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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Judiadas

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 13 de junio de 2009, 22:30 h (CET)
A los maestros hay que leerlos porque sí y para aprender. Hoy he leído a Juan Manuel de Prada sobre el inmigrante que perdió el brazo y fue abandonado por sus patronos. Leo de vez en cuando al autor zamorano pero me prometo hacerlo con más frecuencia, hay que seguir aprendiendo siempre.

Querría atreverme a decir llanamente que lo que le han hecho al boliviano (vaya nombrecito que le pusieron al hombre, caramba) es una judiada, pero me da miedo que algún lector que llegue por primera vez a mi blog me llame cualquier disparate por no ser políticamente correcto, ¡con lo que se lleva lo políticamente correcto en esta casposa España de principios de siglo! ¿Judiada? Permítanme dar una vuelta al lenguaje y decir que eso fue una marranada y espero que el lector capte el doble valor de la palabra.

La marranada que conlleva el abandono de una persona es sólo comparable a la desvergüenza de quien lo practica. Si añadimos las circunstancias trágicas que concurren en el caso hay que concluir que los desvergonzados patronos tienen un morro que se lo pisan, por utilizar el lenguaje de patio de colegio que tan estúpidamente se extiende por nuestra avanzada, culta y progresista sociedad. A veces, cuando ando deprimido pienso que la ofensa a la dignidad humana debería ser juzgada con la ley del Talión y que estos panaderos tan crueles deberían sentir sobre sus inmorales ánimas lo que los ciudadanos de bien pensamos sobre ellos.

Hijos de puta han existido siempre, pero a veces, quizá también cuando me deprimo, pienso que cada día abundan más. Hemos construido una España nueva, con valores morales nuevos, con criterios éticos diferentes… pero al final todo termina en el mismo sitio en el que solía. El poderoso vive del sudor y de la sangre del débil y cuando no le interesa le abandona en una gasolinera o en las puertas de un hospital. Para este viaje no nos hacían falta las alforjas en las que cada cuatro años embutimos nuestro voto, puesto que no conseguimos cambiar nuestra sociedad ni nuestros valores cívicos. Sin embargo no tenemos otro método de conseguir la evolución social… si es que la sociedad evoluciona. Si es que evoluciona en el sentido correcto.

Por cierto, si es verdad que este inmigrante era irregular, si es verdad que trabajaba 12 horas diarias, si es verdad que por ellas cobraba 700 euros, si es verdad que su caso no era el único en esta fábrica… ¿dónde andaban los inspectores laborales?

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