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Reforma sanitaria en dirección contraria

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
sábado, 13 de junio de 2009, 22:41 h (CET)
Es difícil saber si la "reforma" sanitaria del Presidente Obama es ingenua, hipócrita o sencillamente deshonesta. Probablemente sea las tres cosas. El presidente sigue repitiendo que es imperativo controlar el despilfarro sanitario. Está en lo cierto. El problema es que lo que se está promoviendo como "reforma" de la sanidad es casi seguro que no eliminará el gasto, y de manera bastante plausible hará lo contrario.

Un nuevo informe del propio Consejo de Asesores Económicos de Obama demuestra por qué es tan importante controlar el gasto sanitario. Desde 1975, el gasto sanitario anual por persona, ajustado a la inflación, ha venido creciendo a un ritmo de 2,1 puntos porcentuales por encima del crecimiento económico per cápita. De prolongarse esta tendencia, el Consejo proyecta que:

-- El gasto sanitario, que abarcaba el 5% de la economía (producto interior bruto, PIB) en 1960 y se calcula casi en el 18% hoy, crecerá hasta el 34% del PIB hacia el año 2040 -- la tercera parte de la economía.

-- El gasto de Medicare y Medicaid, los programas públicos de protección sanitaria destinados a la tercera edad y los pobres, se elevará del 6% del PIB hoy hasta el 15% en el año 2040 -- equivalente a grandes rasgos a las tres cuartas partes del gasto federal actual.

-- Las pólizas privadas de protección destinadas a la cobertura familiar, que crecieron un 85% en términos ajustados a la inflación hasta los 11.941 dólares en el año 2006 desde 1996, se elevarán hasta los 25.000 dólares hacia el año 2025 y 45.000 dólares en el año 2040 (cifras todas "en dólares constantes de 2008”). El enorme coste obligará a las empresas a reducir el salario tras retenciones.

El mensaje de estas preocupantes cifras es que el descontrolado gasto sanitario va a determinar las prioridades nacionales sin necesidad de ayuda de ningún otro factor. Está reduciendo la renta individual de primera necesidad, subiendo los impuestos, ampliando el déficit presupuestario y asfixiando al resto de programas gubernamentales. Lo que es peor, gran parte del gasto médico está siendo desperdiciado, reza el informe del Consejo Económico. No mejora la salud de los estadounidenses; parte de la atención es innecesaria o ineficaz.

La respuesta de la administración Obama consiste en hablar incesantemente de contener el gasto sanitario -- "dominar la tendencia" es el término que circula -- como si bastase hablar. El presidente convocó a los gerentes de las principales organizaciones de servicios sanitarios que representan a médicos, hospitales, farmacéuticas y fabricantes de equipo médico en la Casa Blanca. Todos prometieron dominar la tendencia. No es más que relaciones públicas. ¿Alguien se cree que la Asociación Médica Norteamericana puede controlar a los 800.000 facultativos de la nación, o que la Asociación de Hospitales Americanos es capaz de controlar los 5.700 centros hospitalarios?

La principal causa del derroche sanitario está clara. Hospitales y facultativos son remunerados sobre todo siguiendo un modelo de minuta y son compensados por los seguros, ya sean públicos o privados. El sistema ampliable de remuneración anima a médicos y hospitales a proporcionar más servicios -- y a los pacientes a reclamarlos. También favorece las nuevas tecnologías médicas, que son rentabilizadas a base de un uso intensivo. Desafortunadamente, lo que satisface a pacientes y proveedores a título individual perjudica a la nación en conjunto.

Ese es el quid del dilema de la atención médica, y Obama no lo ha abordado. Su énfasis en el control de los gastos es cosmético. El principal objetivo de la "reforma" sanitaria que está siendo modelada hoy en el Congreso es proporcionar cobertura a la mayoría de los 46 millones de estadounidenses sin seguro. Esto es popular y parece moralmente obligado. Después de todo, casi nadie quiere estar sin seguro. Pero la cobertura adicional agrava el problema del gasto.

Hasta qué punto van a estar más sanos los que no están asegurados hoy mediante esa cobertura no está claro. Ya reciben atención médica -- por valor de 116.000 millones de dólares en el 2008, según estimaciones de Families USA, un grupo de presión. Parte es abonada por los propios ciudadanos sin seguro (el 37%), parte por el gobierno y las organizaciones de caridad (el 26%). La "atención médica no compensada" restante es asumida por médicos y hospitales o bien es desplazada a las pólizas de seguro privado. Parte de los que no tienen seguro se beneficiarán de la cobertura, pero otros no lo harán. Están sanos (el 40% tiene entre 18 y 34 años de edad) o bien van a recibir una atención ineficaz.

La única consecuencia segura de ampliar la cobertura médica es que va a disparar el gasto. Cuando la gente tiene seguro, utiliza más servicios sanitarios. Esa es la razón de que la propuesta de la campaña de Obama se estimara en 1,2 billones de dólares a lo largo de una década (la otra razón es que el gobierno federal asumirá parte de los gastos que ahora están pagando terceros). En realidad, la mayor demanda sanitaria elevará los gastos a todos los niveles, incrementando tanto el gasto público como las primas de seguro privado.

No hay ninguna duda de que el programa sanitario que modela el Congreso afrontará esta realidad incluyendo algunas provisiones pensadas para recortar gastos ("gastos agrupados" para hospitales, "directrices de uso de la mejor técnica," historiales informatizados). En el pasado, las medidas lanzadas a tientas apenas han tenido algún efecto sobre el gasto sanitario. Lo que hace falta es una remodelación fundamental del sector de la sanidad -- una "restructuración" drástica -- que remodele el sistema de remuneración por consulta y reduzca la atomización de la atención médica.

El lugar por donde empezar sería el caro Medicare, el mayor programa de protección médica de la nación que atiende a 45 millones de ancianos y minusválidos. Por supuesto será impopular, porque desbaratará los patrones de atención y las prácticas de reembolso. Es más fácil simular estar controlando el gasto sanitario al tiempo que se amplía la cobertura y el gasto. Los presidentes llevan décadas haciéndolo, y ese es el motivo de que la mayor parte de la industria sanitaria entienda la "reforma" como un chollo.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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