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Etiquetas:   Algo más que palabras  

Educación universal y universalista

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 11 de junio de 2009, 02:38 h (CET)
Detrás de todas las crisis que vive el mundo se encuentra un déficit que no es el económico, sino la falta de ética en una cultura que se ha globalizado al margen de las normas naturales. Imperan las ideologías impuestas que no hacen valer, valores tan fundamentales como la dignidad humana. Todo ser humano merece una educación intensiva y extensiva, sin adoctrinamientos, cimentada sobre el nervio irrenunciable de la ley moral natural. En un momento en el que nos desbordan las preocupaciones ante los gérmenes de tantos peligros contra la vida humana, urge redescubrir aquello que la naturaleza nos une y, bajo esta sabiduría innata, establecer los diálogos. A Europa le ha perdido la competitividad, el excesivo poder sin moralidad de control alguno, el que cada país en vez de apostar por un proyecto realmente europeísta común, no mire más allá de sus propias fronteras. La gobernanza global exige tantos programas educativos globales para formar generaciones mundializadas como poderes sustentados en una ética universal. ¿Qué pasará con aquellos jóvenes cuya conciencia haya sido formada para competir nada más, lejos de conceptos tan básicos como puede ser la verdad, el amor, la libertad…? ¿Qué capacidad de discernimiento van a tener en un futuro para poder discernir los gobiernos corruptos de los éticos? Las inversiones en favor de las deontologías tienen que ganar fuerza si queremos realmente salir de las vicisitudes que nos golpean y agolpan a todos.

Todo el mundo habla, todo el mundo dice que debemos mejorar los sistemas educativos. En España, por ejemplo, el Tribunal Supremo acaba de pronunciarse a raíz de la controvertida materia de “educación para la ciudadanía”, prohibiendo el adoctrinamiento. El mero hecho que el poder judicial haya tenido que pronunciarse al respecto, nos indica que hemos avanzado muy poco en el espíritu democrático, sobre todo en el del sentido común. En cualquier caso, ¿qué educación estamos impartiendo, si niños y adolescentes españoles, levantan la mano a sus progenitores como si fuese algo normal? No debemos olvidar que, al menos en quince países de Europa, el suicidio es la principal causa de muerte de los jóvenes. ¿Qué formación ofrecemos para no ilusionar a la juventud? Qué decir, igualmente, de esos otros mundos, a los que hemos globalizado también, que todavía no han logrado la enseñanza primaria universal. Las noticias sobre la violencia juvenil y las muertes en occidente son realidades que exigen una emergencia educativa. Hay que injertar en el arbolado joven de todo el planetario una educación moral que globalice, dejarse de partidismos y universalizar abecedarios educadores y educativos. “El futuro pertenece a la nación que mejor eduque a sus ciudadanos”, proclamó no hace mucho Obama. En cualquier caso, pienso que falta en el mundo una auténtica conciencia educadora y educativa que nos enraíce en la dirección natural, antes que las posiciones opuestas nos ganen la delantera y puedan originar un choque de civilizaciones, por la ausencia de valores primarios y primeros en las enseñanzas. Donde cohabita la educación, la forma más alta de reencontrarnos, no hay distinción ni enfrentamiento, el diálogo suele germinar por si mismo. Cuando no se impone el razonamiento, es que la educación ha fracasado, puesto que su naciente línea de trabajo ha de ser generar personas comprensivas, deseosas de convertirse en buenos ciudadanos.

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