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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Puede que Obama peque de optimismo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 8 de junio de 2009, 00:44 h (CET)
Es muy posible que el señor Barack Obama, presidente de los EE.UU de América, en su afán de querer dar un cambio radical a la política exterior de su país, esté jugándose, dentro y fuera de las fronteras americanas, más de lo que él mismo pueda pensar que está poniendo en el haber de su gobierno y en el caudal de confianza que le han otorgado los norteamericanos, convencidos de que el nuevo perfil progresista de su nuevo líder va a traerles mejores réditos que los que les proporcionó el denostado Jeorge Bush. Sin duda que Obama está intentando darles, lo que en España podríamos calificar como una larga cambiada, a los países islámicos y pretende presentarse ante ellos como un nuevo Mesías de la paz y de la conciliación. En cierta manera me recuerda a nuestro presidente, el señor Rodríguez Zapatero, con su famosa Alianza de Civilizaciones, para lo cual, con la intención de ahondar en este desangelado proyecto, no dudó en ponerse de acuerdo con Turquía, sin que durante los años que llevamos metidos en este proyecto y haciéndonos cargo de su coste, parezca que hayan conseguido el menor avance, si no es que se considere como tal el haber conseguido poner de los nervios a los israelíes ante las sandeces de nuestro Ejecutivo en su intento de hacerles la pelota a los palestinos.

Es evidente que Obama se ha esforzado, en su discurso, en dar una imagen conciliadora, una antítesis de la de su predecesor en el cargo y, por supuesto, ha pretendido que países como Irán y los palestinos recuperen la confianza en conseguir, los primeros un apaciguamiento de los americanos en cuanto a la nuclearización de su país y, los segundos, que los israelíes cesen en sus nuevos asentamientos y que se les reconozca como una nueva nación. En efecto, todo estos pasos se podrían entender en el marco de otros países del modelo europeo, con experiencia democrática de sus habitantes y en los que no estuvieran sujetos a regímenes teocráticos y, por añadidura, de creencias islámicas que no aceptan ni entienden que, dentro de sus fronteras, se puedan establecer otras religiones que no se rijan por el Corán. No ha sido, el señor Obama, el primer mandatario que ha intentado darle la vuelta a la tortilla en los estados árabes y, mucho me temo, que no será el último en tener que admitir que la civilización que tantos años lleva de enfrentamiento con la occidental, no es, precisamente, la que mejor entiende el sistema americano de venderse a sus propios ciudadanos. Hay un abismo entre ambas civilizaciones y no le va a ser fácil al señor Obama, pese a su patina progresista o, vayan ustedes a saber, si precisamente por ella, convencer a los gobernantes islamistas de Oriente Medio para que renuncien a sus seculares principios y preceptos, para aceptar alegremente entregarse a las costumbres occidentales.

Creo que esta política, un poco rastrera, sin duda, del señor Obama; este excesivo entreguismo y la forma de dirigirse a sus orgullosos interlocutores como si pidiera excusas por los hechos de sus anteriores predecesores en el cargo; pudiera muy bien ser interpretado como signo de debilidad. Todos los países que ha visitado saben perfectamente que Norteamérica está en horas bajas, endeudada hasta el punto de haber puesto a la FED a fabricar dinero para poder cubrir todos los pozos negros que, cada día, van apareciendo, empezando por su sistema bancario, continuando por la difícil situación de la administraciones públicas de muchos de sus estados y acabando por las exigencias que les van llegando por parte de los grandes inversores, como son la China y el Japón, que ya están empezando a preocuparse por la solvencia de la nación americana.

No hay duda de que los desafíos de Corea del Norte, lanzando misil tras misil y haciendo caso omiso de las débiles amenazas procedentes de la Casa Blanca; los, cada vez, más descarados desplantes de la Rusia de Putín y sus buenas relaciones con China continebtal y la forma con la que, el señor Mahmut Ahmadineyad, prosigue, sin inmutarse, la nuclearización de su país, sin aceptar que nadie le prive de lo que el estima como el medio de poner a Israel en su sitio; no hay duda de que delatan hasta que punto la amenaza de los EE.UU, ha dejado de ser determinante en el concierto internacional y, el convencimiento de impunidad que se ha ido propagando por la mayoría de las naciones sobre las que pesaba la amenaza de intervención americana ( como es el caso de Cuba y Venezuela); desde la llegada del nuevo presidente de los EE.UU, es muy posible que hayan reducido las posibilidades de los americanos de pretender dictar, como lo hacían antes, las normas que deberían seguir los países que estaban bajo su órbita de influencia.

Sin duda, este cambio de política internacional; esta aparente debilidad del señor Obama; este estilo de aceptar culpas y prometer enmienda, podrá tener un efecto positivo entre toda la izquierda europea y puede que dentro de determinados colectivos de su propio país, pero entraña un evidente peligro de que, y así ya se lo ha advertido el propio Osama Ben Laden, quien ha insistido en sus amenazas al pueblo americano de perpetrar nuevos atentados. Y aquí reside parte de la debilidad de Obama, en la posibilidad de que haya bajado la guardia antes de tiempo y que, Dios no lo quiera, se pudiera producir algún evento que convirtiera toda la confianza de que goza ante su pueblo, en reproches por haber convertido al país en un lugar inseguro, sujeto a las veleidades de los terroristas y, por ende, cada vez más endeudado y con mayor peligro de que la recesión, a pesar de las palabras de algunos popes de las finanzas, se eternice durante más años de los inicialmente previstos. Europa haría bien en prescindir de los iluminados de turno y tomar el camino de la sobriedad, el esfuerzo común y, no dejarse llevar por el camino fácil del exceso de endeudamiento al que, al parecer, el señor Trichet del BCE, se ha plegado, quizá a la fuerza, para lo que se han habilitado 60.000 millones de euros destinados a que naciones, como la propia España, puedan acudir en busca de árnica para paliar su excesivo endeudamiento que, sin duda, nos llevará tarde o temprano a la insolvencia ante el resto de acreedores institucionales que han adquirido nuestra deuda. En todo caso tenemos asegurado el haber hipotecado a varias generaciones que deberán asumir el coste de una política ineficaz.

No comparto el optimismo de nuestros rotativos ni el de los miembros de nuestro Ejecutivo que, por raro que pueda parecer, han pasado del antiamericanismo más visceral al filo americanismo más entregado, gracias a que el señor Zapatero ha puesto en su ídolo, el señor Obama, todas las esperanzas de poder salir airoso de la difícil situación a la que le ha conducido su incapacidad para gobernar a una España en crisis.¡Dios lo coja confesado! ¡No sabe, el ingenuo, en el lío en el que se ha metido!

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