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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿Deflación con inflación?

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
martes, 9 de junio de 2009, 02:16 h (CET)
Para dar sentido al debate económico más desconcertante del momento -- si estamos coqueteando con la inflación o con la deflación -- vale la pena recordar lo sucedido tras la Segunda Guerra Mundial. Bajo intensa presión política, el Presidente Truman anuló los límites impuestos a las subidas salariales y de los precios. Todo se fue a hacer puñetas. Limitados durante la guerra por las directrices, los salarios y los precios saltaron. Los trabajadores del automóvil y el acero entre otros fueron a la huelga para pedir mayores salarios. En 1946 y 1947, los precios al consumidor ascendieron un 8,5 % y un 14,4 %, respectivamente.

Lo instructivo es que a continuación, los precios se estabilizaron. No se produjo ninguna carrera al alza entre salarios y precios como pasó en las décadas de los 60 y 70. Cierto, se registró una débil recesión s finales de 1948 y 1949 que ayudó a paliar las subidas de los precios. Pero la inflación se desplomó principalmente porque la gente no esperaba que continuase. Habían vivido la Depresión, cuando los precios se desfondaron. Sabían que, a excepción del impacto de las guerras, los precios estadounidenses son bastante estables en general.

La lección para hoy: la psicología importa. Lo que los economistas llaman “expectativas” modelan la forma en que se desenvuelven directivos e inversores. Si temen una inflación, actúan de formas que acaban provocándola. También funciona a la inversa, como nos recuerdan los últimos años de la década de los 40. La lección proporciona el contexto del debate de hoy. ¿Están allanando el camino a una inflación más acusada las políticas que facilitan dinero a bajo interés seguidas por la Reserva Federal? ¿O evitarán la deflación -- una bajada de los precios extendida -- que agravaría la depresión económica?

Las dudas surgen fruto de los vigorosos esfuerzos de la Reserva por contener la crisis económica. Ha rebajado el tipo de los préstamos de la Reserva a corto plazo casi a cero. Ha extendido préstamos cuando los agentes de préstamo del sector privado no lo hacían -- en el sector de los pagarés negociables a corto plazo, por ejemplo. Para rebajar los tipos de interés a corto plazo, se ha comprometido a adquirir 1,25 billones de dólares en valores hipotecarios respaldados por Fannie Mae y Freddie Mac, y 300.000 millones de dólares en títulos de deuda pública a corto plazo. Medidas todas sin precedente moderno.

Exacto, dicen los pesimistas de la inflación. Una vez que la economía se recupere, el dinero y el crédito prestados casi a fondo perdido desatarán la inflación. Los préstamos baratos elevarán progresivamente los precios; los salarios podrían ser los siguientes. Los tipos de interés bajos estimularán el gasto y disuadirán del ahorro. La Reserva estará "bajo presión del Congreso, la administración y la empresa... para evitar que los tipos de interés se eleven," advierte el economista Allan Meltzer, de la Carnegie Mellon University. Con déficits presupuestarios considerables, la Casa Blanca y el Congreso querrán contener los costes del endeudamiento. La psicología de la inflación levantará su cabeza.

Tonterías, dicen los pesimistas de la deflación. La inflación es producto sobre todo de que una demanda muy elevada persigue a una oferta muy escasa. Hoy, una oferta demasiado elevada persigue a una demanda demasiado escasa. El elevado desempleo y la floja capacidad de negocio (plantas paradas, oficinas vacantes, minas cerradas) obstaculizan las subidas salariales y de los precios. Si la Reserva no sigue abaratando el crédito, la encogida demanda podría hacer que los precios y los salarios se contrajeran progresivamente. “La deflación, no la inflación, es el riesgo presente y claro," replica el economista de Princeton y columnista del New York Times Paul Krugman.

Parece imposible que ambos argumentos sean correctos a la vez; pero podría ser el caso. Como observa Krugman, las presiones inflacionistas son casi inexistentes. Durante el último año, el Índice de Precios al Consumo se ha mantenido estable a grandes rasgos. En mayo, el desempleo se elevó hasta el 9,4% desde un 8,9%. Un estudio de Challenger, Gray & Christmas concluía que el 52% de las empresas había congelado o bajado los salarios. El concurso de GM no es sino un indicador del exceso de capacidad industrial. El exceso es mundial, concluye un estudio de Joseph Lupton y David Hensley, de J.P. Morgan. Las expectativas inflacionistas son bajas.

Todo esto está dando espacio de maniobra a la Reserva. Las expectativas importan; la inflación no estallará de pronto. Ni siquiera Meltzer prevé un incremento inmediato. “¿Cuándo se producirá? Ciertamente de golpe no," escribe.

Aún así, la advertencia que hace Meltzer sigue siendo relevante. A menudo la Reserva ha exagerado las políticas expansionarias y fomentado las expectativas inflacionistas. Durante la década de los 60 y los 70, eso ocurría en virtud del exceso de demanda y la clásica espiral de incrementos salario-precio. El peligro ahora podría presentarse a través de los tipos de cambio y los precios de las materias primas. Los temores inflacionistas podrían elevar el precio de las materias primas (del petróleo, los metales, la cesta de alimentos) y presionar a la baja el valor del dólar. Las importaciones se encarecían, permitiendo que los productores nacionales subieran los precios. Una vez que las prácticas inflacionistas echan raíces, una inflación elevada y un desempleo alto pueden coexistir: es la temida “estanflación.” En 1977, tanto la inflación como el desempleo rozaban el 7%.

Existen pruebas (aumento de las ventas de vivienda y coches, crecimiento más sólido en los "mercados emergentes") de que el peligro de una caída libre económica deflacionaria está remitiendo. En algún momento, la Reserva tendrá que subir los tipos de interés. El presidente de la Reserva Ben Bernanke ha prometido evitar una inflación alta. ¿Calculará correctamente el momento la Reserva y se resistirá a las presiones políticas negativas? ¿Tranquilizarán a los mercados los compromisos?

Un motivo de que no puedan es que el mandato de Bernanke como presidente expira en enero. Cualquier relevo por parte del Presidente Obama sería considerado, con razón o sin ella, más obediente a la administración. El Presidente podría anular esa percepción ofreciendo a Bernanke -- quien se ha desenvuelto bien durante la crisis -- un segundo mandato a cuatro años y, si acepta, anunciar el renombramiento. Eso no zanjará el debate actual deflación-inflación. Sólo el tiempo lo cerrará, pero ello eliminará una incertidumbre innecesaria.

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NOTA -- Esta columna será publicada en Newsweek.

Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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