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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Nacionalismo   -   Sección:   Opinión

Falló un juez, acertaron dos fiscales y un juez, y la pifió Luis Enrique

“El nacionalismo es el hambre de poder atemperada por el auto engaño” George Orwell
Miguel Massanet
lunes, 23 de mayo de 2016, 00:52 h (CET)
La controversia originada por el partido de la Copa del Rey que se va a celebrar en el estadio del Atlético de Madrid, el Vicente Calderón; ha venido sazonada por las resoluciones contradictorias entre dos jueces madrileños, el del Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 11 y el Juzgado de lo Contencioso nº 15. Resulta muy ilustrativo de la situación de nuestra Justicia, de lo politizada que se encuentra, de la facilidad y rapidez con la que algunos jueces, en este caso suponemos que progresista, han decidido sobre un tema que, contrariamente a lo que parece ha entendido el juez del Juzgado nº 11, que determinó permitir la entrada de las esteladas en el Calderón sin que ello supusiera el incumplimiento de ninguna ley ( ¿Dónde quedan las leyes de la UEFA y la Ley del Deporte española, ambas en contra de que se exhiban símbolos partidistas en las competiciones deportivas?) ni entrañaba ningún acto partidista; si parece que presenta evidencias de constituir un intento más que declarado ( vean, si no, lo que se comenta entre los forofos del club catalán) de crear alboroto durante la competición y el carácter político y reivindicativo que se quiere dar al encuentro donde, más que el resultado deportivo, lo que importa es poder representar ante el Rey un espectáculo de apoyo al independentismo catalán. Si el juez no lo supo ver así, seguramente que esta misma tarde tendrá la ocasión de comprobar el comportamiento de los hinchas catalanes en la recepción al monarca y en el momento en que suene el himno nacional.

En contraposición a este enfoque del señor juez del Juzgado 11, tenemos la opinión contraria del fiscal de este mismo juzgado y la diametralmente opuesta del juez y el fiscal del Juzgado 15, ante un recurso presentado por el C.F.Barcelona. Y es que señores parece que hay quienes no se acuerdan de aquella frase sumamente ilustrativa con la que se define a este club deportivo catalán, cuando se dice que “el Barcelona es más que un club”, algo que se ha evidenciado cada vez que ha jugado en dicho estadio el Real Madrid o han asistido autoridades del Gobierno español o el partido ha estado presidido por el Jefe de Estado español. La exhibición de las famosas esteladas, los gritos e insultos proferidos contra ellos y las asonadas de pitos, previamente entregados en las entradas del club por simpatizantes del separatismo catalán. Curiosamente nunca se han tomado medidas en contra del club y todos estos actos de repudio a las autoridades de la nación española, parece que están condenados a ser ignorados o sobreseídos por quienes debieran de haber actuado en contra de semejantes agravios, que nada tienen que ver con el aspecto deportivo de la cuestión.

Y como refuerzo a lo que estamos denunciando, convendrá que citemos algunas de las duras y contundentes frases con las el Juez del Juzgado 15 de Madrid ha utilizado en su rechazo al recurso del Barcelona, en las que ha acusado al club catalán “de haber tomado partido en una controversia política” así como de generar “tensión”, también se ha referido a la denuncia del club, acusando a la Delegada del Gobierno de haber atentado contra la libertad de expresión cuando prohibió las esteladas en el estadio, declarando: “el club de fútbol no está legitimado para presentar dicho recurso al no ser una persona física” insistiendo en que no es misión de un club deportivo entrar en cuestiones de esta índole. Se insiste en que la decisión de prohibir la entrada de esteladas en el campo está fundada en medidas de seguridad, en un partido considerado como de “alto riesgo”. La conclusión del juez es tajante: “Se podría pensar que, con su posicionamiento a favor de las esteladas, pierde la neutralidad y puede venir a inmiscuirse en cuestiones de seguridad que él también debe acatar”. La abogacía del estado ya había declarado, en su informe, el hecho de que la bandera estelada no es un símbolo del Barça, “ni directa ni indirectamente”.

