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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Europa?, ¿quién se fía de ella?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 6 de junio de 2009, 22:05 h (CET)
Serán cosas de la edad o, muy posiblemente, el efecto natural del cansancio de sobrellevar toda la vida esta “bota malaya” de la existencia, que no cesa de presionarte intentando convertir tu paso por este Mundo, en una especie de gincana que te obliga a tener que lidiar con las inteligencias gibarizadas de los cretinos que presumen de sabios y con los que se alimentan con el clembuterol de la fatuidad que se empeñan en enseñarte como tienes que comportarte, lo que debes creer, lo que debes aguantar y cómo debes vivir. El hecho es que, desde que tengo uso de razón ( si es que alguna vez lo he tenido), vengo escuchando los mismos argumentos, idénticas quejas, parecidos aspavientos y repetidas reflexiones sobre los mismo temas, como si la humanidad fuera incapaz de inventarse algo nuevo sobre lo que hablar, algo que no tuviese relación con los consabidos y trillados esquemas sociales sobre los que damos vueltas, una y otra vez, intentando imaginar algo nuevo que los saque de su insípida cotidianeidad; empeño inútil de retoñar lo que, por reiterado, carece de la frescura sugestiva de las ideas no desfloradas.

Y ustedes seguramente se van a preguntar ¿qué bicho le ha picado a este sujeto para que nos martirice con semejante preámbulo? Pues se lo voy a explicar. Hoy es sábado, seis de junio, del año del Señor 2009, vísperas de una más de la sarta de elecciones que he tenido que soportar durante los años de mi existencia y, una más de las aburridas, reiterativas, soporíferas, idénticas, interminables, vergonzosas, hiperbólicas e hiperpolitizadas campañas electorales en las que, diversas formaciones políticas me han convertido en el blanco de sus “oscuros e inconfesables deseos”, el único día de los 365 del año en el que les interesa buscar mi apoyo y el único en el que me voy a permitir demostrarles lo que pienso de todas sus promesas; declaraciones de intenciones; demostraciones de buena voluntad y sonrisas, si , sonrisas de todas las especies, desde la sonrisa de don Mariano Rajoy, algo así como la de un reestreñido sentado en la taza del WC, a la del señor Rodríguez Zapatero calcada de la del personaje Mr.Bean, representado por el inefable cómico ingles, Rowan Atkinson. Sonrisas en vallas publicitarias, en los spots televisivos, en grupo, en solitario, en revistas, en periódicos, por todas partes, persiguiéndonos, acorralándonos y presionándonos. ¡Vótenos porque somos los mejores!, ¡No vote a los otros porque son malos! ¡Yo soy el salvador de España! ¡Yo les daré el aborto! ¡Yo les daré el catalán!, ninguno de ellos dice: ¡Señores yo voy a hacer lo que pueda, pero seré honrado! Este sería al que votaría yo, pero, por desgracia no existe. Algo tan simple y tan fácil de decir, y sin embargo, todo el aparato de propaganda de los partidos, todos los sabios que se embolsan millones para diseñar las campañas, no han sido capaces de entender que lo que buscamos los ciudadanos es a una buena persona. ¿Recuerdan aquella película de Gary Cooper en la que representaba a un ciudadano de a pie?, sólo se trataba de un hombre bueno, ¡un don Nadie!, que consiguió arrastrar a multitudes de votantes con sólo su buen hacer, su entrega a los demás, su falta de ambiciones personales y su rechazo a la política de triquiñuelas y engaños con las que lo querían comprar.

Se nos ha dicho, por activa y por pasiva, que vamos a votar por una Europa unida, fuerte, capaz de superar la crisis, que se ocupará de los ciudadanos y que será capaz de imprimir un rumbo unitario y encontrar la verdadera solidaridad de todas las 27 naciones que la integran. Pero nos han mentido, si señores, ellos saben que esto ha fracasado, porque no han sido capaces de ponerse de acuerdo; de poner en funcionamiento una Constitución europea; de unificar sus políticas para enfrentarse a la crisis; de ceder en las ambiciones de cada nación en bien del conjunto de ellas; de ponerse de acuerdo en una política social común; de arbitrar un procedimiento para unificar la Justicia y las leyes precisas para crear una legislación comunitaria que sea aplicable a todas las naciones que la componen. Han tenido tiempo para hacerlo y, sin embargo, no han sabido hacerlo, no lo han conseguido.

Todos sabemos que, esta campaña no ha sido para explicarnos lo que van a hacer los candidatos que enviemos al Parlamento Europeo (aparte de embolsarse unas suculentas retribuciones), no señores, aquí en España, como en muchos otros estados europeos, lo que se ha puesto en tela de juicio es si el Gobierno lo ha hecho bien en su política interna o si la Oposición está en condiciones de ocupar su puesto para sacar a la nación de la crisis en la que se encuentra. ¿Alguno de ustedes ha sacado en limpio algo que haga referencia a nuestra misión en Europa? Yo, al menos, no. ¿Sabemos lo que va a hacer Europa por nosotros?, o ¿conocemos los planes del BCE para intentar superar la recesión, aparte de disponer de 60.000 millones de euros para tapar agujeros? Estamos en la inopia. Nos piden que les votemos pero estamos in albis de cuáles son sus planes para levantar la UE. Y es que, señores, para la federalización, sea de un país o de un conjunto de naciones, es preciso que cada una de las regiones o naciones estén preparadas para ello y acepten las servidumbres que forzosamente deberán pagar para integrarse en la comunidad. En EE.UU la cosa fue fácil, porque empezaron desde cero y poco a poco se fueron agrupando, sabiendo que en la unión estaba la fuerza, hasta llegar a lo que hoy constituye los Estados Unidos de América.

Europa es y ha sido un grupo de nacionalidades, un conjunto de individualidades muy celosas de sus fronteras, de sus culturas, de sus lenguas y de sus propios derechos cantorales ( poniendo el ejemplo de los landers alemanes) Si, en lo económico, en el mercado unificado, hemos tenido tantos problemas cuando se ha hablado de cuotas de mercado, de limitación en determinadas producciones, de ayudas y de prohibiciones; qué no sería cuando habláramos de sistemas jurídicos, de redes comunes energéticas, de ejércitos unificados; de lenguas comunes ( en EE.UU este problema es menor por existir el inglés como idioma común que nadie pone en cuestión y el español como lengua complementaria, sin que tenga otras pretensiones que el de poder ser usada por los castellanoparlantes) Resulta ridículo hablar de idiomas oficiales cuando tenemos, en España, ejemplos como el de Catalunya que se empeña en darle una dimensión supranacional a un idioma que, con trabajo y mal, pueden hablarlo 6 millones de personas. Con estas pretensiones, con el Rey en el cuerpo, va a ser muy difícil conseguir una Europa cohesionada que reme en la misma dirección. Por esto señores, como les he anticipado, voy a ejercer mi derecho a darles en las narices a todos los que me han pedido el voto, porque me lo voy a guardar para mí mismo. Como ya dijo Publilio Siro, el escritor latino, que fue esclavo en la Roma de César, en sus Máximas: “Está a salvo de cualquier peligro aquel que, aún estando seguro se mantiene en guardia”. Por si las moscas.

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