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Una huerta sin secretos (II)
Ángel Sáez
DE JESÚS ARTEAGA ROMERO
(Sigue el de ayer.)
Lo que llama la atención al curioso que las mira es la clase de colores que nos dan las margaritas y que más de uno se cree que las tiñen o las tintan…
Son colores naturales y al que pasa se le invita a llevarse un ramo de ellas para darlo a su abuelita…
Ahora sí que sonríe y es muy ancha su sonrisa, porque sabe que otras huertas, aunque estén casi vecinas, no contienen los encantos de sus bellas margaritas, que emborrachan al que pasa con la copa de la envidia… ¡Qué orgullosa está la abuela de sus flores variopintas, presumiendo de su huerta tan preciosa y tan florida!
Y las flores se las lleva a la Virgen de la ermita; y mantienen su frescura absorbiendo una aspirina; y con un vasito de agua, alargando van su vida.
Y también lleva a su casa y las pone en la jarrita que la ofrece a San Antón y a la Virgen Pilarica, recibiendo bendiciones de ambos dos en su casita… Y también lleva a la Iglesia y las pone a Santa Rita… Muchas son sus devociones; cuando reza es atendida por el propio San Antón y la propia Pilarica…
Y por si éstos le fallaran le queda aún Santa Rita; y, asimismo, mil demandas a la Virgen de la ermita, si sus Santos le fallaran porque tienen un mal día.
Y ahora sí que se sonríe engrandando su sonrisa,
pues se siente acompañada de sus Santos la abuelita,
porque ve que la protegen, que la cuidan y la miman,
mientras no falten las flores de sus bellas margaritas.
Estos versos los dedico a mi hermana Margarita
y a Ana Mari Osés, que son tan amantes de las flores.
Jesús Arteaga Romero
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