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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Dependencia energética o centrales nucleares

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 10 de junio de 2009, 08:58 h (CET)
No hay duda de que, entre estas minorías que han decidido que son los poseedores de la verdad absoluta, que pontifican a diestro y siniestro sobre lo bueno y lo malo, lo que debemos hacer y lo que nos está prohibido, lo que conviene a los ciudadanos y lo que, por el contrario, les puede perjudicar; existen activistas que, valiéndose de sus planteamientos demagógicos, encuentran el caldo de cultivo adecuado para orientar, a quienes les escuchan, hacia determinados posicionamientos interesados,como si fueran chamanes portadores de la sabiduría de los Vedas. Es notorio que, en España, y es probable que en muchos otros países, los más indocumentados, los que menos han aprovechado su paso por las aulas de las escuelas, los que optaron por el camino más fácil para ganarse la vida sin demasiado esfuerzo, entrando a formar parte de este mundo especial de la bohemia, el librepensamiento, el anticlericalismo y el anarquismo intelectual; siguen siendo los que incurren en las mayores contradicciones, fruto de su incapacidad para poner en orden sus ideas, embotadas de adoctrinamientos seudo comunistoides, trufadas de soberbia injustificada y sin originalidad alguna por proceder, generalmente, de la lectura de panfletos, libelos y folletos carentes de rigor científico y sin la menor garantía de veracidad y, sí, por desgracia, impregnados de doctrinas absolutistas y totalitarias que por su inconsistencia intelectual no resisten el análisis de quienes que, por sus conocimientos sobre la materia, partiendo de datos contrastados y utilizando con rigor sus neuronas para argumentar con eficacia sus conclusiones; son capaces de desmontarlas sin esfuerzo, poniendo en ridículo sus patrañas, aquellas que por desgracia, en ocasiones, calan hondo en una ciudadanía, a veces demasiado propicia a dejarse llevara al huerto de la idiocia y la falacia simplista por quienes no buscan más que desorientarla con sus cantos de sirena.

Así nos encontramos en España, tradicionalmente dependiente de otros países en cuestiones energéticas, una nación que presume de industrializada y, no obstante, padece de una evidente carencia de producción propia de energía para autoabastecerse de la que precisa para cubrir las necesidades de su población y, en especial, de todo su tejido industrial. Es por ello que dependemos, en cuanto al gas natural, de Argelia, y de la energía eléctrica de Francia, la que, por cierto, nos vende la producida en sus centrales nucleares de allende los Pirineos. Tenemos centrales térmicas poco rentables e insuficientes para cubrir las necesidades del país; tenemos centrales hidroeléctricas que son rentables pero que, por desgracia, dependen de las circunstancias meteorológicas para su adecuado funcionamiento y disponemos, además, de centrales nucleares que, como las instaladas en el resto de la CE, proporcionan energía abundante, barata y limpia, y son capaces de mantener un suministro continuados y suficiente, para que no debiéramos depender de ninguna otra nación para cubrir todas nuestras necesidades en este apartado, tan importante, de nuestra economía nacional.

Pero como ya ocurrió en el caso del Plan Hidrológico Nacional del PP, que fue una de las primeras cacicadas del señor Zapatero al acceder al poder; cuando nos encontramos ante la oportunidad de reaprovechar una de las centrales nucleares por diez años más, de aprovecharnos de su producción de energía y de ahorrarnos inversiones superfluas en otros medios menos rentables y mucho más onerosos; mucho nos tememos que, a pesar del informe favorable emitido por unanimidad por los miembros de la CSN, que previamente han analizado concienzudamente el estado de la central nuclear de Garoña, una de las centrales incluida dentro de las 50 mejores del mundo; antes de emitir su informe definitivo sobre el estado de la central y de sus posibilidades de continuar funcionando con las garantías de seguridad requeridas; a pesar de la necesidad de limitar nuestros gastos y de aprovechar hasta el límite nuestros recursos en momentos de grave recesión para nuestra nación; es muy posible que nuestro Presidente anteponga al bien de los ciudadanos y de la industria nacional, sus particulares “tics” derivados de la errónea conclusión de que todo lo que sea avance, progreso y comodidad es algo que va en detrimento de la defensa del cambio climático, que es imposición de las derechas y que va en contra de los intereses de los trabajadores.

En realidad, no se si podrá influir en su decisión el hecho de que el 49% de los españoles piense que se debería aumentar el uso de la nuclear. Con todo hay que decir que, seguramente a consecuencia de la propaganda adversa llevada a cabo por los ecologistas y las izquierdas en general, somos uno de los países donde menor se aprecia esta energía. Si nos detenemos a considerar la aceptación en otras naciones de las llamadas industrializadas podremos comprobar que el 69% de los encuestados, a nivel internacional se ha mostrado a favor de la instalación o el aumento de las centrales nucleares. Pero donde existe una mayoría abrumadora de ciudadanos a favor de la utilización de este tipo de la energía nuclear se encuentran en la India, con un 96%, en China, con un 91%, Sudáfrica con un 88% y los propios Estados Unidos con un 81%. Todos ellos se mostraron a favor de incrementar en sus paises el uso de este tipo de energía.

El talón de Aquiles de este sistema de producción energética se basa en la escasa información que les llega a los ciudadanos y, lo que todavía es peor, en la desinformación que algunos colectivos de izquierdas propagan para intentar, con bastante éxito por cierto, identificar lo que es el uso pacífico y en bien de la humanidad de las centrales atómicas, con el peligro que todos hemos percibido alguna vez emanado del mal uso que se ha venido haciendo, por algunos gobiernos, de las armas de destrucción masiva, del que los ejemplos más impresionantes fueron las masacres de Hiroshima y Nagasaki. Pero la realidad debe imponerse juntamente con el sentido común y, lo cierto es que los combustibles fósiles cada vez escasean más y son más caros lo que lleva a la necesidad de encontrarles sustitutivos baratos, limpios y rentables lo que, hoy por hoy, no parece que exista ninguno que se hay probado que reúna las características que puedan superar a las centrales productoras de energía, a partir del combustible atómico.

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