|
Amor de progenitor/a
Ángel Sáez
A Chelo (el nombre es apócrifo, por supuesto), a quien no debería amar con la calidad y en la cantidad que lo hago (mas, en puridad, ¿acaso se puede amar de otra forma que no sea auténtica, devota e íntegramente? —mi corazón, por mucho que le diga y hasta ordene hacer mi cerebro, parece ir a su bola, por libre—), porque ella, por sus circunstancias, no está en condiciones de poder pagarme con la misma moneda, quiero decir, corresponderme en la misma medida; por esta razón de peso, porque recientemente ha perdido a uno de sus progenitores, (man)dándole mi más sentido y sincero pésame.
No dejamos de ser niños Cuando llegamos a adultos. La infancia, lectores cultos, Fina cuando sin cariños Nos quedamos y sin guiños Del padre o la madre muerta, Que, pendiente de la puerta, Jamás conciliaba el sueño Hasta que en casa el pequeño Ponía el pie, tras la vuelta.
|