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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

¡Qué contrariedad!

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 6 de junio de 2009, 22:01 h (CET)
Digamos pronto, exagerando un poco, eso de que el sosiego y la calma no parecen ser propios de la palpitante realidad poblada de seres vivos. Se origina un fuerte contraste entre el anhelo de placidez, esa calma chicha que evitaría los esfuerzos; y una de las características más básicas de la vida, el movimiento perpetuo con los cambios derivados . Estamos ante unos deseos muy propensos a la generación de frustraciones, vienen a ser como una ALUCINACIÓN permanente; se desea casi un imposible, cuando nadie está quieto, cuando cada partícula genera fuerzas y ondas de desplazamiento. La quietud no parece factible. La comodidad tranquila no casa bien con el bullicio ocasionado por el vitalismo en plena acción.

Frente a las aspiraciones y anhelos referidos, en los entornos brujulea, se provoca, la INQUIETUD pertinaz. Se pone de manifiesto a lo largo de cada edad, en las geografías próximas o exóticas, en las circunstancias poco previsibles. Aún existen zonas de hambre y penurias, de fuertes luchas por la supervivencia elemental. Los ancianos afrontan una desconsideración cada día mayor, sufren el peso de los años, con el brote de amenazas nuevas. El paro o la violencia acaparan las escenas, con una crueldad carente de la más mínima justificación. Las gestiones económicas favorecen a los de siempre, la desidia del ciudadano medio, así como la inapropiada reacción institucional, multiplican esa congoja de cada sufridor. Por mucho que huyamos o disimulemos, estaremos inquietos por impulsos y estímulos variados.

No sólo la intuición, la querencia de cada quisque se aferra a la ley del poco esfuerzo; desde las afueras nos adornan abundantes panorámicas tranquilas, que lo sean es otra cosa. Las dos fuentes tienen rasgos engañosos, una por pereza personal, la otra por intereses ajenos. Hay un EMPEÑO contumaz en hacer ver lo que no es. Las ministras son muy activas en estos menesteres, desde aquella que silenciaba los socavones gigantes en Cataluña, el muestrario se agranda; la gripe entra y sale de los cuarteles a su antojo, hacen una nueva clasificación de seres vivos y prometen nuevas entregas apasionantes. No es que los ministros desmerezcan, ya saldrán empeños como los referidos. ¿Mansedumbre? ¿Domesticados? ¿Ofendidos? ¿Indiferentes?

Aunque, tal hallazgo nunca se acerca; cada persona, como tal entidad individual, es la gran olvidada en estos enfoques llenos de soluciones aparentes. Será lógico que abunden las FRUSTRACIONES si ya fallaban los planteamientos de base. La comodidad, el conformismo y las apariencias, nos prometían otras realidades; pero sus argumentos nacían equivocados. Si se nos ocurre detenernos en estos lamentos quedaremos muy malparados, totalmente expuestos a la maraña de seducciones inconvenientes. Con el agravante de la falta de entrenamiento. No estamos habituados a lidiar con la novedad briosa, ni para la elección de posturas extraíbles de fondos complejos, si no caóticos. Sin duda, un foco melancólico de poco futuro.

Los tiempos son propicios para este sujeto descentrado, cuando casi todo aparenta estar al alcance de un botón, o por eso mismo. Se sigue proclamando una cultura de lo fácil, de lo disponible sin cortapisas, a costa de la credulidad generalizada. Resulta más cómodo el seguimiento de la corriente, que poner de manifiesto a esa ESPIRAL mentirosa, aunque no será por falta de adeptos. Son tantos los propagadores de estos fenómenos, y tan poderosos, poderes económicos, tramas político-culturales, repetición de ideas en las grandes esfereas mediáticas o en las escuelas; que una exposición de argumentos en su contra está mal vista y resulta arriesgada. De nuevo se manifiesta el antiguo ostracismo. El pensamiento aislado queda arrinconado. Cabrá a renglón seguido la pregunta; ¿Si no piensan las personas, quién piensa por ellas?

Aquí se generaliza una personalidad concreta y curiosa, por lo homogénea y por lo común. En México se denomina sujeto IGUALADO a quien reúne estas condiciones. Es la persona que no sabe o no quiere guardar las distancias, que no diferencia las cosas, sobre todo en aquellas decisiones en las que hubiera resultado importante la diferenciación. Ese individuo tiende a la supresión de criterios y cualidades, no entran en sus cálculos, no distingue, no delimita, y por tanto, no realiza valoraciones. Es un concepto aropiado para la indefinición de los argumentos detectada en la alienación de la sociedad actual. Si para redondear, tampoco nos interesa la actitud de gente así y sus repercusiones; en ese caso, si sólo tratamos con la fuerza y con el bullicio, asumamos sin más las consecuencias.

No se trata de alguna excentricidad que otra, son actitudes de dimensiones populistas, con ellas se deciden elecciones, se fraguan decisiones ministeriales y se compromete al grueso de la ciudadanía. Se consolida una suerte de MAMOTRETO social corporativo, trenzado con los hilos arbitrarios de las fuerzas vivas; con rasgos totalitarios, por que cualquier oposición, por muy bien documentada que esté, no será admitida a los trámites establecidos. Ese ingenuo desacuerdo no será tenido en cuenta, tenga o no argumentos de peso. Pues bien, esos mamotretos deciden la escolaridad, las opiniones correctas, como debe eser la vida y la muerte; son las entretelas de una sociedad cada vez más agostada, por que sin razones diversas y su adecuada confrontación dialéctica, no podrá evolucionar un núcleo social vitalista. ¿A dónde nos conducen estos enfoques?

Los argumentos se sopesan y se entienden, pero sin ellos, ¿Qué se elabora? Y como al fin no somos capaces de cambiar la realidad de la vida, sus líneas maestras; cada hora que transcurre somos testigos y sufrimos los resultados de aquellos malos planteamientos. Vivimos las CONSECUENCIAS de aquellas renuncias. De manera especial, la pérdida del sentido de implicación y de la responsabilidad; cuando se delega cualquier asunto, o nos lo arrebatan, no tiene sentido exigirnos responsabilidades. Habremos creado otra forma de comportamiento social. Es la sensación moderna que traslucen, posibilistas a tope, nadie vaya a privarse por ningún remilgo teórico. ¡Si se puede hacer, que se haga! Estamos reclamando al gran poder la reparación de los desaguisados. Sin embargo, será difícil esa reparación si antes se fundieron los criterios.

Será lógica la expresión del lamento. ¡Qué contrariedad! Nadie se libra de semejantes actitudes, denostadas, pero que se imponen en los ámbitos de convivencia. Aparecen GRIETAS por todas partes. Habríamos dejado la credulidad al amparo de los representantes elegidos o impuestos, que de todo hay. Con una renuncia injustificada, sin criterios, ni decisiones elaboradas, ni razones abiertas; todo nos será dado administrativamente.

Aunque también desde los puestos de elevada gestión surgen los lamentos. ¡Qué contrariedad!, otra vez. Tampoco a ellos les salen las previsiones, la realidad es de otra manera, se les escapa de las manos; aunque ellos lo creían todo bien atado. Y es que, ni pasividad, ni imposiciones, el PUNTO MÁGICO está en la sana participación.

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