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Etiquetas:   Política   PSOE   -   Sección:   España

Susana Díaz de gris

El discurso de Susana Díaz, largo, no fue como el atuendo: El negro, del vestido, y el blanco, de la chaqueta
José Luis Heras Celemín
jueves, 19 de mayo de 2016, 09:51 h (CET)
Como advirtió ella misma, hacía más de dos años que la Presidenta de la Comunidad Autónoma Andaluza, Susana Díaz, no participaba en un foro de los de la capital de España. Lo hizo esta mañana, en el Foro Europa que convoca Nueva Economía Fórum en el hotel Ritz de Madrid, en plena fiesta isidril madrileña, y no por afición taurina sino porque «con lo que está pasando en España, todos tenemos responsabilidad y debemos aportar nuestro granito de arena. Por eso estoy en Madrid», diría.

Esa fue su justificación para “reaparecer en Madrid” a los 5 meses de unas elecciones «que no han servido para dar estabilidad y formar gobierno».

Para la ocasión había elegido un atuendo con los colores negro y blanco. Negro para el vestido y blanco para una chaqueta de firma sobre la que se posaban la curiosidad de muchos, miradas en busca de respuestas y su conocida melena rubia.

Pero la intervención resultó gris, tras una presentación del economista José Carlos Díez larga, acaramelada, dulzona y con alguna frase fuera de sitio (“Que inventen ellos”, de Unamuno); mezclada con series de datos apropiados para según qué lugares o platós, pero improcedentes en boca de un profesor que presentaba a la Presidenta de una Comunidad Autónoma; y tan inapropiados que provocó los consiguientes comentarios en las mesas de la prensa: «Debe producir sonrojo que te presenten así», «Ha confundido la presentación con un mitín», «La cara del patrocinador del evento (el “popular” Fajardo, que preside Red Eléctrica de España) es todo un poema», «¡Qué bochorno!»

El discurso de Susana Díaz, largo, no fue como el atuendo: El negro, del vestido, y el blanco, de la chaqueta, no aparecieron nítidos en la exposición de ideas esperada, por entre las propuestas que deberían haber asomado, ni en las determinaciones que deben animar la acción de toda persona que ocupe la posición de líder. Ambas, ideas, determinaciones y propuestas, quedaron difuminados en medio de una especie de nebulosa impropia del ambiente, al margen de la audiencia y ajena a las esperanzas que despierta.

En su lugar, el discurso de “la dama andaluza” se convirtió en un sermón próximo a la perorata, teñido de un gris pálido con conceptos confusos, argumentos sin consistencia y asertos más propios de siestas y canículas que de una mañana en la que se esperaban ideas, razones, decisiones; y determinación para ponerlos en práctica.

A medida que fue avanzando en su disertación, en el ambiente apareció una especie de confusión pautada que copó mentes y salones; y que puso en evidencia el dilema al que se enfrentaba la oradora: Seguir en la situación actual, de comodidad fastuosa con el boato confortable del Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de Andalucía. O armarse de arrojo para “dar el salto a Madrid”, recalar en un despacho oscuro en la calle de Ferraz, sede del PSOE, y tratar de hacerse con las riendas del partido para enfrentarse a la situación nacional ofreciendo propuestas socialistas.

Pero, Susana Díaz, en su reaparición en Madrid, había optado por el gris. Por eso, en su intervención sólo hubo frases, algunas afortunadas y otras no tanto: «Las elecciones son una solución, pero no la mejor solución», «Mi partido ha buscado una salida, pero no ha sido posible por falta de apoyos» «Lo grave es que los intereses particulares de las fuerzas políticas dificultan formar gobierno», «Quien cierre la puerta al diálogo y al acuerdo cierra la puerta a la estabilidad», «Es absurdo ver quien tiene más culpa» «Pensar soluciones..., España no se merece estar sin gobierno», «Hay que revertir la situación..Gran acuerdo para el empleo,....diálogo..., Pacto de Toledo», «Gran debate para decidir entre todos qué queremos», «Habrá que afrontar la Reforma de la Constitución..., cumplimiento de objetivos de déficit...», «No se trata del reparto de una tarta, sino de otra cosa. Esto es lo que esperan los ciudadanos del 26-J», «8% del PIB mundial en paraísos fiscales.., combate contra el fraude..Control de paraísos fiscales, nueva gobernanza mundial», «Definir de qué Europa queremos formar parte»...

- “Como Presidenta de Andalucía puede valer, pero está lejos de poder liderar España”- dijo alguien.

- Van tres cuartos de hora. Ya debería haber acabado. Es que, aunque no diga nada, si habla mucho le preguntarán poco - le respondieron.

Era evidente y llamaba la atención. Había citado cuestiones genéricas y grises de la realidad, pero sin entrar en los temas de liderazgo interno que acucian al socialismo hoy. Tras el comportamiento socialista poselectoral y el protagonismo del Secretario General de su partido, ni una idea, crítica o propuesta. Sólo palabras; y la continuación del conato de mitin de su presentador.

- Ha necesitado 41 minutos, medidos en cronómetro, para citar el nombre de Pedro Sánchez - precisó una periodista.

Más frases: «Frente a pretensiones de populismos, recesiones y falta de respuesta», «¿Cambio, aunque no se sepa a dónde conduce?», «Acuerdos... No es posible reformar la Constitución sin el PP... Yo era una niña cuando la Transición... Con la actitud de hoy, la transición sería imposible»

Y dos finales: «Quiero mucho al PSOE, pero los grandes éxitos del PSOE fueron cuando confiaron en él los no socialistas», «Gran Debate Nacional con la tarea (impuesta) de buscar lo mejor para España». Ambas buscando un aplauso que surgió tímido. Oteando unos qué hacían otros; y calibrando todos la consistencia del aplauso, las vehemencias y silencios.

Al salir, en un corrillo se resumía el acto:

“Sánchez estará tranquilo. Susana ha demostrado que está muy a gusto en Sevilla” (diputado del PP)

“En vez de dedicarse al tiro al pichón (Pedro Sánchez), hoy ha dejado que vuele el pájaro y ha optado por el tiro al plato” (socialista crítico).

“Pero con balas de fogueo para no asustar al personal” (Periodista de TVE)

“O para entretenerlo” (Una mujer, periodista de digital)

En el hall, con séquito variopinto en dirección a la calle, Susana Díaz prodigaba besos, sonrisas y saludos. Iba con vestido negro, chaqueta blanca. E imagen política gris.
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