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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Rush y Newt están ganando

E. J. Dionne
E. J. Dionne
viernes, 5 de junio de 2009, 01:58 h (CET)
Un ambiente mediático que se inclina progresivamente a la derecha está oscureciendo lo que defiende el Presidente Obama y cerrando las opciones políticas que deberían formar parte del debate público.

Sí, ha leído usted correctamente: si duda de que haya una inclinación conservadora en los medios, considere los argumentos que escucha regularmente y los que no. Cuando Rush Limbaugh estornuda o Newt Gingrich twitea, sus opiniones rebotan de Internet a la televisión por cable directas a los medios tradicionales. Es notable el éxito que tienen a la hora de fijar lo que pasa a la agenda informativa.

El poder del eje Limbaugh-Gingrich significa que Obama es representado con regularidad como alguien de la extrema izquierda de un espectro político sesgado. Es el individuo que designa a "una racista" a ocupar la vacante del Supremo, que quiere debilitar la defensa de América contra el terrorismo y que propone una masiva absorción pública del sector privado de la economía. Steve Forbes, escribiendo de su publicación, llegó recientemente a comparar las políticas económicas de Obama con las de la Argentina de Juan Perón.

Los Demócratas son cómplices en la consolidación de Gingrich y Limbaugh como los principales portavoces del Partido Republicano, puesto que Obama sale mucho mejor parado en las encuestas que ellos dos. Pero los medios de comunicación desempeñan un papel independiente al tratar con regularidad opiniones de extrema derecha como posturas centristas e ignorando en gran medida críticas de Obama que proceden de funcionarios electos de la izquierda.

Esto quedaba en evidencia en la conferencia anual celebrada esta semana de la Campaña por el Futuro de América, el colectivo progresista que apoya a Obama pero que está inquieto por la cercanía de sus asesores económicos a Wall Street, por el tiempo que nuestras tropas tendrán que permanecer en Afganistán, y por lo mucho que está dispuesto a comprometer para garantizar la reforma de la sanidad.

En otras palabras, no ven a Obama como la parodia creada por la extrema derecha, sino como realmente es, un político de valores progresistas con tendencias moderadas que ha llegado a la mitad del camino a la hora de abordar la crisis económica, la sanidad, Guantánamo y la guerra de Afganistán.

Mientras las peroratas de la derecha reciben cobertura integral, casi nunca se escucha al tipo de miembros progresistas el Congreso que participaban en el panel del colectivo el martes. Los Representantes Jared Polis, de Colorado; Donna Edwards, de Maryland; y Raúl Grijalva, de Arizona, dijeron cosas agradables del presidente -- son Demócratas, después de todo -- pero también cuestionaron algunas de sus políticas.

Los tres, por ejemplo, se opusieron apasionadamente a su enfoque militar en Afganistán y quieren celebrar un debate serio acerca de las implicaciones de la estrategia de Obama. “Si no planteamos ahora estas preguntas," decía Edwards, “las plantearemos dentro de 10 años -- lo garantizo.”

Polis habló de cómo la extraordinaria herencia progresista de Lyndon Johnson "se verá siempre eclipsada por Vietnam" y decía que los progresistas que cuestionaban la política exterior de la administración simplemente intentaban "proteger y pulir la herencia del Presidente Obama evitando que Afganistán e Irak se conviertan en otro Vietnam.”

Como es el caso, estoy más cerca del trío progresista que de la opinión de Obama en el asunto de Afganistán. Pero ¿por qué son acalladas sus voces cuando están planteando motivos legítimos de preocupación al tiempo que las diatribas de Limbaugh son amplificadas? ¿No es Afganistán un tema de debate más importante que un simple comentario de la juez Sonia Sotomayor acerca de la inteligencia relativa de las latinas?

Polis, Edwards y Grijalva también observaron que las propuestas de un sistema sanitario con un fondo común del estilo canadiense, del que ellos son partidarios, han desaparecido del radar político. Polis animaba a su audiencia a aceptar la realidad por ahora y centrar sus energías en asegurarse de que una opción de protección pública, conocido en círculos políticos como "el plan público," forma parte del menú de opciones ofertado por un sistema sanitario reformado.

Pero Edwards observaba que si el plan público, un compromiso ya con respecto al sistema de fondo común, es definido como la postura de la izquierda en el debate de la sanidad, el debate entero se desplaza a la derecha. Esto hace mucho más probable que cualquier opción pública incluida en la forma final de la ley sea una versión aguada de la idea original.

Su idea tiene aplicación más genérica. A pesar de todo el debate acerca del romance de los medios con Obama, hay una profunda y en gran medida inconsciente parcialidad conservadora en el debate político de los medios. La gama de opiniones aceptables discurre de la izquierda moderada a la extrema derecha y excluye las perspectivas progresistas más vigorosas.

A los Demócratas les encanta pensar que Limbaugh y Gingrich están debilitando al bando conservador. Pero ¿sabe qué? Al empujar a la derecha a los medios, Rush y Newt salen ganando.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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