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La antenora y los gurús...

Ángel Morillo Triviño
Redacción
viernes, 5 de junio de 2009, 00:54 h (CET)
De la economía, ni que decir tiene, para esos estamos en crisis.

Aunque hay quienes sostienen que, más que una crisis, lo que está ocurriendo es un descarado “saqueo” o, si lo prefieren, un “sablazo” por parte del gran capital.

Servidor –que está muy cercano a los que así piensan-, además, cree, desde luego y ojalá que yerre, que todo lo que está pasando conlleva un enorme riesgo de que nos encontremos, en cualquier momento y lugar, con una más que grave crisis política y social.

Y reflexiona de ese modo, por dos razones elementales: Porque la política ha alcanzado un grado elevadísimo de nepotismo y de despotismo y de corrupción, no sólo en nuestro País (y más en sus autonomías, en algunas de manera bochornosa y falta de la más peregrina ética del ser) sino en, prácticamente, todos los confines del planeta; y porque estamos sometidos a un permanente abuso de las rentas del capital que tienen “echado el freno de mano” a los salarios y contraído el consumo, de manera muy singular y espartana en España.

De lo primero –nepotismo y despotismo y corrupción en la política- escribiré en otra ocasión, ya que, el tema entusiasma a cualquiera que sea una persona sensible y uno, por desgracia –o quizá no- lo es en demasía. Y, por descontado, porque para eso es escribidor.

Así pues, vamos con lo segundo, los salarios, el consumo…, y todo lo que subyace en ello.

La crónica del suplemento “negocios” (31-05-09) de un periódico de tirada nacional dice, referido al tema que nos ocupa, textualmente en algunas partes de su primer párrafo: “Desde principios de la década de los noventa, la sociedad española viene conformándose como la resultante de un mercado de trabajo dual”. “…trabajadores y asalariados que disponen de contratos fijos, protegidos por normas estrictas de indemnización y derechos legales adquiridos frente a un universo laboral cada vez más amplio de trabajadores a tiempo parcial, frecuentemente precario, que impide por su propia naturaleza fragmentaria el aprendizaje del oficio o profesión, con niveles muy bajos de retribución –los mileuristas, que bien pudieran ser la nueva clase social dominante- y sin derechos acumulados…”. “…el volumen de trabajadores con contratos permanentes tiende a disminuir en beneficio de la contratación temporal o parcial…”. “… fenómeno, agudizado por la presión competitiva de países con mercados de trabajo sin derechos y con salarios próximos a la miseria, que ha exacerbado las hipótesis sociológicas de que a medio plazo la contratación fija en los mercados occidentales quedará reducida a un grupo exiguo de privilegiados, atareados en labores de cierta complejidad, mientras que el volumen mayor de trabajo, de menor calificación, es servido por la mayor parte de la población asalariada a través de contratos irrisorios y sin derechos”. ¡Qué futuro!

No hay la menor duda de que los salarios cotizan a la baja –más en España-, con el consiguiente problema del consumo y, sobre todo, de la baja productividad y de la escasa formación.

No en vano, estamos ya a las puertas de los 12 millones de trabajadores considerados “mileuristas” y, analizando datos, podemos comprobar cómo en el año 2006 el sueldo medio era de 19.680 €/año y en el año 2002, cuatro años antes, era de 19.802 €/año, superior, aunque parezca increíble. Y es más increíble aún si tenemos en cuenta que hablamos del periodo de mayor bonanza de la economía y sin tener en cuenta la inflación.

No digamos ya si nos remontamos a 1995 cuando el salario medio era de 16.762 €/año y por lo que para adecuarse a la subida de precios experimentada en la década tendría que situarse ahora en torno a los 24.000 €/año (de soponcio para el Sr. Ferrand).

Sí, por supuesto, los sueldos se han desplomado pese a la prosperidad (de algunos en particular y en algunas CCAA) económica e independientemente del signo político del partido en el poder en los últimos años. La riqueza creada en esos años ha ido a incrementar principalmente las llamadas rentas del capital y, para colmo, el futuro ya está aquí: impuestos a gogó para el trabajo y exención de los impuestos directos de los ricos que van a desaparecer (como el de Patrimonio, por ejemplo) o se van a sustituir por gravámenes indirectos para que no sean necesarios los “paraísos fiscales”.

En fin. Pienso que este País está cometiendo un error monumental, del que nos costará mucho tiempo salir, en el tema de relaciones laborales, costos sociales y laborales, productividad, formación ocupacional y SALARIOS.

