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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Respeto

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 17 de junio de 2009, 05:12 h (CET)
Para algunos, respeto es sinónimo de tolerancia. Y no, ni mucho menos: tolerar es consentir desde una situación de poder; respetar, admitir desde una posición de igualdad que el otro tiene tantos derechos como uno mismo. Para otros, el respeto era verde y se lo comió un burro. Sólo unos pocos saben lo que es respeto.

La matización viene a cuento de lo de Irán, el truco y trampa de las elecciones o la falacia que sea que difunden los voceros gratuitos y pagados por SM Obama y su paje Israel. Personalmente me parece que ninguno de esos voceros —confío— aceptaría que se dijera que hay algaradas callejeras en España por la cosa de la kale borroka o que hay trampa porque ganó éste o aquel partido, o aún si España tiene derecho o no a esto o lo otro. Si algunos se pusieron como se pusieron cuando aquella propuesta de un eurodiputado que pretendía solicitar a la Eurocámara la prohibición de esa barbarie llamada la Fiesta de los Toros, no quiero imaginar qué sucedería con una intromisión en los asuntos españoles como la mitad de la que hacen nuestros opinadores. A lo mejor es que aspiran a progresar así, y ser llamados enseguida a la tele para iluminar con sus candelas las ignorantes mentes del populacho, o cobrar a un par de miles de euros el artículo; a lo mejor sí, y por eso defienden todo lo que venga de SM Obama y sus multinacionales, aplaudiendo un ataque —probablemente atómico— a Irán, que nos llenen de centrales nucleares y lo que sea que les convenga a EEUU, Israél y las multinacionales correspondientes

Irán merece el respeto de todos y cada uno de los países para hacer exactamente lo que le dé la gana, siempre que lo haga en su país. Tiene derecho a decidir su camino y elegir el puesto en la Historia al que quiera dirigirse, incluso matándose sus ciudadanos entre sí. Es su problema, no el problema de los demás. A los demás, sólo y únicamente nos toca respetar. Podemos mantener relaciones diplomáticas con ellos o no, que también tenemos nuestros derechos; pero de ninguna manera a inmiscuirnos en su devenir.

A los perversos poderes que nos dominan —EEUU y servidores—, les viene bien esto de Irán para mantener la política del pánico vigente, incrementar las ventas de armamento y hasta para perpetrar una degollina que entresaque parados de Harlem, el West End y barriadas por el estilo, consiguiendo en un ¡boom! que disminuya el desempleo como en un Plan E instantáneo.

Me llama poderosamente la atención que quienes defienden el sistema impuesto por los EEUU y sus servidores sean tan poco críticos con los guantanameros, quienes disponen de armamento nuclear para borrar parte de la Vía Láctea y aún quedarles reservas, acopian a tutiplén toda suerte de bichos de ésos que cuando se les escapa uno tenemos un SIDA o una pandemia cualquiera, y hasta disponen de armamento de cuarta generación capaz de producir terremotos, alterar el clima o cambiar la realidad política de cualquier país —y cualquier persona—, pues que juegan siempre a varias barajas y financian lo bueno como lo malo de cada país para poder obrar según les convenga. “Se negocia en voz baja y con un garrote en la mano”, que decía Roosevelt.

Irán tiene el derecho soberano de cualquier país a obrar como mejor le convenga; a hacer trampa en las elecciones, o no; a que la oposición se levante contra el poder instituido, o no; a creer en Jehová, Jesucristo, Alá o los mandingas, o en ninguno; a vestir yines, túnicas sagradas o burkas, o ir coritos; a desarrollar armamento nuclear, químico, bacteriológico, o a armarse con piedras; a que les guste Julio Iglesias, Mohamar Tinga o la de Los pajaritos, o ninguno; y, en fin, a proceder como les dé la gana. Eso sí, siempre dentro de sus fronteras y por igual respetando a los demás.

Las políticas de agresión y arrase no sólo no van a ninguna parte, sino que sólo siembran muerte y desolación ahora y en el futuro. No es el camino. Tal vez si EEUU, Israel y sus servidores se estuvieran quietecitos y aprendiera a respetar, no tendrían que escuchar lo que escuchan; pero, claro, a sus multinacionales no les iba a ir nada bien. Ahí, justo ahí, tienen el verdadero quid de la cuestión: dinero. Incluso los opinadores oficiales se mueven por lo mismo. Poderoso caballero.... Pero, ¡ojo!, que si atacara Israel y EEUU a Irán, los opinadores tendrán las manos manchadas de la misma sangre inocente, y mucho me temo que ya hay algún que otro ayatolá que ya se está rapando las barbas.

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