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Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

De pesadilla

Mario López
Mario López
lunes, 8 de junio de 2009, 00:52 h (CET)
La involución política que padecemos en Europa tiene su correlato en los excesos privados de algunos de nuestros dirigentes. El lento pero imparable retorno al fascismo, que parece haberse iniciado con la caída del muro de Berlín, nos ha llevado a tener que ver cosas que parecían enterradas en las catacumbas de nuestra historia.

Siempre pensaré que el comunismo no tendría que haberse autoinmolado, sino la burocracia autoritaria y corrupta que lo mantenía secuestrado. Esa burocracia que liquidó el estado soviético para entregarlo a la oligarquía más corrupta del planeta. El nuevo capitalismo ruso ha extendido por toda Europa sus hediondos tentáculos, dejando las democracias inermes ante las mafias que controlan el tráfico de esclavas eslavas, la droga, el armamento y los paraísos fiscales. Berlusconi ha resucitado la orgía romana. Las escenas más denigrantes de las antiguas tiranías se representan hoy en día en las mansiones del presidente italiano. Remedando a sus antecesores Calígula y Valerio Borghese, el abominable Cavaliere se pavonea, grotesco y jactancioso, en las esferas del poder. Mientras tanto, la sociedad del bienestar se va desquebrajando, los derechos de los trabajadores van menguando al mismo ritmo que crece la xenofobia. Los brillantes colores de la democracia van perdiendo intensidad, convirtiendo el estado de derecho en una gris caricatura de lo que pudo haber sido. Por nuestro país, los políticos se corrompen encubriendo a sus colegas corruptos, queriéndonos hacer creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles, que el sistema que nos oprime no puede ser cambiado y que nada de cuanto se dice en su contra es cierto. No sé cuánto tiempo puede durar una situación de envilecimiento tan profundo como el que estamos viviendo. No sé si los ciudadanos seremos capaces de corregir esta maldita deriva que hemos tomado. No sé si dentro del sistema es posible corregirla. Lo que sí sé es que, de no producirse un cambio radical, estamos abocados a vivir la más horrorosa de las pesadillas.

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