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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La batalla de la Sanidad que se está cociendo

David S. Broder
David S. Broder
jueves, 11 de junio de 2009, 02:39 h (CET)
Mientras los titulares hablan de un “enfrentamiento” a cuenta de la confirmación de la juez Sonia Sotomayor al Tribunal Supremo que podría no desarrollarse nunca, una batalla mucho mayor está a punto de estallar motivada por la principal prioridad nacional del Presidente Obama, la sanidad.

Sotomayor está a un mero trámite de obtener la aprobación para ocupar el estrado, pero nadie puede decir nada seguro de la forma que cobrará la reforma sustancial prometida de la sanidad -- o si será aprobada o no. Enseguida lo vamos a descubrir.

El secretario de la mayoría en la Cámara Steny Hoyer anunciaba la pasada semana que el objetivo de los Demócratas es que tanto la ley de control del clima-gasto energético como la reforma de la sanidad hayan superado la Cámara antes de que comience el receso del verano del 7 de agosto.

Es un calendario increíblemente ambicioso. La propuesta de ley energética ha superado por lo menos su comité de origen y se facilita para su examen desde hace varias semanas. Pero a fecha de hoy no hay ley sanitaria y es casi imposible imaginar que una legislación que reestructurará la sexta parte de la economía estadounidense y alterará la relación entre pacientes, médicos, hospitales, aseguradoras y empresas vaya a ser modelada y aprobada en cuestión de dos meses.

Pero Hoyer decía que el personal de los tres comités de la Cámara que comparten la jurisdicción en asuntos sanitarios llevan trabajando en el proyecto meses. Y observa que Obama está impaciente por explotar su actual popularidad para dar impulso al asunto.

Los grupos de interés de todas las franjas de este enfrentamiento se están tomando en serio el calendario acelerado. El pasado jueves, un grupo que se denomina Conservadores por los Derechos del Paciente empezaba a emitir una campaña de anuncios en la televisión por cable por valor de 1,2 millones de dólares, advirtiendo de que "algunos dentro del Congreso" aspiran a tener "un gigantesco plan público de protección sanitaria" que colocará al gobierno "al control de su salud.”

Este fin de semana, un vástago del Comité Nacional Demócrata llamado Organización para América, patrocinará una reunión local encaminada a fomentar el apoyo civil al plan Obama aún por rematar

Dado que el Congreso viene aprobando una ley tras otra de la lista de objetivos de Obama y dado que los Demócratas disponen de mayorías abrumadoras tanto en el Congreso como en el Senado, algunos pueden pensar que podría no tener lugar una repetición del fiasco de 1993-94, cuando Bill y Hillary Clinton vieron frustrados sin esperanzas sus esfuerzos de reforma sanitaria.

Los iniciados tienen otra opinión. La pasada semana, fui a visitar a cuatro altos funcionarios de la Coalición Nacional de Atención Sanitaria, quizá el consorcio más amplio en el terreno, que abarca colectivos laborales, religiosos, profesionales y médicos y un compendio superficial de empresas. Ha defendido desde hace tiempo el tipo de reforma integral de la sanidad que Obama pretende lograr.

Estos defensores aplauden los esfuerzos de la administración por implicar en sus conversaciones a los jugadores de la industria aseguradora, hospitalaria y farmacéutica -- y la disposición de esos colectivos a "permanecer en la mesa de negociación.”

Pero una vez que haya una legislación concreta, dicen, cada uno de estos colectivos empezará a negociar a mala cara para proteger sus propios intereses. Y algunos de ellos -- los hospitales, por ejemplo -- tienen verdadero peso entre los congresistas.

Por otra parte, precisan, las mayorías Demócratas se fragmentarán casi seguro a causa de las provisiones de cualquier plan sanitario. Muchos Demócratas están frustrados a causa de que Obama ha descartado un enfoque de fondo común estilo Medicare universal, y están insistiendo en que haya un plan público integral en el menú para aquellos que reciben protección sanitaria por primera vez.

Pero la semana pasada, los "Blue Dogs," el Comité de Demócratas conservadores de la Cámara, manifestaba su oposición a cualquier plan público a menos que las aseguradoras privadas no ofrezcan las opciones que necesitan los que carecen de seguro en la actualidad.

Los Blue Dogs tienen 51 representantes y según algunos cálculos, Obama necesitará los votos de las dos terceras partes de ellos para aprobar una ley en la Cámara que no cuente con el apoyo Republicano. Y hasta el momento, el acercamiento al Partido Republicano ha sido escaso.

Para ganarse a los Blue Dog y a todos los Republicanos que pueda, Obama tendrá que convencerles de que sus medidas de recorte del gasto son realistas. Pero el juez de eso será la independiente Oficina Presupuestaria del Congreso, que históricamente ha visto con escepticismo las afirmaciones de ahorro a largo plazo fruto de cualquier cambio en el sistema sanitario.

Obama tendrá que llevar sólo gran parte de la promoción -- si los sucesos externos no se imponen, como hicieron con Clinton. El Presidente ha manifestado su disposición a negociar, apuntando, por ejemplo, que ahora consideraría fiscalizar parte de las prestaciones pagadas por las empresas, un enfoque que él denunció cuando John McCain manifestó su apoyo durante la campaña electoral.

Pero se va a necesitar mucho más para ganar lo que promete ser una lucha épica.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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