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Otro Estado del bienestar

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 17 de junio de 2009, 04:41 h (CET)
Los animales en libertad tienen la maravillosa capacidad de subsistir por sí mismos en la naturaleza, reproducirse y cuidar de sus crías por el tiempo necesario hasta que adquieran las habilidades que les permitan su independencia. Pero si a estos mismos animales el hombre les facilita comida, bebida y espacio donde vivir, pierden las facultades que tenían en libertad y serán incapaces de sobrevivir si se deja de suministrarles tales ayudas. Su vida y desarrollo dependerán en todo del hombre que podrá eliminarlos cuando lo desee. El caso más corriente es el de los animales estabulados, destinados a engordar y ser sacrificados para suministrar carne o a producir leche, huevos o hígado para hacer paté.

En el caso de las personas también ocurre algo parecido cuando el cuidado de los hijos, en lugar de ser una preparación para llevar una vida libre y autosuficiente, se les facilita todas las comodidades posibles, sin exigirles ningún esfuerzo. Aunque parezca que al darle todo se los hace más libres, la realidad es que se les hace cada vez más esclavos de sí mismos. Si además la educación que se le ofrece por los medios públicos, refuerza la eliminación del esfuerzo, el mérito y la capacidad, tendremos una juventud estabulada, incapaz de enfrentarse con su propia vida, en una permanente adolescencia, matriculados largos años, pero sin estudiar de verdad ninguno.

Impulsar una sociedad de personas libres, capaces de hacerse cargo de su propia vida, no parece que sea un objetivo prioritario de nuestros políticos. Se pasan la vida voceando los nuevos derechos, que dicen van a concedernos en forma de prestaciones sociales o subvenciones, aborto, sexo irresponsable y píldora del día después, cuando lo que necesitamos es obtener las capacidades y habilidades que permitan a todos desarrollar iniciativas, organizar actividades o ampliar conocimientos.

El estado de bienestar será aquel que facilite el desarrollo integral de las personas para ser y hacer. No queremos vivir en un sistema en el que nuestra propia vida dependa de fuerzas incontrolables: del éxito o fracaso de lejanos financieros, de oscuras decisiones políticas difíciles de entender, de confusas, profusas y variadas leyes, de aparatos burocráticos inabarcables que deciden sobre nosotros o interfieren hasta en nuestras conciencias o de las decisiones judiciales, si no hay confianza en una justicia independiente

Hay demasiadas instancias políticas desde la administración local a la Comunidad Europea e incluso a la ONU, empeñados en organizar nuestras vidas o en eliminar las vidas de los más indefensos, cuando la primacía de todo corresponde a la sociedad civil. Los gobiernos, a cualquier nivel, no pueden sustituir a la sociedad sino hacer posible su propio desarrollo y solo cuando lo exija el bien común, suplirla excepcionalmente. Es el principio de subsidiariedad que hay que oponer a la tendencia expansiva del estado Leviatán.

Aunque haya elecciones cada cuatro años, si la sociedad civil resulta estar dependiente para todo del Estado, no podremos hablar de democracia sino de totalitarismo. No es cuestión de que ganen “los nuestros” sino de que ganemos nosotros, los ciudadanos.

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