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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Adolescentes azarosos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 13 de junio de 2009, 22:24 h (CET)
Cada edad imbuye a las personas unas características diferenciales. Ocurre así con la niñez, la adolescencia o la senectud. Los ciclos de la naturaleza son reiterativos, los hay de resurgimiento anual y de otros plazos; el otoño o la primavera renuevan su magia fieles a la cita. Si todas las edades del hombre se abren a nuevos descubrimientos, en la adolescencia resultará crucial el grado de asimilación de los mismos, como la consolidación de las tendencias en cada sujeto. Se produce un AJUSTE en toda regla. Desde lo mamado en la mayor intimidad, a las influencias sociales; los brotes y los frenazos están en pleno ejercicio. No hay exclusividad, novedades las hay en cada época, fracasos y satisfacciones se reparten; cada persona con sus registros peculiares. Enlace importante este, que transporta al niño hacia la vida de adultos.

Aunque los inesperados empellones son la regla a la hora de afrontar las experiencias vitales; lo son más para cada interesado en su diario quehacer, que para la sociedad curtida en verdaderas series históricas de vivencias parecidas. No es nuevo todo lo que aparenta. Se repiten las experiencias. ¿En parte? ¿Idénticas? El genial Fedor Dostoiewski nos muestra alguna de estas cosas en su obra “El Adolescente”. Su prosa densa acompaña las vicisitudes de su protagonista adolescente Dolgoruki; representa un buen reflejo de lo que mencioné, sorpresas, dificultades y hallazgos. Una compleja RED de CONEXIONES tendentes al infinito, evidentes alguna vez; subyacentes y escondidas, oportunas o impertinentes, en otras muchas ocasiones.

¡Tan impresionado! se quedó Dorlgorski por lo acontecido, SUS acontecimientos, que eso le motivó para su relato. Siempre nuevo y a la vez repetido enfrentamiento con la vida. Con ese rumbo, irá desgranando aquello que merecía su fijación, Como un apartado básico y lamentable, citaba la presencia de los seres DESGRACIADOS, “trabajados a fondo” por los infortunios; no se les ven opciones, sólo les vienen las mal dadas. ¿Qué tipo de designio será este? Colocando también en su cercanía a quienes define como INACABADOS, “dispersos”, de los que muy poco se puede sacar de fundamento. No se trata de un desacarrilamiento ocasional, son esa clase de individuos situados fuera de todo carril. Si observamos un poco, se agranda el muestrario, pronto se detecta todo eso.

Nos suena muy próximo el ECO de ambientes y gentes muy parecidos a esos con que se encuentra el adolescente; el tiempo parece a veces detenido, son situaciones verosímiles en la actualidad. También entonces les llamaba la atención que las buenas reflexiones o las IDEAS morales sonaban a trasnochadas, de otra época; ninguna novedad para estas comarcas occidentales. Tampoco disponían de todo el surtido actual de éticas; ahora se apunta uno a la ética más conveniente y va tapando agujeros descarados. ¿Alguna vez hubo excedentes de buenas ideas morales? Si además pretendemos buena disposición y sensibilidades afinadas, el panorama se ensombrece. Abundan las ideas falsas, prejuicios y mero parloteo; en esa alforja hay muchas sobras, hojarasca inútil y volandera. Dostoiewski introduce el debate con los ateos, apenas encontró “ateos-hombre”, cabales, sabiendo lo que se dicen; en cambio, se cruzó con muchos “ateos-embrolladores”, INCORDIONES y desmadejados. Pienso en algo similar respecto a creyentes de distintos credos. Ni antes ni ahora, les va a resultar sencillas esas búsquedas a los adolescentes. ¿Ideas? ¿Sensibilidad? Ahora pujan otras tendencias, otros rumbos; observando la estatua “El Pensador”, la interpretan como un monumento al dolor de cabeza. Son ecos y evidencias.

El inconformismo es característico de la juventud, aunque no es exclusivo y puede mostrarse de muy variadas maneras. La falta de experiencia contribuye a su espontaneidad, modelada por la inmadurez de sus actitudes y conocimientos. Conjunto de circunstancias que aboca a un GRADO de DISPERSIÓN en las respuestas, como la citada en la novela. Dolgoroski afronta las “excentricidades” propias de un inexperto; rayanas con miserias tenebrosas o ínfulas de unas grandezas no comprobadas. ¿Quién no estuvo ligado a excentricidades de algún tipo? En sus extremos estrambóticos llegan a ser locura o delirios, de lo que sea, amor, ideal, poder. Con la fogosidad y el ímpetu, se acumulan las salidas de tono, en el cerebro se forman auténticos remolinos, se mezclan proyectos, “atravesando tumultuosamente” el pensamiento de esos jóvenes. Llevados de esa falta de asiento, con su organización mental aún en precario, no serán extraños los comportamientos disparatados que lleguen a ser muy inconvenientes. Pero no conviene exagerar ni una pizca en cuanto a la edad y esas conductas, los adultos aportan a menudo, graves y notorias, “personificaciones de la inconveniencia”. La dispersión se convierte en consecuencia lógica. ¿Cómo se afrontará?

Me hizo gracia una de las expresiones con la que el joven y su padre trataban sobre la gente próxima a ellos, “están por debajo de toda crítica”, sujetos metidos en el comercio, políticos y vividores. No veían posible acceder a ellos con la razón crítica, eran seres romos, sin aristas descollantes; en esas bajuras no detectan ni la labor crítica. Me reía por el contraste, ahora más evidente con lo que vivimos en el siglo XXI. Entonces, los críticos no se molestaban en descender sobre los insignificantes; ahora es justo al revés, los aventureros y apoltronados, suben muy por encima de posibles reconvenciones. ¡Qué cambios! Así, entre tumultos e impotencias para resolverlos, la inseguridad se impone en demasiados terrenos, se escapan demasiadas cosas importantes de las manos. Se va dando cuenta nuestro protagonista de que son más los desconocimientos que los saberes contrastados. Además, vistos los despropósitos que se van destapando, se llega a una valoración consecuente, es buena la convivencia con una buena dosis de MISTERIO, hasta reconforta. O, si no lo estimamos así, al menos habremos de acostumbrarnos a su presencia constante; forma parte de las personas. Sin crítica y con misterios, entramos en una zona de claroscuros, apasionante y amenazadora.

Se va tejiendo la estructura personal de un individuo en ese comienzo de su vida social. ¿Hata dónde alcanza la influencia de los antecedentes? Hijo de madre soltera, hermanos de madres distintas, otros insospechados, viviendo con la que no era su madre, con otros lazos familiares aún más imprecisos; una agrupación de caracteres que no contribuye ni a la serenidad ni al conocimiento de las circunstancias. Dostoiewski lo refiere como FAMILIA AZAROSA, uno “se ve obligado a adivinar demasiado”. En toda la obra planea la idea que se forja de la vida un adolescente con semejantes compañías. Por fuerza de la edad, se trata de una obra inacabada, de una IDEA PERSEVERANTE que bulle en su interior durante el trayecto recorrido. Incluso se detiene a considerar si habrá cabida para la risa franca, ¿Es posible la alegría? En ese camino particular hacia su Ítaca, es necesaria la perspicacia y el buen tino para encontrar los apoyos suficientes. La terquedad vitalista se orienta en esa dirección. Con ella no se terminan los azares, continuan y se amplían, pero solemos formularnos una pregunta al final de esas inquietudes, ¿Dónde va el que no busca su Ítaca?

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