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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Madrid y los curas rojos

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 12 de junio de 2009, 02:12 h (CET)
Leo en El Mundo Digital: "El Foro de Curas de la Diócesis de Madrid, formado por alrededor de 120 párrocos, la mayoría de barrio, han denunciado, en un documento de 40 páginas, "el silencio clamoroso" de los obispos respecto a la crisis y han anunciado que destinarán el 5% de su sueldo de todo el año a los pobres.

Estos párrocos han pedido a la Iglesia "más solidaridad" con los pobres y
que la Iglesia mantenga la misma intensidad de oposición a la pobreza que la
que muestra contra el aborto."
Anclado en mi vida cotidiana de mi capital de provincias desconozco quiénes
son estos curas, aunque es fácil imaginárselos implicados en los barrios más
pobres y atrasados de Madrid, allí donde hay más miseria que ratas y más
hambre que bocas. La noticia afirma que entre ellos están quienes formaban
parte de la conocida parroquia roja de Entrevías y daban de comulgar con
rosquillas. Hasta José Bono comulgó, imagino que muy devota y
convencidamente.
Este atrasado, cavernícola, crédulo católico que firma esta columna piensa
que en esencia tienen razón estos curas progres. Éstos si son progresistas
de verdad, metidos hasta el cuello en los problemas sociales de sus
respectivos barrios, y no los artistas de las "zejas" que tras manifestarse
a favor de Zapa vuelven a sus jacuzzis, a sus BMW y sus apartamentos de 300
metros cuadrados. Progres como estos curas hacen falta unos pocos en cada
ciudad. Reconozco que me vendría bien que me echaran unos cuantos todos los
días a ver si consiguen arrastrarme con su ejemplo. Conste que estoy
dispuesto a dejarme.
Salvo en la chorrada esa de las rosquillas, a veces hacemos símbolos
heroicos de solemnes chorradas encastillándonos en ellas como si fueran la
última frontera, esa línea que no estamos dispuestos a traspasar, estoy de
acuerdo con esa postura enunciada más arriba. Lo más simple, lo más
elemental que se puede pedir a la Iglesia es que hable del pecado nefando de
quienes se han enriquecido con esta crisis; lo menos que se puede pedir a la
Iglesia es que salga en manifestación por la Carrera de San Jerónimo para
exigir trabajo para los padres de familia.

Lo menos que se le puede pedir a la Iglesia es que haga como Jesucristo,
vivir para los más pobres. Y si pueden dejar ese tono melifluo de sus
discursos, mejor. Los seminarios no pasarían por la lamentable situación
actual. ¿Dónde quedan todos los pecados ante la situación desesperada de
quien no pude pagar una hipoteca, de quien vive en situación ilegal para
poder trabajar en España, dónde quedan los mandamientos cuando no puedes
comprar las medicinas que necesitan tus hijos? Ahí se echa de menos la voz
enérgica, decidida y sin contemplaciones de los obispos, la misma voz, la
misma decisión y la misma energía que para el aborto. Pecado por pecado es
mucho más grave el del abandono a su suerte de cientos de trabajadores.

Otro gallo le cantaría a la Iglesia si además de defender el aborto con la
firmeza que lo hace, aparte de condenar a los curas pederastas, pedir perdón
y pagar las indemnizaciones correspondientes, se subiera a los púlpitos a
demandar a los poderosos que renunciaran a sus moquetas, a sus despachos
amueblados a la última, a sus trajes de miles de euros y a sus colegios de
pago para sus hijos. ¿Quién dijo aquello de que la Iglesia cuanto más pobre,
más cerca está de Dios? Y si la propia Iglesia diera ejemplo, miel sobre
hojuelas.
Y sí, sé muy bien, conozco suficientemente la labor social de la Iglesia. Importante, fundamental, imprescindible. Pero no estoy hablando de Caridad,
virtud teologal; hablo de Justicia, virtud cardinal. No hablo de dar
limosna; hablo de dar trabajo.
Pedirle a la Iglesia que "mantenga la misma intensidad de oposición a la
pobreza que la que muestra contra el aborto" es de una elemental prudencia.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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