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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

¿Cuánto se avergüenza usted de nuestros políticos?

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 6 de junio de 2009, 08:39 h (CET)
¿Cuánta vergüenza puede sentir un ciudadano después de oír a los próceres de la Patria? ¿Cuál es el límite del aguante ante el ridículo ajeno antes de que nos partamos de risa? ¿Seré un facha asqueroso si me río de Leire Pajín? ¿Y si la llamo tonta del bote? O mejor sería llamarla tonta del botafumeiro… por lo del incienso que echa a su líder. Hablar bien del jefe es uno de los deportes nacionales, tampoco es para extrañarse… si el jefe está escuchando, que es que este jefe siempre está escuchando. En todo caso, quien hable así de su jefe es un devoto meapilas o no tiene sentido del ridículo. O ambas cosas.

Me gustaría entrar en la cabeza de quien le haya escrito el discurso o de quien se lo haya reído o de quien se lo haya aplaudido, pero sobre todo me gustaría saber si ella es consciente de la patochada que ha dicho, de la simpleza exagerada que ha soltado, de la soplamemez en la que ha incurrido al comparar a Zapa con Obama. Creer que Obama tiene algo que ver con el socialismo, y más con el radicalzapaterismo, es como creer en las posibilidades democráticas de Fidel Castro. Comparar a Castro con Conrad Adenauer sería más apropiado que este parangón planetario a través del Atlántico. Compararlos es como comparar el sistema de seguridad social americano con el europeo.

Y comparar la presidencia de EEUU, ganada a pulso en muy serias elecciones, con el correturnos de la Unión Europea, en el que cada país preside seis meses porque sí, por automatismo, es de ignorantes atrevidos. Si además la afectada osa comparar el poder real, efectivo, auténtico, que significa ser el presidente del país líder política, cultural y militarmente con el triste papel de figurante que tiene la presidencia de turno de la Unión Europea a uno le entran ganas de correrla a boinazos, o barretinazos por atrevida deslenguada. A la que le van quedando dos o tres meses para ser relevada de su puesto, a ver si en cuantito acabe el verano le dan un nuevo destino. Hacia arriba, dados sus méritos. Pa echarse a temblar.

¿Cuánta vergüenza puede sentir un ciudadano después de oír a los próceres de la Patria? ¿Cuál es el límite del aguante ante el ridículo ajeno antes de que nos partamos de risa?

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