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El peso de ser Nadal
Daniel Sanabria
Hay ocasiones en las que ser el referente es contraproducente. Le ocurre a menudo al Real Madrid en el campeonato liguero, donde todos los equipos se exprimen ante el conjunto blanco como si no hubiera mañana. Aunque sólo sean tres puntos, la medallita queda ahí en el currículum de todo jugador: “yo gané en el Bernabeu”. Algo parecido le lleva sucediendo un tiempo a Rafa Nadal sobre las pistas de tierra.
El mallorquín es el número uno indiscutible en la arcilla de París aunque este año se haya quedado tan lejos. Y eso es lo que precisamente hace que Nadal juegue cada día contra rivales extramotivados. Lo que para Rafa es un partido más, para su rival es la gran oportunidad de revelarse ante el mundo. A día de hoy una victoria sobre Nadal puede tener más reconocimiento internacional que ganar un torneo.
Soderling pasará a la historia de Roland Garros como el hombre que venció a Nadal, no por haber jugado una final. Y es que aquél día ante Nadal, Soderling jugó el partido de su vida. Porque probablemente si enfrente no hubiese estado el español, Soderling no habría alcanzado el nivel que alcanzó en aquel encuentro. Pero como comentaba al principio, este es el precio de ser el referente: que todos quieren ganarte a ti por lo que representas.
Le ocurre al Real Madrid en España y ahora le ocurrirá al Barcelona. Le ocurría a Federer en su día y ahora le ocurre a Nadal. Está de moda vestirse de David cuando es Goliat el que está enfrente. Ocurre en todos los deportes y en todas las categorías, como cuando el Atlético de Madrid estaba en Segunda División, que además de enfrentarse a su propio fantasma tenía que enfrentarse a la extramotivación de cada rival. Por ser el referente.
Aprovechando la oportunidad quería recordarle al respetable francés los cinco tours de Miguel Induráin, los cuatro Roland Garros de Nadal, el tour de Pereiro, el de Contador, el de Sastre, las dos Copas de Europa del Barcelona, las tres del Real Madrid, el Europeo de fútbol y los dos Campeonatos del Mundo de Fernando Alonso. Gracias.
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