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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
El arte de amar


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
miércoles, 17 de junio de 2009, 06:48
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A una esquela le acompaña una cita de Martin Luther King, pastor bautista y defensor de los derechos humanos de los negros norteamericanos: “Hemos aprendido a nadar como los peces, a volar como los pájaros, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir y de amarnos como hermanos”. Desconozco el contexto de donde ha salido la cita que acompaña al anuncio de una defunción. Tal como aparece impresa nos dice que amarnos como hermanos es un sencillo arte de vivir que debe aprenderse. Con la Biblia abierta la cosa no es así de fácil.

Onésimo fue un esclavo que huyó de su dueño Filemón. En su huida llegó hasta Roma en donde se encontró con el apóstol Pablo que estaba encarcelado por causa de su fe. Fruto de este contacto, el esclavo fugitivo se convierte a Cristo. A Pablo le hubiera gustado que el siervo evadido se quedase con él porque le era útil. Pero no lo hace. Lo devuelve a su amo acompañado de una carta en donde entre otras cosas le dice a Filemón: “……para que le recibieses para siempre, no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor” (15,16).

Con la victoria de la Unión sobre los Confederados en la guerra civil norteamericana, los negros alcanzaron la libertad. Por un decreto del presidente Abraham Lincoln la gente de color dejó de ser esclava. Pero la libertad legal no les ha aportado hasta el presente igualdad con respecto a los blancos. Los negros siguen sufriendo mucha marginación, agravios diversos y múltiples injusticias debido al color de su piel, que persistirán aún cuando Barack Obama, el primer presidente negro de los Estados Unidos, gobierne.

Amarse como hermanos no es un “sencillo arte de vivir”, como dice el texto de Luther King. Cambiar el corazón tal como le ocurrió a Onésimo, el esclavo fugitivo, para que las relaciones con su amo fuesen las de un “hermano amado”, es imposible que el hombre lo consiga por más que se lo proponga. El siervo evadido no se convirtió a la religión cristiana. Si hubiese sido así, el apóstol no habría recomendado a su amigo Filemón que recibiese a Onésimo “no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado”. Onésimo se convirtió a Cristo porque reconoció su condición de pecador y, la sangre que Cristo vertió en la cruz del Gólgota le lavó todos sus pecados. Esta purificación espiritual cambió su corazón e hizo posible que la imposibilidad de tener buenas relaciones entre el esclavo y su dueño, se convirtiesen en las de un “hermano amado”.

Expresar poéticamente que tenemos que amarnos como hermanos suena muy bien y estimula los sentimientos. El sentimentalismo, pero, no nos capacita para amarnos como hermanos debido a que las tendencias del corazón no han cambiado. Además, las buenas intenciones de los sentimientos enardecido por un estímulo poético o de cualquier otra índoles humana, duran un santiamén. La conversión a Cristo es la única manera de poder empezar a amar a un enemigo como hermano. Aparentemente, conseguir este objetivo puede considerar-se el “sencillo arte de vivir y de amarnos como hermanos”al que nos invita la cita de Martin Luther King. Pero las apariencias nos engañan porque detrás de la espontaneidad de amar que se manifiesta en quien se ha convertido a Cristo se encuentra el elevado precio que Dios ha tenido que pagar para que los hombres puedan amarse como hermanos. De tal manera nos ha amado Dios que ha dado a su único Hijo a morir por aquellos que por sí solos no saben ni pueden amar.

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