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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Penitencia del PNV

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
sábado, 13 de junio de 2009, 08:23 h (CET)
El histórico Partido Nacionalista Vasco nada tiene que ver con aquel que muchos estudiábamos en nuestros años de juventud. Ha pasado de ser admirado a ser sospechoso en muchas de sus actuaciones. Poco a poco van surgiendo pruebas contundentes de lo que muchos hemos denunciado durante años.

El PNV debe su imagen a la existencia de ETA y su entorno. Sin la violencia callejera y sin la existencia etarra, el Partido Nacionalista Vasco y su altavoz callejero quedarían relegados a lo que en otras comunidades autónomas son los partidos minoritarios o testimoniales.

No olvidemos que siempre ha permanecido cercano al mundo abertzale, unas veces por miedo, otras por interés y otras porque el partido que tanto tiempo gobernó en el País Vasco hacía muchos años que había perdido el norte para gobernar. Se apoyaba en ETA, porque le permitía recoger las nueces que necesitaba para seguir en el poder.

Siempre hemos defendido que debería existir algún mecanismo que contemplara la posibilidad de que algunas comunidades autónomas devolvieran las competencias que no supieran gestionar. De haberse contemplado esa posibilidad, el País Vasco hace tiempo que hubiera perdido las competencias propias de Interior. Y casi seguro, alguna más, por desidia, abandono y reiterada incompetencia. Ahí está una prueba más con las declaraciones de dos miembros de la policía autónoma vasca. “Hay bastantes altos mandos que están en la órbita del PNV. Ellos son sus jefes y señores, y habrá que mirar con lupa a mucha gente””

“Había órdenes para no actuar contra ETA y su entorno”, según han declarado. Pero no hacía falta que alguien hiciera una declaración de este tipo. En unos casos por sospecha y, en otros, por exhaustivo conocimiento latía una clara sospecha. Era explicable desde el momento en que Fundaciones como “Gregorio Ordóñez” apenas recibían subvenciones, mientras que el Gobierno del PNV ‘volcaba’ cantidades espeluznantes en las familias etarras, destinadas a viajes a las cárceles y a pagos varios. El colmo de los hechos pasaba por considerar víctimas del terrorismo a los familiares de los terroristas. El mundo al revés.

La policía autónoma vasca ha trabajado “con las manos atadas”, como manifiestan algunos de sus miembros. Y no solo eso, sino que había miedo a hablar. Era algo así como salir a la calle y esperar a que uno recibiera un disparo o fuera alcanzado por una bomba. Repetimos: “había órdenes para no actuar contra ETA y su entorno”. Hoy ya no hay duda: el PNV tenía miedo a abandonar el poder, porque sabía que paulatinamente irían saliendo a la luz sus fechorías y sus vergüenzas. En este sentido son perfectamente entendibles las declaraciones de Ibarreche, Arzalluz e Iñigo Urkullu.

El PNV tiene buena memoria; es consciente del daño que ha hecho al País Vasco. Solía decir John Osborne que “el que tiene mala memoria se ahorra muchos remordimientos”. Mucho es el trabajo que le espera a Pachi López en ese sentido; máxime, sabiendo que la policía vasca actuaba como esclava del PNV y como consentidora de la banda. Pero dentro de la policía también hay sensatez. Y eso es lo que han dado a entender los dos ertzainas que han denunciado las tropelías del PNV y su favorecimiento a la banda asesina en detrimento del pueblo vasco.

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