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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La "radical" que no lo es

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 4 de junio de 2009, 08:38 h (CET)
Si Sonia Sotomayor es una activista radical impaciente por escorar a la izquierda la ley o por dictar sentencia en función de caprichos personales en lugar de mandamientos constitucionales, ha hecho una impresionante labor ocultándolo todos estos años.

Lo asombroso de la acusación contra Sotomayor es lo escaso de las pruebas. Las ya famosas 32 palabras acerca de una jueza latina sabia. Su voto -- parte del voto unánime de un panel de tres jueces -- contra los bomberos blancos a los que se negó el ascenso. Los comentarios de YouTube acerca de jueces que promulgan política. Y no hay mucho más.

Esta es una mujer con más años en el estrado que ningún candidato al Supremo de los últimos 100 años. Durante ese tiempo, cabría pensar que hasta el juez más centrista habría proporcionado alguna munición a los críticos -- tal vez liberar a un delincuente especialmente desagradable en virtud de algún tecnicismo. Si Sotomayor es la juez radical del imaginario conservador, ciertamente tendría que haber algún rastro administrativo más.

Excepto que no lo hay -- al menos por lo que sabemos hasta el momento. Un examen de las resoluciones de Sotomayor evidencia a una jueza exhaustiva que tiende a decantarse por la fiscalía más que por la defensa de delincuentes; que ha sido escéptica con la mayor parte de las denuncias de los colectivos de derechos civiles que han llegado hasta su sala; y que, en la medida en que se ha decantado en casos relativos al aborto, se ha alineado decididamente en contra del bando abortista. No es apta para ser David Souter al revés -- una elección Demócrata que resulta ser un conservador encubierto. Pero no hay pruebas de que sea ajena a la corriente izquierdista del tribunal actual.

Tómese una de las pocas acusaciones vertidas contra Sotomayor: su resolución, de nuevo como parte de un panel unánime, de que la Segunda Enmienda no se extiende a las regulaciones armamentísticas locales y estatales. El tribunal dictaminó que fue limitada por el veredicto del Supremo de 1886 que afirma que la Segunda Enmienda es "sólo una limitación a las competencias del Congreso y del gobierno nacional, y no a las del estatal.” Este es el tipo de contención que los conservadores dicen querer, al menos hasta que el resultado no les favorece.

Y a pesar de todo el alboroto con el veredicto de Sotomayor en el caso de los bomberos, los precedentes en general apoyan el retrato de Sotomayor que hace Rush Limbaugh como "racista al revés.” Tom Goldstein, de ScotusBlog, analizaba 96 casos más relativos a la raza juzgados por Sotomayor. Concluía que desestimó las denuncias de discriminación en 78 ocasiones y se decantó en favor de aquellos que denunciaban discriminación en 10. (Los ocho restantes fueron resueltos por la vía conciliatoria.) Sotomayor se distanció de sus colegas en sólo cuatro casos relacionados con la raza -- para respaldar a la parte que denunciaba discriminación solamente en uno. Si Sotomayor está practicando una política de minorías, no anda muy atinada.

En un caso, Sotomayor desestimó la denuncia presentada por dos pasajeros afroamericanos de una aerolínea que fueron abandonados en tierra a causa de su raza. Ella sostuvo que la demanda estaba recogida en un tratado internacional de tráfico aéreo incluso si el pacto no proporciona compensación a las demandas por discriminación.

En otro caso, Sotomayor se distanció de un veredicto en el que el Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York podía despedir a un agente blanco por enviar por correo, de manera anónima y desde su casa, materiales racistas a una organización de caridad que le había solicitado donaciones. Aunque los materiales eran "patentemente ofensivos, odiosos e insultantes," resolvía Sotomayor, el tribunal se equivocaba al "aceptar por definición tres décadas de jurisprudencia y la centralidad de las libertades amparadas en la Primera Enmienda dentro de nuestras vidas porque se enfrente a un tipo de discurso que no le gusta.”

Se ha decantado en favor de manifestantes antiabortistas que denunciaron que la policía utilizó una fuerza excesiva a la hora de dispersarlos en los exteriores de una clínica. Rechazó revocar la política federal que prohíbe que fondos destinados a organizaciones internacionales de planificación familiar vayan a organizaciones que practican o promueven abortos.

McClatchy Newspapers repasaba los 90 veredictos penales de Sotomayor resueltos desde 2002 y concluía que se decantó por la fiscalía en 65 y con los demandantes o el reo en 25. Sólo en una ocasión desestimó la acusación. Sotomayor ratificó la condena de un hombre de Nueva York por posesión de pornografía infantil; aunque la orden judicial del registro de su casa no logró demostrar causa probable, ella permitió que se utilizaran las pruebas incautadas en el proceso porque los agentes de policía actuaban de buena fe. Imagine que la cosa hubiera sido al revés.

Puede que Sotomayor la radical esté aguardando su momento, esperando el día en que la libertad de una vacante en el Supremo la libere de los precedentes y la moderación. Puede que el primer lunes de octubre se cuadre en la escalera y se ponga a cantar "la internacional.” Pero los precedentes sugieren que la primera situación es tan improbable como la segunda.

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