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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Las quejas de Mayor Oreja

Mario López
Mario López
sábado, 6 de junio de 2009, 08:44 h (CET)
Don Jaime Mayor Oreja se queja de estar siendo demonizado “por creer en lo que pienso”. Vaya tela. No es cierto que esté siendo demonizado y mucho menos por que crea en nada. Lo que ocurre es que hay un sector de la población a la que no le hace demasiada gracia que aún existan dirigentes políticos que, como él, consideran que el franquismo fue un régimen apacible.

El franquismo sí demonizó a prácticamente la mitad de la población española por el mero hecho, no ya de creer en lo que pensaba, sino de pensar. El franquismo prohibió textos tan satánicos como “El libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita. El apacible régimen de Mayor Oreja demonizó a los homosexuales hasta tal punto que les privaba del pasaporte para salir al extranjero. Los párrocos informaban a la Guardia Civil acerca de las costumbres y gustos de sus feligreses –fueran o no a misa- a efectos de expedir el preceptivo certificado de buena conducta. Las cárceles estaban llenas de obreros que pensaban que debían existir unos sindicatos libres y democráticos. El pobre que no cotizaba a la Seguridad Social no tenía derecho a la asistencia sanitaria gratuita. Claro, que el que sí la tenía tampoco contaba con una cobertura que alcanzara más allá de un vasito de jarabe para la tos. La salud era cosa de ricos. Pero Mayor Oreja piensa que eso era apacible y, como cree en lo que piensa, muchos sospechamos que Don Jaime cree que ahora estaríamos mejor como estábamos entonces. Y, claro, pues no nos hace ilusión pensar que, de repente, para que te curen un catarro vayas a tener que pedir un crédito al banco; máxime en estos tiempos de crisis, codicia y extrema usura. Pero nadie ha demonizado a Don Jaime. Nadie le ha privado de su pasaporte. De hecho, los españoles no sólo no le van a privar del susodicho documento sino que, además, el próximo domingo le van a dar un acta de diputado para que caliente sus posaderas en sede parlamentaria europea. Para que goce a su antojo de un buen sueldo y todo tipo de prebendas consuetudinarias al cargo. Para que disfrute del placer de vivir entre Bruselas y Estrasburgo. De bien nacido es ser agradecido, Don Jaime. Así que no se me queje y… ¡a currar!

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