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La campaña musulmanda de Obama

Kathleen Parker
Kathleen Parker
martes, 9 de junio de 2009, 02:15 h (CET)
Si no está roto, reza el refrán, no intentes arreglarlo. Y se conoce que por eso el mundo musulmán tuvo que escuchar la versión año 2009 del discurso que pronunció Barack Obama en la convención Demócrata de 2004.

En su primera actuación frente a un enjambre de correligionarios de su partido, concebido no obstante para una audiencia nacional, Obama aseguró a los estadounidenses que no somos una nación de Republicanos y Demócratas.

“No hay una América negra ni a una América blanca ni una América latina ni una América asiática; hay unos Estados Unidos de América.”

Cuatro años más tarde, Obama era elegido presidente de esos Estados Unidos.

En la Universidad de El Cairo, Obama pronunció esencialmente el mismo mensaje a una escala ligeramente superior -- decir a los 1.500 millones de musulmanes del mundo, así como al planeta en general:

“Los intereses que compartimos como seres humanos son mucho más fuertes que las fuerzas que nos separan.”

El discurso de casi una hora de duración, que contiene muchos pasajes inspirados, fue esencialmente [lo que los Demócratas llaman] un momento de sentar cátedra. Una conferencia, si lo prefiere.

Éstos son los apuntes: tenemos que tolerarnos los unos a los otros, o estamos condenados. La libertad funciona; la opresión no. Deberes para mañana: despejar la mente del pasado, desahuciar estereotipos, y unirse al futuro global.

Más allá de transmitir mensajes elementales de amistad y nuevos comienzos basados en el respeto y el entendimiento mutuos, Obama logró tres grandes objetivos: neutralizó esencialmente a Osama bin Laden. Logró llamar al Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad un ignorante lleno de odio sin ni siquiera mencionar su nombre.

Y reivindicó los valores occidentales de democracia, derechos humanos, libertad religiosa y derechos de las mujeres a la independencia -- al mismo tiempo que los musulmanes se sentían agasajados, apreciados y comprendidos.

No es moco de pavo.
Para deslegitimar al caballero cuyo nombre rima con el suyo, Obama sólo tuvo que comparecer y no ser George W. Bush. El exabrupto más reciente de Osama el cavernario, sincronizado para apropiarse del discurso de Obama, resultó más patético que amenazador -- el balido sordo de un guerrero emasculado impotente frente a un enemigo al que ya no puede satanizar.

Osama es el Gollum marchito y tembloroso -- recorrido por la envidia y cuidando de su precioso odio -- frente al robusto y esperanzado Frodo de Obama. Las fuerzas de la oscuridad y de la luz personificadas.

Obama desactivó de igual forma al chalado buscador de cabezas nucleares, Ahmadinejad. Obama hablaba del presunto deseo de Irán de acceder a energía nuclear "con fines pacíficos" y su propio deseo de un mundo libre de armas nucleares.

Si el enfoque de Obama sobre el problema de Irán es ingenuo o factible se puede debatir en todos los sitios. Tiene sentido perfecto en un mundo perfectamente sensato. La mayoría de la gente quiere vivir sin la irritante amenaza del exterminio. Y la mayoría convendrá en que la gente razonable tiene derecho a acceder a la energía nuclear para fines no violentos.

Pero sabemos que el presidente de Irán está falto de razón y de más de un tornillo. Apenas la víspera del discurso de Obama en El Cairo, Ahmadinejad repetía su convencimiento de que el Holocausto fue "un gran timo.”

Según sus propios comentarios, Obama decía que negar el hecho del Holocausto es "infundado," "ignorante" y “odioso.” Si Ahmadinejad no se reconoció en esas palabras, ciertamente el resto del mundo le reconoció en ellas, incluyendo a los iraníes que participan este mes en las presidenciales de su país.

Finalmente, Obama fue firme en la defensa de los valores americanos, aunque no los caracterizó de valores exclusivamente americanos sino de derechos humanos.

Escuchando el discurso, es imposible pasar por alto (incómodamente por momentos) los momentos que despertaron el aplauso. Cada vez que Obama citaba una escritura del Corán o reconocía los errores de la propia historia de América, la audiencia aplaudía. (El aplauso más ruidoso, sin embargo, se produjo cuando Obama habló de democracia.)

Aunque tenía sentido reconocer la sabiduría coránica como forma de manifestar respeto a la audiencia, yo sigo pensando: ¿Por qué no arrojar unas cuantas migas a los muchachos y muchachas no musulmanes? Si el mensaje es nuestra humanidad común, ¿por qué no evidenciar ese denominador común mostrando los paralelismos en los textos cristianos y judíos?

Esta omisión habría sido mi crítica más acusada al discurso si no fuera por el hecho de que me apresuraba a juzgar. Obama dejó lo mejor para el final.

Esta vez, repitiendo su campaña presidencial, Obama decía: "Tenemos el poder de construir el mundo que queremos ((BEG ITAL)¡Yes we can!(END ITAL, pero sólo si tenemos el valor de pasar página ((BEG ITAL)en el mismo momento(END ITAL)), teniendo presente lo que se ha escrito.”

A continuación citaba versos del Corán, el Talmud y la Biblia señalando todos a la paz. Cerraba con la petición definitiva de paz y cambio:

“Los pueblos del mundo pueden vivir juntos en paz," decía Obama. “Conocemos la visión de Dios. Ahora esa visión debe ser nuestra labor aquí en la Tierra.”

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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