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Fidel Castro, Lino Oviedo y Fernando Lugo

Luís Agüero Wagner
Redacción
lunes, 8 de junio de 2009, 01:24 h (CET)
Fernando Lugo no es el primer presidente paraguayo que visita a Fidel en la mayor de las Antillas, dado que Luís Angel Gonzalez Macchi y otros conspicuos referentes de la dictadura neo-nazi y pro-Washington de Alfredo Stroessner gozaron mucho antes de la hospitalidad marxista-leninista del antiguo bastión dotado de misiles soviéticos en el hemisferio.

De todas maneras, Lugo tuvo más suerte con Fidel Castro que con Lino Oviedo, dado que luego de esperar casi dos días al fin el veterano líder de la revolución cubana de 1959 accedió a recibirlo.

Como fue filmado por la TV y fotografiado por toda la prensa, testimoniado por todos los periodistas radiales y de otros medios, el obispo-candidato intentó infructuosamente entrevistarse con Lino Oviedo unos meses atrás, cuando el golpista del 3 de febrero de 1989 estaba preso en Viñas Cué.

La fotografía de Lugo haciendo un plantón frente a la prisión militar dejó atónitos a propios y extraños en aquella oportunidad, dado que fue la primera vez en la historia que un preso se negó a recibir a un candidato presidencial.

Pero Fidel Castro, retirado a cuarteles de invierno aunque no preso, fue más accesible, si nos fiamos ciegamente en un comunicado oficial de la presidencia que aún no fue acompañado por la fotografía probatoria de rigor.

De ser confiable el comunicado de la prensa de Fernando Lugo –algo que no siempre sucede- debemos imaginarnos que nuestro héroe el obispo libertino al fin logró reunirse con el mítico héroe del asalto al Moncada, que sus seguidores intentaron imitar hace unas semanas desencadenando una grave crisis política que puso al clérigo al borde de la destitución, de la que los seguidores del castro-comunismo autóctono sólo pudieron salvarse gracias a la oportuna intervención de la embajada norteamericana.

Para realizar una visita oficial a Cuba, Fernando Lugo se tomó su tiempo.

Consideró más prioritario realizar visitas a George W. Bush, Alvaro Uribe, Felipe Calderón y hasta a empresarios coreanos vinculados a la secta Moon en Seul.

Finalmente, luego de sufrir una catastrófica devaluación de su imagen a raíz de los escándalos generados por la inseminación masiva a que sometió a las feligresas a quienes debía cuidar como ovejas, deshonrando a su iglesia y convirtiendo a su país en la burla del mundo, tomó suficiente coraje para visitar a sus supuestos aliados ideológicos de la isla caribeña.

Ello no impide que gran parte de la prensa paraguaya pretenda hoy sentirse indignada por la “visita a un dictador” del devaluado teólogo de la liberación, a quien obviamente ya no le quedan muchos dictadores ni demócratas con el coraje como para invitarlo.

Pero el escándalo y papelón reciente del clérigo no parece contar en esta historia.

Es que el método científico aún no ha llegado a ser probado en el estudio del pasado en esta idílica república burguesa del obispo de los pobres, por lo cual la historia como ciencia destinada a juzgar el pasado para instruir el presente en beneficio del futuro, sigue siendo inexistente en Paraguay.

La mejor prueba de ello lo constituye que los más grandes beneficiarios de la dictadura de Stroessner aparecen como luchadores en pro de la democracia, por el sólo hecho de permitirse un cortejo de adulones que les rinden pleitesía en su afán de consagrados figurones.

Dijo alguna vez Sartre que incluso el pasado puede modificarse, y tanto periodistas como historiadores oficiosos paraguayos lo demuestran todo el tiempo.

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