Vean –sólo una pequeña muestra- lo que ocurre en otros sitios y lo que piensan algunas eminentes personas de ello:

“La postura de la patronal española y del Sr. Campa (que se supone no es socialista), secretario de Hacienda, de bajar los sueldos para crear empleo es empíricamente errónea. Noruega y Suecia tienen mayores tasas de creación de empleo que USA y sus salarios son mayores”. “La existencia de grandes sectores de la población forzados a tener salarios bajos determina la baja productividad de la economía y sean las circunstancias las que sean, la bajada de los salarios es síntoma de una economía enferma”. “A mayor jornada laboral, menor productividad. Por cada hora trabajada (38,3 h/semana) España está en productividad un 44% por detrás de Francia y Holanda y un 38% de Alemania. Salarios altos y horarios más cortos dan mayor productividad”. “Los empleados que reciben formación en España pagada por la empresa son el 20% y pagada por ellos el 11%, lejos del Reino Unido (42% y 6%), Alemania (26% y 4%) y a años luz de Suecia (53% y 7%) o Finlandia (56% y 8%). En resumen: en cursos pagados por los trabajadores estamos los terceros de la UE-27, mientras en los pagados por las empresas ocupamos el puesto 22”. “¿Cómo lograr mejorar la innovación y la productividad? El problema no son los salarios. Una economía donde más del 40% de los empleados gana menos de 1000 € no tiene problema salarial. Tampoco está en las ayudas públicas. Gastamos mucho en bonificaciones a la contratación (para que luego pidan bajadas de las cotizaciones sociales) y demasiado poco en formación de los trabajadores. Antón Costas, catedrático de política económica de la U. de Barcelona”. “La tasa de temporalidad forzosa de España dobla la media europea y es también del doble que la de Alemania, Francia, Italia y Suecia y casi diez veces más alta que la de Inglaterra. Casi el 30% de los asalariados tiene contrato temporal al que sólo corresponden ocho días de despido o nada”. “A modo de comparativa salarial: Los altos cargos del Estado (547) se suben la nómina, a pesar de la crisis, el triple que la inflación y cobran de media 154.034 €/año brutos y los 82 consejeros del IBEX cobran una media de ¡2,2 millones de €/año! sin contar aportaciones a planes de pensiones ni gratificaciones extraordinarias o incentivos plurianuales”. “Si la renta nacional se hubiera repartido mejor, con beneficios más bajos y salarios más altos, la economía habría sido más estable. Si las fortunas dedicadas a la especulación se hubiesen distribuido, en forma de precios más bajos o salarios más altos, habríamos podido evitar o, por lo menos, atenuar la crisis. Josep Borrel”. “El consumo es uno de los elementos básicos del crecimiento. Es importante no constreñir el poder adquisitivo de los trabajadores porque sin demanda no hay producción. La reducción de los salarios supone una pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de la población y aumentará la desigualdad en la distribución de la renta. Carme Massana, profesora de política económica de la U. de Barcelona”.

¡Vaya! No hace falta decir más para entender que este País nuestro, España, está económicamente fundido, derretido, diría yo.

¿Y quiénes son los responsables de este desaguisado? Los gurús económicos, digo yo.

En primer lugar, es mi modesta opinión, sus máximos responsables políticos: Los Presidentes del Gobierno que hemos tenido. Uno socialista y otro popular fundamentalmente.

El primero, el socialista, porque siendo una persona de la izquierda, de un partido que tiene en sus siglas la “O” de obrero, sólo ha tratado de conseguir su seguridad, la de los que lo secundaban y la de su partido vendiéndose al capital para disponer de los medios económicos que le garantizaran la continuidad en el cargo, sin importarle que a los trabajadores les estaba prestando un flaco favor y estaba dilapidando elementales derechos que habían costado hambre, sudor y hasta sangre. Socialdemócrata parece ser que es ahora, ya consumada la mendacidad que le llevó, para lograr sus miserables propósitos, a crear los contratos basura e incluso a “secuestrar” el valor más tangible de los trabajadores, el sindicalismo.

El segundo, el popular, porque, sin entrar en consideraciones que encojen el alma cuando se las recuerda, hizo todo lo que estaba en su mano para volver a instaurar un régimen policial de abuso, subyugación, humillación, elitismo de las clases privilegiadas, protección inconmensurable de la clerigalla opulenta, desprecio absoluto por los menos favorecidos y, cómo no, fomento en grado alarmante del nepotismo y del despotismo. Quiso volver a una sociedad formada por Césares (él y los suyos) y esclavos (todos los demás).

En segundo lugar, el mundo sindical. Sus máximos representantes sustancialmente, pero también toda la sinecura que arrastra detrás. Qué pena de, en otros tiempos grandes luchadores por los derechos de la clase trabajadora, “sindinadas” vendidos al dinero para vivir sin dar palo al agua y tener una posición de privilegio.

En tercer lugar, la patronal. Los responsables de este fiasco descomunal que no son, la mayoría, empresarios, sino auténticos especuladores sin la más ínfima catadura moral.

Y cuarto, la banca. Usurera con los ciudadanos hasta límites de justicia bananal y condescendiente, de condonación sin restricciones y servicial hacia quienes legislaban para permitir sus atropellos desconocidos para el gremio en la más ancha faja mundial.

Ya, para terminar, como apéndice, todos esos Presidentes de las CCAA que han comulgado con los anteriormente señalados y han hecho, pesara a quien pesara, lo que la partidocracia antidemocrática les encomendaba.

Todos tendrán que purgar sus “culpas” –ojalá que tarde mucho- en ese lugar del infierno, reservado para los felones, que se denomina: La antenora.

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