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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Era inevitable esta recesión mundial? Puede que no.

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 3 de junio de 2009, 10:00 h (CET)
Uno, en su ignorancia, no deja de preguntarse si la crisis que se está padeciendo en todo el mundo, o al menos en todo el mundo mal llamado “civilizado” y “desarrollado”, ha sido motivada sólo porque, en un momento determinado, la empresa financiera Lehman Brothers quebrara y, con ello, provocara en cadena el conocido “efecto dominó”, el derrumbe de otra serie de sociedades básicamente especulativas que trajinaban con las famosas sub primes; o si, el percance de aquella sociedad, la chispa que encendió la mecha de la futura recesión mundial, fuera motivado por intereses de determinados grupos que estimaron que había llegado el momento oportuno para desencadenar una desestabilización de las finanzas y la economía internacional de forma que la relación de poder entre los distintos bloques de influencia asentados detrás de las bambalinas, en lucha constante por alcanzar la supremacía global, permitiera a uno de los sectores darle un vuelco a la situación existente antes de la debacle, que les permitiera imponer la supremacía de sus propios intereses.

A veces nos hemos planteado si no hubiera sido una política más acertada, un remedio menos traumático y costoso para el sector financiero y la propia economía, que la actuación del gobierno norteamericano hubiera sido menos “proteccionista” con las empresas que dieron lugar a la iniciación de la crisis y hubiera permitido que, las reglas del mercado libre siguieran su curso, o sea, dejar que unas empresas sustentadas sólo por el juego especulativo, sin otra finalidad que estafar a los que confiaron en ellas atraídos por unos sustanciales intereses, cayeran por si solas y tuvieran que entrar en quiebra, con todas las consecuencias inherentes a tl procedimiento. Detener a sus directivos y empapelarlos por defraudadores, hacerles asumir con sus propios bienes, hasta donde llegasen, las indemnizaciones a los afectados (me refiero a los pequeños inversionistas, porque los grandes inversores ya sabían a lo que se estaban exponiendo cuando entraron en el juego de la distribución de las participaciones en los bonos y fondos basura). Los gobiernos de los países donde existiesen inversores afectados por las quiebras de las empresas, que habían especulado con sus inversiones, debieran de haber obligado a los distribuidores de tales activos tóxicos a hacerse cargo de la parte que les correspondiese, devolviendo a los inversores particulares sus imposiciones y asumiendo la parte de culpa que les correspondía por no haberse cerciorado de la fiabilidad de aquellos activos que ofrecían.

Por supuesto que esto suponía que el Estado asumiese la parte de responsabilidad que le pudiera corresponder por no haber sabido detectar a tiempo por medio de sus organismos de vigilancia financiera, en España, la CMV, el que existieran determinadas ofertas de valores que no reunían las debidas garantías de fiabilidad. Por supuesto que, como responsable subsidiario, hubiera debido asumir en las indemnizaciones la parte que le hubiera correspondido, ya fuese a cargo de los Presupuestos Generales del Estado o de los fondos de garantía existentes al efecto. Tengo el convencimiento de que una reacción rápida en este sentido, hubiera minimizado las consecuencias del pánico que se produjo y, por supuesto, estoy convencido que hubiera representado un coste infinitamente menor al que ha resultado de esta recesión galopante, que cada día nos está apretando más y que se está cobrando, en España, la sangría de más de cuatro millones de parados.

Pero no nos olvidemos de otro de los factores que están contribuyendo al agravamiento de la crisis, de la desconfianza en las instituciones y al encarecimiento, cada vez más creciente, para los estados que se ven obligados a aportaciones continuas y a endeudamientos inasumibles para intentar ir cauterizando, a cargo de las arcas del Estado, las heridas que la recesión económica están causando en el tejido industrial, agricultura y los servicios a los que, inexplicablemente, no les acaban de llegar las ayudas que desde el Gobierno se están inyectando al sistema bancario, más preocupado para sanear sus propios balances y asegurar sus beneficios que en arriesgarse a dar créditos a las empresas, especialmente a las pequeñas y, todavía menos a las familias que precisan de apoyos para poder subsistir. Porque, señores, lo que sí es evidente es que la actitud de revancha, de intoxicación de la opinión pública, de tergiversación de los motivos de la crisis y de demagogia de las izquierdas de siempre, que han visto en la crisis la oportunidad de volver a cargar con toda su artillería de desinformación, falsedades, descalificaciones y marrullerías políticas, contra el vigente sistema económico, en un intento de subvertir lo que hasta ahora era axioma indiscutible, es decir, el sistema de comercio basado en la ley de oferta y demanda, en la libre competitividad, en la excelencia, en el esfuerzo y la creatividad del individuo como medio de progreso y avance de las naciones y en la subsidiaridad de los poderes públicos, cuyas principales funciones deberían centrarse en la sanidad pública para todos los ciudadanos, en el mantenimiento del orden, en la defensa de la patria y en ocuparse de hacer que en todo el territorio nacional se cumpliese, a rajatabla, la Constitución que nos otorgamos, por referéndum, todos los españoles.

Así es como, en España, hemos llegado a la situación actual, que no se debe, como nos quieren vender el señor ZP y los suyos, a que estamos en una economía global y capitalista que es la que nos arrastra como a todo el resto de naciones. Nosotros comenzamos a sentir los efectos de la crisis antes que el resto de países de Europa; cuando la banca, asustada por sus derroches hipotecarios, se vio reflejada en las sub-prime y decidió cortar in extremis la espita de los créditos. La “burbuja de la construcción” se desmoronó y con ella, una tras otra, todas las empresas relacionadas con ella, acabando por afectar a todo el tejido industrial de la nación y provocando una caída del empleo, la mayor de toda la CE, con una cosecha de 4.000.000 de parados. Cuando las otras naciones ya se habían puesto en guardia para enfrentarse al “marrón” que se les venía encima, en España, el gobierno de Zapatero todavía decía que no había crisis. Este es el gobierno de izquierdas que padecemos, de una incompetencia manifiesta y de un sectarismo obtuso y decimonónico que, en su encastillamiento, todavía se niega a admitir que su política no nos lleva a ninguna parte, pero que espera que nos conduzca a todos a algún tipo de “paraíso” socialista donde prime el aborto, los matrimonios homosexuales, la eutanasia, la laicidad y la moral relativista o sea, la casa de “tócame Roque” modelo made in Spain. Vamos, que con tantas algaradas y aspavientos van a conseguir que ocurra lo que, con tanta sabiduría, nos dejaba escrito Horacio en su Ars Poética: “Los montes se podrán de parto y… nacerá un ratoncillo minúsculo” Supongo que todos sabemos quién es el pequeño roedor.

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