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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El desafío Burris

David S. Broder
David S. Broder
miércoles, 3 de junio de 2009, 10:01 h (CET)
Cuando fue elegido presidente, Barack Obama heredó a Harry Reid como secretario de la mayoría en el Senado; la elección no estaba en sus manos.

Cuando el Demócrata de Illinois fue elevado a la Casa Blanca, Reid heredó a Roland Burris como sucesor de Obama en el Senado. Reid habría preferido a cualquier otro con total certeza.

Pero ahora los tres -- Obama, Reid y Burris -- están ligados de una forma que plantea un desafío a los Demócratas en vísperas de las elecciones a la Cámara de 2010.

El dilema salió a la luz la noche del pasado martes cuando Obama pronunciaba un discurso en un acto de recaudación de 2 millones de dólares en fondos en Las Vegas, diseñado para alimentar las arcas de campaña de Reid con vistas al año próximo.

Obama, durante sus comentarios en el acto celebrado en el Caesars Palace, elogiaba los humildes orígenes de Reid en Searchlight, Nev., y comparaba su éxito con el de Sonia Sotomayor, la ex residente de las viviendas de protección oficial del Bronx que Obama había designado horas antes para ser la primera hispana del Tribunal Supremo.

Obama decía que todas sus historias demuestran que en América, aquellos que "no nacimos con ventaja... podemos llegar adonde queramos.”

Pero a veces, en el duro mundo de la política en especial, el camino al éxito no es tan directo. A veces, aquellos que se quedan rezagados en ese camino exigen una compensación.

Esa es la situación a la que se enfrentaba Burris, otro político consumado, cuando ponía sus ojos el pasado noviembre en el escaño del Senado que quedaba vacante tras Obama.

El acosado gobernador de Illinois, Rod Blagojevich, recaudaba dinero a marchas forzadas con vistas a una apuesta por un tercer mandato en el año 2010, apresurándose para salvar el vencimiento del plazo ese año tras el cual entrarían en vigor nuevas limitaciones a la recaudación de fondos.

En una grabación desclasificada el martes por un juez federal, justo mientras Obama volaba al oeste para unirse a Reid, se escucha al hermano del gobernador, Robert, confiando en Burris para recaudar más dinero.

Antes de prometer nada, Burris dice, “Estoy muy interesado en intentar reemplazar a Obama, de acuerdo.”

“Tú y 1 millón de personas más," responde Robert, insinuando lo cara que la puja podría ser.

Burris explica su dilema: “Si celebro ahora un acto de recaudación de fondos... tendrá muchas connotaciones negativas, (incluyendo) que Burris está intentando comprar un nombramiento.”

Intentando ayudar al gobernador de alguna otra forma, Burris agrega, “Tanto Rod como yo vamos a sudar sangre.” Él enumera las posibilidades: “Podría extenderle un cheque,” o hacer que un socio monte el acto de recaudación en el bufete de Burris, utilizando el nombre de un tercero, o convertirse en patrocinador del acto de alguien más.

El hermano de Bob dice, “Entiendo tus preocupaciones, Roland” -- pero solo quiere el dinero. “Me refiero a que si quieres extender un cheque… o que alguien más los firme, por mí bien.”

Nada queda resuelto durante esta conversación. En cuestión de semanas, el gobernador es encausado por el fiscal y el FBI, que han pinchando su teléfono, por subastar impunemente el escaño del Senado. Pero antes de que la legislatura pueda apartarle de sus funciones y relevarle, nombra a Burris para ocupar el puesto.

Harry Reid cierra inicialmente la posibilidad, diciendo que no quiere a nadie que venga de las corruptas manos de Rod Blagojevich. Pero al incrementarse la presión política de los demás afroamericanos, Reid capitula -- y Obama se lava las manos en todo el asunto. Burris accedió a prestar testimonio ante el comité legislativo que sopesa el relevo, pero de alguna manera no menciona ninguna de sus conversaciones con el hermano Bob y niega que ofreciera dinero al gobernador. Sólo después de jurado el escaño del Senado recobra su memoria hasta el extremo de recordar que se le pidió contribuir.

Pero la semana pasada, con la grabación circulando por las cadenas y por todo Internet, Burris insiste en que puesto que nunca extendió en cheque que se le solicitaba, no ha hecho nada malo. No habiendo ofensa, no debería haber castigo, dice.

El caso Burris se encuentra ahora ante el comité de ética del Senado, que no ha fijado ningún plazo. La pregunta es qué dirán y harán Reid y Obama con las intenciones de Burris de aparcar todo esto y actuar como si tuviera derecho a conservar su escaño en el Senado.

Los Republicanos -- y todos los demás -- estarán expectantes.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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