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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La Feria de los tragafuegos

Kathleen Parker
Kathleen Parker
viernes, 5 de junio de 2009, 01:49 h (CET)
Antes de los acontecimientos recientes, tenía intención de escribir acerca del problema de comunicación que tiene el Partido Republicano con el titular: "Matar al mensajero.”

El asesinato del domingo del médico abortista George Tiller convierte en inapropiado mi título, pero la idea sigue vigente.

El adagio, por supuesto, es “(BEG ITAL)No(END ITAL) matar al mensajero,” que significa que no debemos culpar necesariamente a la persona que transmite las malas noticias. Para el Partido Republicano sin embargo, el problema no es tanto el mensaje. Es el mensajero.

Por grotesca coincidencia, el crimen de Tiller subraya la idea.

Viene siendo desde hace tiempo un problema del Partido Republicano que algunas de las posturas apreciadas por el partido son suscritas con entusiasmo por personas cuyo apego a la realidad es en ocasiones… tenue. Esto es especialmente cierto en el caso del aborto.

Ciertamente existen argumentos seculares atractivos contrarios al aborto que se puede estar perfectamente dispuesto a escuchar. Después está Randall Terry.

Terry, el colorista fundador del colectivo Operación Rescate, no representa al Partido Republicano, sino que es la cara más familiar del movimiento antiabortista. Cuando el Presidente Obama pronunciaba hace poco el discurso de Notre Dame, para liderar las protestas aparecieron no sólo Terry sino el igualmente extraño maestro de ceremonias Alan Keyes.

En lugar de convencer a la gente de pensar de manera diferente acerca del aborto, el sainete Terry-Keyes deja a una deseosa de extender cheques a nombre del colectivo abortista Planned Parenthood. Y los católicos inteligentes, perfectamente capaces de exponer sus objeciones a la invitación presidencial a la principal Universidad católica de América, quedaron de pronto retratados en el marco de folloneros que restan validez al mensaje.

Tal es el constante dilema del Partido Republicano: ¿Cómo se difunde el mensaje cuando el mensajero es un obstáculo?

Ahora llega un fanático con un arma de fuego. Voy a ser clara: no pretendo comparar a Terry ni a Keyes con el que disparó. Los primeros son manifestantes apasionados; el segundo es un asesino.

Tampoco voy a unirme a aquellos que dicen que el presentador Bill O'Reilly y los demás que durante años han hablado contra Tiller son de alguna manera responsables de su asesinato. El hombre que apretó el gatillo es el responsable de la muerte de Tiller. Sin más.

Dicho eso, los tragafuegos de la derecha no son de ayuda, al margen de cuál sea la causa. Pueden movilizar a los votantes, pero los votantes Republicanos se están convirtiendo en una isla distante de la América de referencia. Todos los demás se alejan.

Con precisión o no, el contingente de derechistas extravagantes está dominando cada vez más la percepción que tiene la opinión pública del Partido Republicano. Y, con justicia o sin ella, esa percepción facilita que personajes como Scott Roeder, el sospechoso del crimen, se asocien con el partido.

La historia de Roeder está saliendo ya a la luz para revelar un carácter de derechas de los de armas tomar. Detenido con anterioridad por posesión de explosivos, Roeder se vio atraído hace mucho por los Montana Freemen, más conocidos por plantar cara a agentes del FBI en un tiroteo en 1996. La exmujer de Roeder declaraba a Associated Press que se había vuelto "muy religioso, del Antiguo Testamento, del estilo ojo por ojo. … Que todo lo que le motivaba era la oposición al aborto. 'La iglesia es tal cosa. Dios es tal otra.' Bla, bla.“

De veras que sí.
Ciertos comentarios en la red llegan a aludir a Roeder como "el terrorista cristiano.” Veamos: cristiano, partidario de llevar armas, contrario al aborto. Suena Republicano, ¿verdad? Ah, y es sospechoso de un asesinato. Haga sus deducciones.

No, no es justo. El Partido Republicano no puede controlar quién se une al partido, y los Republicanos no tienen la exclusiva de los dementes perdidos. Pero lo que tienen los Demócratas que falta a los Republicanos es una voz moderadora para neutralizar a los personajes más estridentes del partido. Mientras que los Demócratas tienen a Obama, los Republicanos están encajonados con el chillón de turno.

Se puede argumentar de manera convincente que los medios tienen parte de la culpa a la hora de perpetuar la caricatura conservadora, pero el Partido Republicano ha contribuido a la distorsión cortejando a sus elementos menos racionales. Aún frescas en nuestra memoria están las últimas presidenciales -- una extraña temporada que se puede atribuir a la desesperación si no fuera por el historial previo en momentos de prosperidad política.

Dos palabras: Terri Schiavo. Durante aquella debacle de la Operación Rescate de 2005 -- rematada con vigilias y lamentos -- Bill Frist, por entonces secretario de la mayoría en el Senado y médico en ejercicio, daba credibilidad a los enanos del circo diagnosticando a Schiavo a través de un video y desafiando las demás opiniones médicas de que se encontraba en un estado vegetativo irreversible.

Y no olvidemos la forma en que el Partido Republicano gestionó la carrera presidencial al Senado en el año 2004 en Illinois contra un tal Barack Obama. Insertaron a su propio afroamericano, Alan Keyes nada menos. Funcionó bien.

Nunca deberíamos matar al mensajero, no habría que decirlo. Pero hasta que los Republicanos marginen a los que pertenecen a los márgenes, no van a atraer nuevos reclutas. Y los mensajeros seguirán eclipsando el mensaje.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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