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La diferencia entre acusar o ser acusado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 13 de junio de 2009, 08:26 h (CET)
En política, como en todas las cosas de la vida, uno ha de ser coherente con sus actos y mantener una línea en consonancia con sus principios, sean estos religiosos, morales o políticos. Porque, es evidente que si se quiere andar por la vida de justo, honrado y respetado lo que no se puede hacer es tener una vara de medir para lo que a uno le conviene y otra de distinta dimensión para lo que no le favorece. No obstante, no cabe ninguna duda de que los hay que todavía parece que no se han enterado de algo tan obvio y sencillo y, bajo una apariencia de honestidad y respetabilidad, se muestran muy exigentes con aquellos con lo que no comulgan y, por el contrario, extreman la suavidad, laxitud y comprensión para los que sí son santos de su devoción aunque, en otros aspectos, se les pueda considerar más bien gente de poco afección por la religión, especialmente, si ésta es la católica y romana.

En ocasiones deberemos reconocer que, el Destino, y lo califico así para que no me califiquen de papista al definirlo como Providencia, se pone de parte de aquellos que se han visto vejados, ofendidos o perseguidos por otros que, con argumentos o sin, han pretendido perjudicarlos, practicando el método tan conocido de “tú calumnia que siempre algo queda”; como ha ocurrido con los señores del PSOE, que recurrieron a los servicios de espías, engrasaron a otros para que soltaran el trapo, se pusieron en connivencia con determinados magistrados y contribuyeron a darle marcha a su máquina de propaganda, encabezada por el siempre obsequioso periódico El País y seguida de cerca por el señor Gabilondo de la SER, gran amigo de ZP, y de toda la troupe de TV’s que les hacen de coro. El objetivo: declarar la guerra de las denuncias contra determinados sectores especialmente destacados por su resistencia a ser batidos por las huestes de ZP. Primero, en Madrid, para intentar socavar el prestigio de Esperanza Aguirre, que resultó ser mucha Esperanza para que la pudieran derribar con aquel supuesto “espionaje”; luego ya bajaron de categoría y denunciaron a unos presuntos corruptos, de estos que en todos los partidos existen, pero que resultan una verdadera mina a explotar, cuando se quieren ganar las elecciones y poner en un brete al adversario político.

Luego, lo han intentado con el señor Camps, que les adelanto no es santo de mi devoción, pero, con la misma claridad he de decir que: acusar de corrupción a un señor porque un sujeto le ha regalado media docena de trajes me parece, si no una majadería, al menos algo ridículo, cuando estamos acostumbrados y, recientemente lo hemos podido comprobar, que cualquier alcalducho de pueblo, tanto del PP como del PSOE, se embolsa mil millones y se queda tan tranquilo. ¡Esto son corrupciones y no unos pocos trapitos para presumir! En todo caso, hemos podido ver como los españoles han madurado bastante y han sabido discernir lo que ha sido el comportamiento profesional, tanto de Aguirre como de Camps, de acusaciones claramente inspiradas en la mala fe y deseo de descalificar al adversario. Y puestos a denunciar el juego sucio, le podemos cargar en el debe de la señora Pajín, lo de los vídeos contra el PP. Si alguien hubiera querido perpetrar una horterada de semejante calibre, difícilmente hubiéramos podido hallas a una persona con menos méritos, con menos preparación, peor informada y más sectaria que esta damisela que ocupa el tercer lugar en el escalafón del PSOE. Le ha salido mal y veremos si, estas elecciones, le cuestan el puesto o, Zapatero, como en él es habitual, la mantiene para que los otros, me refiero al el resto de partidos, no le puedan señalar con el dedo por haber confiado una campaña electoral a quien no está a la altura de las circunstancias.

Pero como la rueda de la fortuna, esta diosa alegórica de los romanos que tenía la facultad de distribuir, a su libre albedrío, el bien y el mal; en este caso ha querido equilibrar la balanza de la Justicia y, miren ustedes, ha ocurrido aquello de “donde las dan las toman” y, hete aquí, que el recién trasladado al Gobierno, señor Manolo Chávez, antes el gran chamán de Andalucia, se encuentra con un “marrón” para el que no estaba preparado ya que, en su tierra, en Andalucía, no había quien le tosiera ni se atreviese a contradecirle, pero ha sido salir de allí y empezarle a llover los problemas. En primer lugar, nadie sabe lo que pinta de vicepresidente tercero y ahora, para más INRI, le explota en pleno rostro lo de los 10 millones de euros, cedidos a la empresa MATSA. Ha intentado escurrir el bulto, pero los datos son tan evidentes, tan palpable el clientelismo y tan absurdas sus disculpas, impropias de un doctor en derecho; que no hay nadie en España, salvo la incombustible vice de la Vogue que, la pobre, ha tenido que sacar fuerzas de flaqueza ( y no es una alusión a su anoréxica figura) para esforzarse en defender con su típico “rigor” que a veces en su boca nos evoca el “rigor mortis” al tener que defender semejantes cadáveres políticos que es en lo que se ha convertido, después de este affaire, el señor Chávez.

Porque no es sólo que les haya soltado, el dice que “autorizado”, más de 1.600 millones de pesetas para que hagan boca; sino que, anteriormente, había colocado a todos su hermanos e hizo y deshizo todo lo que quiso como presidente de la Junta de Andalucía. Algún día es posible que salgan a la luz todas las “hazañas” de este señor, que tantas demostraciones ha querido hacer de “honorabilidad”, de “escrupuloso cumplimiento de la ley” etc. Pero todos sabemos que su hija no era una empleada cualquiera de la empresa, vaya no era una “currante”, porque era apoderada de la misma; todos sabemos también que el ministerio de Industria no había autorizado dicha operación y todos sabemos igualmente que, la primera cantidad que se pedía eran siete millones y él, si no quién, fue el que consiguió que fueran diez. Los populares dicen que lo llevarán a los tribunales por “prevaricación, nepotismo y tráfico de influencias” y yo añadiría por sobrado y prepotente, actuando como un verdadero cacique, uno de aquellos “señoritos andaluces” que los socialistas siempre han denostado, sin darse cuenta de que tenían en sus filas un ejemplar de ellos de primera línea.

Se queja, don Manuel, de que el PP ha querido tirarle encima “la basura, las inmundicias y las insidias”, pero yo le recomendaría que mirase hacia atrás, retrocediese unos días y observase lo que hicieron los de su partido con determinados cargos del PP, entre ellos el señor Mayor Oreja. Es natural que a nadie le apetezca pasar por un trago semejante, pero que no diga que el PP se escuda en las noticias de El Mundo cuando ellos han utilizado El País para desgranar el sumario, ¡señores, un documento secreto!, día a dia, publicando todos los detalles en el periódico, sin que nadie haya podido lograr que el señor Garzón hiciera lo preciso para que no se rompiera el secreto sumarial. ¿Cómo calificaría nuestro docto señor Chávez semejante irregularidad? No nos hemos enterado de que protestase contra una demostración tan grande de indefensión para los presuntos acusados del PP. Pero ahora, que cata un poco de su propia medicina, le sabe amarga y se queja. No señores del PSOE ahora les toca encajar a ustedes. ¡Ah! Se me olvidaba, ¿ustedes sabían que la señora ministra de Igualdad es nada más y nada menos que la ahijada del señor Manuel Chávez?, pues lo es. Ahora nos explicamos algunos como ha sido posible que semejante persona haya conseguido pasar de enseñar baile flamenco a ser ministra y, por si fuera poco, que comete faltas de concordancia.

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