El peligro de que se produzcan estas divergencias judiciales está en que, los que buscan a toda costa puntos en los que apoyar sus reivindicaciones separatistas, que van cosechando fracaso tras fracaso en sus intentos de conseguir complicidades en el resto de naciones europeas, al encontrar a un juez que les da la razón, aunque sea equivocadamente, lo toman como un apoyo a su causa y les da ánimos a seguir perseverando en sus intentos de extender al mayor número posible de catalanes cualquier apoyo que les pueda hacer añadirse a la causa independentista. Claro que, incluso sin intentarlo, están recibiendo ánimos de los grupos comunistas bolivarianos que, empezando por la activista Ada Colau y por los directivos de Podemos, se han añadido a la defensa del famoso “derecho a decidir”, insistiendo en apoyar el referendo en el que siguen insistiendo, sin desfallecer, todos aquellos que están empeñados en la creación de un nuevo estado catalán independiente de España.

Y aquí no queda más remedio que aludir a un sujeto que, por su condición de entrenador del equipo de fútbol del Barcelona debería saber cerrar la boca, evitar inmiscuirse en temas políticos que no le atañen y menos le autorizan para emitir opiniones sobre asuntos en los que, evidentemente, poco tiene que argumentar debido a que no es precisamente un experto en estas materias, no es catalán y, si es cierto que se le ha subido “el pavo a la cabeza” debido a los éxitos deportivos del club, esto no significa que, fuera del ámbito deportivo, este señor, el entrenador Luis Enrique Martínez, tenga más predicamento que cualquier otro español de a pie, aparte de querer estar a bien con la directiva del club y hacerles la pelota a los aficionados blaugranas. En los otros aspectos, en las cuestiones políticas, en el interés en sus opiniones sobre la independencia catalana es evidente que le queda mucho que aprender antes de que se le pueda tomar en cuenta. A este señor, aquella frase de “zapatero a tus zapatos”, no hay duda que le cae como un guante.

Todo ello nos lleva obligatoriamente a una conclusión. Todos aquellos que se puedan haber creído que la relativa calma en la cuestión catalana; que la desaparición del señor Mas de la escena política; que las evidentes diferencias entre los que constituyeron la coalición electoral “Junts pel sí” o la intromisión en la política catalana de los comunistas de la CUP o de BComú y sus aliados, ha ido frenando al separatismo catalán están completamente equivocados. Lo cierto es que, y el Gobierno está enterado de ello y el mismo TC lo sabe perfectamente; a pesar de la expresa prohibición de seguir en sus actividades separatistas, de la ilegalidad de estar llevando a cabo el borrador de una Constitución para Cataluña independiente y de que se está contratando personal técnico y se están preparando las infraestructuras para las dependencias de las instituciones del nuevo estado, amén de ignorar todos aquellos incumplimientos referentes a la enseñanza del castellano y todo lo relativo a acatar las normas de las leyes estatales sobre enseñanza; sin embargo, parece que nadie se decide a poner fin a todos estos desafíos de tipo secesionista y se va dejando que, tanto el Parlamento Catalán como la Generalitat, vayan dando pasos encaminados a lo que, para ellos, será su objetivo final: declarar la independencia del país catalán.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos estamos percatando de que este periodo entre dos legislaturas, este impasse en el que se ha entrado en un nuevo periodo de campaña electoral y estas disputas inherentes a la misma, se han convertido en algo tan absorbente que, temas de trascendencia como los avances del separatismo catalán, encaminados a profundizar en el abismo que empieza a dividir a españoles y catalanes, siguen sin solucionarse de modo que, cuando se quiera poner un freno a todo este proceso divisorio, sea muy difícil conseguirlo y, en el caso de que se intente hacerlo por los medios constitucionales, pudiera ser que acabáramos, como ya ocurrió hace 75 años, con nuevos enfrentamientos, que muchos pensamos que nunca se volvería a repetir.
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