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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

¿Golpe en Reino Unido?

Isaac Bigio
Isaac Bigio
lunes, 8 de junio de 2009, 00:41 h (CET)
En sus más de 3 siglos de historia el Reino Unido se precia de nunca haber tenido un golpe militar o una guerra civil. Sin embargo, en estos días el ala izquierda del gobernante partido laborista acusa al sector de Tony Blair de estar implementando un golpe tipo británico para remover al primer ministro Gordon Brown.

En este llamado golpe británico no hay el ruido de los sables sino el de las renuncias de ministros. En tres días seis de ellos se han retirado. Esto que puede parecer normal en varias naciones latinas es inusual en la que se precia de ser una de las democracias más estables del globo.

Estas renuncias, a su vez, se han dado desde la víspera de las elecciones al parlamento europeo del 4 de junio. Estas han creado una imagen de descalabro justo cuando hay una consulta popular. Para los laboristas ‘radicales’ el sector ‘modernizador’ ha querido hacer que el partido sufra la peor catástrofe electoral de su historia reciente para así pedir la cabeza de Brown y mostrarlo como alguien quien nunca ha liderado al laborismo a ninguna victoria electoral (mientras que Blair es el único que ha llevado al partido de la rosa a tres victorias consecutivas en elecciones generales).

En Reino Unido los gobernantes no son electos directamente por el pueblo o depuestos por los cuarteles.

Brown llegó a ser mandatario sin que hubiese habido elecciones ya sea en su partido o a nivel nacional. El simplemente asumió el liderazgo del laborismo evitando que sus dos posibles contendores pudiesen tener el suficiente número de parlamentarios que les respalden para postularse contra él.

Gordon Brown se convirtió en el jefe del gobierno británico el 27 de junio del 2007 simplemente porque le hizo tan difícil la vida a Blair que el entonces primer ministro se vio obligado a dejar el cargo. Brown no asumió su cargo ante las cámaras sino en una reunión privada con la reina. El jamás ha llegado a sacar si quiera 30,000 votos (pues en Reino Unido los parlamentarios son electos por cada uno de los 648 distritos electorales). La soberana le nombró en su cargo pues el laborismo controla el 55% de la cámara de los comunes, pese a que en las elecciones del 2005 este partido solo obtuvo el 35% de los votos.

Brown pudo haber conseguido aval popular y haber convocado a elecciones anticipadas con las cual pudo haber logrado un claro mandato. Sin embargo, ante el temor que él pudiese achicar, en vez de agrandar, la amplia mayoría parlamentaria que el laborismo detentaba, él se negó a convocar a comicios.

En la medida que él dio la imagen de falta de coraje y de decisión al no adelantar las elecciones, y que la crisis económica empezó a hacerse sentir Brown empezó a bajar en las encuestas. En los comicios municipales de Mayo el laborismo perdió su principal baluarte (Londres). La recesión siguió calando y se agravó con el escándalo de que se revelase que parlamentarios y ministros habían abusado de sus cargos para reclamar muchos gastos públicos.

Antes de los comicios europeos del 4 de junio la política del Reino Unido estaba dominada por dichos escándalos y el alza del desempleo.

A los blairistas les fue creando la sensación de que ya era el momento de devolver la misma moneda a Brown y complotar contra quien antes complotó contra su líder. Mientras el poderoso The Sun (el diario de habla inglesa más vendida del mundo) llamaba a votar por los conservadores (cuando antes fue quien llevó y mantuvo en el poder a Blair) los ‘modernizadores’ del laborismo fueron creciendo en su disposición de buscar un remplazo a Brown.

La arrinconada izquierda del laborismo buscó una alianza con el centro brownista planteando que el primer ministro ya había dejado de hablar de ‘nuevo laborismo’ y estaba implementando regularizaciones y nacionalizaciones en la economía distanciándose de recetas blairistas.

Los blairistas, sin embargo, no parecen actuar de manera concertada pues algunos de ellos siguen en el gabinete.

No obstante, el llamado golpe pretende mostrar que el primer ministro carece de respaldo popular, ha sido incapaz de liderar un solo triunfo electoral laborista y, lo peor de todo, es que es incapaz de ganar las elecciones generales que deben darse a más tardar en mayo 2010.

Su objetivo es hacer que caiga el primer ministro para que él sea remplazado por una nueva figura cercana a Blair. Si eso pasase Brown se convertiría en uno de los pocos primeros ministros que nunca lideró a su partido en ninguna elección general.

Este domingo 7 se deberán conocer los resultados de las elecciones europeas. Allí es posible que el laborismo quede entre el tercer y el cuarto puesto, incluso por debajo del Partido pro Independencia del Reino Unido (UKIP), el mismo que no tiene un solo parlamentario. Mientras tanto, los resultados de las elecciones en varios municipios de Inglaterra muestran que el laborismo ha perdido la mayoría de las concejalías que detentaba.

Buscando adelantarse a esos resultados Brown viene recomponiendo su gabinete, aunque eso no es garantía que la crisis se siga ahondando, especialmente cuando se conozcan los resultados de las euro-elecciones.

Brown está en la cuerda floja.
El, sin embargo, no caerá por presiones de las calles o por una elección. Será, en todo un caso, un golpe parlamentario. Basta que un grupo significativo de parlamentarios laboristas pida una elección interna para que se fuerce a una crisis interna y a un proceso que podría acabar haciendo que el actual partido oficial sea quien decida, al margen de la población, quien deberá ser el nuevo primer ministro.

El laborismo empieza a calcular que su periodo de 12 años en el poder acabará a más tardar en 12 meses. La cuestión para éste consiste en cómo evitar que las próximas elecciones le minimicen tanto que le obliguen a estar fuera del poder no por poco tiempo sino por una generación.

Para evitar que el conservadurismo retorne al poder tras 13 años de ostracismo el laborismo podría intentar un golpe constitucional. Esto implicaría acabar con el sistema de representación parlamentaria uninominal (en el cual el partido que gana con una leve ventaja puede acabar controlando la mayoría de los distritos electorales y por ende al parlamento) para que Reino Unido siga el modelo europeo de la representación proporcional. Eso haría que liberales y verdes aumenten su cuota parlamentaria y que ambos junto al laborismo pudiesen detener a la derecha creando una coalición centro-izquierdista. No obstante, si el laborismo quisiese hacer ello correría el riesgo de sacrificar la posibilidad de volver a gobernar junto y abriría la puerta para una división (pues es el sistema actual el que obliga a que todas las alas del partido se mantengan juntas).

Mientras tanto la democracia más continua sigue viviendo el espectro de un golpe intra-partidario.

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