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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Harry Louise necesitan de la reforma sanitaria

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 10 de junio de 2009, 11:59 h (CET)
Cincuenta millones de clientes nuevos.

Esas podrían ser las palabras más importantes a tener presentes mientras los esfuerzos de reforma de la sanidad avanzan esta semana a marchas forzadas.

Muchos han expresado sorpresa porque los grupos de interés históricamente opuestos a corregir el sistema sanitario parecen dispuestos a trabajar con los reformistas. Su animación refleja un interés velado manifiesto: el sistema sanitario es tan inestable que hasta la industria farmacéutica y las aseguradoras están preocupadas por la posibilidad de que se les venga encima.

La reforma de la sanidad podría ofrecer garantías a estos intereses sumando a los que no tienen seguro -- que se acercan rápidamente a los 50 millones -- a su base de clientes, y evitando que más individuos y empresas prescindan del seguro de golpe.

¿Se acuerda de Harry y a Louise, la pareja imaginaria que salía en los anuncios de televisión que ayudaban a derrotar el plan del Presidente Clinton hace 15 años? Esa pareja de clase media, lo que equivale a decir muchas como ella, ha cambiado de bando en el debate. Las aseguradoras y las farmacéuticas que pagan los anuncios saben que el jefe de Louise probablemente ha limitado las prestaciones de ella o anulado su póliza. ¿Y quién sabe si Harry conserva su puesto de trabajo?

Chris Jennings, consejero de la administración Clinton en asuntos sanitarios, dice que todos los participantes en el sistema sanitario entienden que se produce un círculo vicioso si el gobierno no interviene. Implica "cada vez más gente sin seguro, lo que significa cada vez más subidas en forma de primas, lo que significa que hay más gente sin seguro, lo que se traduce en más subidas.”

Desde el punto de vista de los grupos de interés, añade, "eso significa un menor porcentaje del mercado para las aseguradoras, menos atención pagada a los agentes que se encargan de ella, y menos posibilidad de que la gente se pueda permitir medicinas de receta caras.”

¿Sigue usted dudando de por qué los grandes intereses, hasta el momento por lo menos, están tolerando a los reformistas de la sanidad en el Congreso y a la administración Obama? Los líderes de la industria sanitaria saben que a menos que más dinero público fluya al sistema, sufrirán como todos los demás.

Los sectores automovilístico y bancario tendrán que funcionar con el tiempo sin rescates públicos. Pero la experiencia de todas las demás democracias acomodadas del mundo demuestra que los sistemas sanitarios exigen dinero público a gran escala. La deriva progresiva de la reforma en Estados Unidos ilustra la aceptación gradual de esa idea en la única democracia que -- a pesar del importante papel jugado por Medicare y Medicaid -- se ha resistido a ellos durante mucho tiempo.

Eso explica que el Congreso se esté desenvolviendo con velocidad inusual. El Senador Edward M. Kennedy, que preside el Comité de Sanidad, Educación, Trabajo y Pensiones, dio a conocer la pasada semana su propio borrador, encaminado a empujar a las ideas progresistas al papel de contención de precios y un gobierno más fuerte. Se espera que el Senador Max Baucus, presidente del Comité de Economía, difunda las directrices de un plan dentro de un par de semanas que espera contará con el apoyo de al menos 5 a 7 senadores Republicanos.

La opinión generalizada, correcta hasta cierto punto, es que los grandes puntos de fricción son si una ley final debe o no incluir un plan público en el menú de elecciones que se presentan al consumidor (yo estoy seguro que debería ser así), y cómo se paga la ampliación de la cobertura.

Pero la batalla entre bambalinas más difícil se producirá a cuenta de cuánto están dispuestas a ceder aseguradoras, farmacéuticas y agentes sanitarios para recibir un rescate del sistema sanitario del gobierno. Ese era el significado de una frase poco observada de la carta del Presidente Obama dirigida la semana pasada a Kennedy y Baucus, esbozando sus propios objetivos en la ley.

Obama escribía que "reforma no puede significar centrarse únicamente en la ampliación de la cobertura.” El presidente destacaba que también había de ser "un esfuerzo riguroso y constante por reducir el ritmo de crecimiento del coste sanitario.”

Suena a material sin significado listo para consumirse. No lo es. La parte más difícil de la lucha sanitaria, dice Ralph Neas, consejero delegado de la Coalición Nacional de Sanidad, podría demostrar no ser la asistencia a los que no tienen seguro -- recuerde, eso significa ampliar el número de clientes -- sino obligar a todos los jugadores a acceder a controles rigurosos de los precios. La coalición de Neas incluye empresas y plantillas a la vez, habiendo sido castigadas ambas por el descontrolado gasto sanitario.

De forma que, por supuesto, vamos a celebrar que las farmacéuticas y las aseguradoras se sienten a la mesa de negociación. Pero recordemos también que se sientan a esa mesa por motivos de necesidad urgente. Los negociadores deberían tener presente que la reforma sanitaria es tan vital para ellos como para los Harry y Louise que ahora no tienen seguro.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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