votaron, va a ser incapaz de tragarse tamaña bola, aunque le unten la garganta con la vaselina de la más pura y ramplona de las argucias demagógicas, en las que nuestro señor Zapatero es un verdadero artista.

Lo cierto es que, para justificar la temida subida de impuestos, aquella que el inefable señor Blanco calificó de “actualización” pero que ello no significaba “incremento de los mismos” y, siguiendo la línea trillada de la señora De la Vega, nos sale con el peregrino argumento del tiranuelo de turno que, en el colmo de su “preocupación” por sus siervos (¿o ciudadanos?), se apresta a decidir sobre lo que deben hacer y lo que no; cómo deben comer y cómo no; cuándo deben fornicar y cuando abstenerse del sexo; de qué deben enfermar y de aquello que está prohibido por el todopoderoso Estado. En esta ocasión pretende que nos creamos que ha sido por nuestro bien, por cuidar de nuestra salud por lo que ha decidido aumentar el impuesto sobre el tabaco y ¡por supuesto: sin ningún afán recaudatorio! ¡ Si hubiera sido el Pinocho, del amigo Gepetto, seguro que la napia hubiera cruzado Europa de sur a norte!. Lo cierto es que ya vienen dando muestras de esa preocupación por el bien general de los ciudadanos con leyes tan humanitarias como las que tienen en cartera, por ejemplo: la famosa del aborto a la carta con la que, de un plumazo, emulando con creces al famoso Herodes El Grande y su matanza de inocentes; se proponen eliminar a cientos de miles de futuros seres humanos. Lo que ya no cuadra tanto en el empeño del señor ZP es lo de la eutanasia, ¡pero todo sea en bien de reducir el desempleo!

En lo que nuestro señor Presidente se ha quedado a medio camino es en explicar, con detalles, de qué dolencia ha pretendido librarnos subiendo el impuesto de los hidrocarburos ¿Acaso nos quiere prevenir de los efluvios del gas?,¿quizá busca que hagamos más ejercicio? o, ¿puede que quiera evitar que engrosemos la lista de los accidentes de tráfico?, la verdad, señores, que tanta preocupación por nosotros nos confunde y enternece. ¿Cómo se nos pudo ocurrir que necesitasen el dinero de nuestros exhaustos bolsillos para tapar su nefasta política de ayudas? No, no, el bueno de ZP hubiera sido incapaz de pensar en semejante jugada. Pero, como ya se anuncian próximas “actualizaciones”, como lo llama el señor Blanco, de otros impuestos; quizá que le pidamos encarecidamente al señor Zapatero que no se preocupe tanto por nuestra salud no sea que, a fuerza de querer que la conservemos, nos conduzca a la ruina y, la verdad, puestos a tener que morir, preferimos hacerlo como mejor nos parezca, aunque sea intoxicados por el humo de un Habano. Y, si no, que se lo pregunten a don Fidel.

En lo que parece que no ha dicho ni “mu”, supongo que para no incomodar al señor Montilla, es como un chiquilicuatre de tres al cuarto, un señor que hace dos días daba brillo a la silla de su departamento del ayuntamiento de Cornellá de Llobregat con los fondillos de sus calzones, con los “manguitos” puestos y la visera en la frente para no deslumbrarse; de pronto, envalentonado por su meteórico ascenso y quizá convencido de que, como los doce apóstoles, ha recibido del Espíritu Santo el don de la ciencia infusa; sale a “advertir” al Tribuna Constitucional de que mucho cuidadito con la sentencia ( una sentencia con barba cana,ya que la esperamos desde hace tres años) sobre la constitucionalidad del Estatut. Y es que, para este “jurista” de tan probada trayectoria profesional, el que el Tribunal Constitucional esté conociendo de unos recursos sobre un tema como es determinar si los artículos de esta Ley Orgánica, son constitucionales o no ¡está muy mal! No por nada, porque a él le parece que una ley de “estas características” no debiera ser revisada por el máximo órgano encargado y constituido, expresamente, para esta única función: establecer la legalidad o ilegalidad de las leyes con respecto a la Carta Magna que, señor Montilla, aprenda usted a leer que ya es mayorcito, nos la dimos “todos los Españoles” y no un mísero 35 por ciento de todos los catalanes, por muy legal que fuera el resultado.

Ni el señor Montilla, ni la Generalitat ni Catalunya entera son nadie, repito nadie, para decidir si el Estatut es o no, en todo o en parte, constitucional; como, por cierto, tampoco lo es este llamado “Consell Consultiu” que se ha salido con un dictamen –que debiera de darles vergüenza a señores tan talludos haberlo emitido –, por el que consideran constitucional una Ley de Educación Catalana en la que se desprecia el idioma oficial del Estado, se niega lo que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha refrendado en varias ocasiones, como es la necesidad de impartir la tercera hora de castellano ( no olvidemos decidido por una ley estatal) y consideran, para remate, que el actual sistema de inmersión lingüística en el catalán no vulnera los derechos constitucionales de los padres a pedir que sus hijos sean educados en la lengua vehicular. En otro país democrático, no un nido de tiranuelos enfrentados entre sí para ver quien saca más tajada de la política como es este Tripartit; sujetos que se atrevieran a poner en cuestión al Tribunal Supremo de la nación y emitieran públicamente “amenazas” o intentos de “conducir” la opinión del tribunal mediante solapadas presiones; serían de inmediato encausados y sometidos a juicio, previo ser desposeídos de sus cargos públicos. Pero España, la de Zapatero, es diferente y, por esto, entre las mafias criminales se “recomienda” que vengan a España a delinquir, y en especial a Catalunya, porque es el lugar ideal para “trabajar” sin la preocupación de que a uno lo metan en chirona por cometer un delito.

¿Qué se ha hecho de nuestros fiscales? Me temo que han desaparecido o no se atreven a actuar por miedo a que, al final, resulten trompicados. Alguien se quejó de que emitiera opiniones sobre el gremio de los jueces pero, señores, desde aquí les reto a que me demuestren que, el tema del funcionamiento de la justicia en este país, no se ha convertido en algo muy parecido, con perdón para la gente de color, en una verdadera merienda de negros. Y si no me creen, vean ustedes lo que está ocurriendo con el señor Garzón, aquel juez al que nadie se atrevía a molestar, incluso el propio CGPJ remoloneaba más de lo que, a la vista del ciudadano de a pie, hubiera sido conveniente. Pero tanto va el cántaro a la fuente que acaba rompiéndose y, así se encuentra el famoso juez “estrella” que, en esta ocasión, parece que sus trucos no le han surtido efecto y está atrapado. No puedo decir que lo sienta porque, sin duda, esta clase de jueces no son más que un peligro para la Justicia y un mal ejemplo para el resto de sus compañeros de profesión.

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