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Etiquetas:   Filosofía   Literatura   -   Sección:   Opinión

Desaparecer

No saber reflexionar tranquilo en una habitación durante un tiempo, es una de las desgracias de los hombres
José Manuel López García
martes, 24 de mayo de 2016, 00:31 h (CET)
El libro de David Le Breton titulado Desaparecer de sí.Una tentación contemporánea que ha sido publicado por Siruela en 2016 es una interesante obra antropológica y filosófica. Su autor es sociólogo, y profesor de la Universidad de Estrasburgo. Las reflexiones de Le Breton analizan lo cotidiano con gran lucidez y precisión, y también comenta aspectos de algunas creaciones literarias que son clarificadores para dar más profundidad y matices a sus observaciones.

La lectura del índice ya proporciona una idea aproximada de los temas que trata Le Breton a lo largo de las páginas del libro: Difíciles identidades contemporáneas, dejar de ser una persona, maneras discretas de desaparecer, formas de desaparición en la adolescencia, Alzhéimer: desaparecer de su existencia, desaparecer si dejar dirección, uno mismo como ficciones, etc.

La realidad que aparece descrita es la propia de un mundo acelerado y frenético. En el que las exigencias de eficiencia o productividad, y las responsabilidades parece que son lo esencial. No extraña que llegue a escribir Le Breton acerca de que existen «Tentaciones múltiples para desaparecer de las obligaciones de una identidad que a veces agota». Aunque la cuestión se puede enfocar desde la perspectiva pascaliana. En efecto, es verdad que no saber reflexionar tranquilo en una habitación durante un tiempo, es una de las desgracias de los hombres.

El elogio de la lentitud es otro de los movimientos que expresa esa negación de algunos hombres y mujeres, respecto a una existencia que se vive de un modo cada vez más superficial. Es el consumo del tiempo y de las sensaciones, pero de una forma excesivamente rápida.

De las consideraciones y análisis de Le Breton parece deducirse un cierto desencanto ante la civilización occidental. Parece que la necesidad de desconectarse, por parte del hombre, está motivada por la complejidad de los entramados sociales y laborales, y por la intrincada trama de las responsabilidades y las ocupaciones. No se puede controlar todo, y por eso aparece la necesidad de ausencia.

Se comprende, perfectamente, que Le Breton escriba «El sueño es un refugio por dejar de estar ahí, protegiendo de la implicación en un mundo que se percibe como demasiado áspero».Y esto sucede porque la vida de las personas está, en general, demasiado fragmentada y atomizada. Vivimos en la dispersión generalizada, y no por culpa de los propios individuos. Es por el propio funcionamiento de la sociedad de masas. Los méritos de los sujetos están infravalorados, ya que estamos en la sociedad del espectáculo y del sensacionalismo.

Y, si a esto se añade el efecto negativo de la tecnoadicción, que ya empieza a verse en la realidad social, se puede pensar en el aislamiento y la cosificación como uno de los grandes peligros de la era digital. Algo señalado también por Le Breton «Lo virtual ejerce un efecto narcótico respecto a un vínculo social que se fundamenta en los contactos, y libera del cuerpo y de todas las responsabilidades ligadas a su estatuto singular de persona, creando un mundo por sí solo, con sus propias reglas». Con prudencia se pueden solucionar este tipo de problemas. De todos modos, pienso que la capacidad creativa y reflexiva de cada ser humano es la base de una existencia más intensa, libre, gratificante y plena. Y las tecnologías de la información y lo digital son el presente y el futuro para nuestra especie.
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