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Celebraciones, sí, pero con mesura y sentido común

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 2 de junio de 2009, 02:20 h (CET)
Hay acontecimientos en la vida que pueden significar un gran trauma para una familia, algo muy difícil de superar y que causa una gran conmoción entre sus miembros, como pudiera ser la muerte de uno de ellos, pero que, sin embargo, a nivel de una nación no deja de ser algo doloroso pero inevitable que, generalmente, pasa desapercibido y no tiene trascendencia alguna para la vida de sus ciudadanos. Y es que en todo se debe saber apreciar la justa medida, el valor relativo de cada acontecimiento en relación con otros de mayor enjundia y trascendencia. La escala de valores de toda la ciudadanía de una nación, en muchas ocasiones, no tiene nada que ver con la de una comunidad determinada ni la de ésta con la de un pequeño lugarejo donde el nacimiento de una vaca se puede convertir en algo de suma trascendencia para sus escaso moradores. El acierto está en saber dosificar el entusiasmo, el valor, la trascendencia y la importancia relativa de un suceso en su justa medida, sin quedarse corto ni sobrepasarse en la evaluación que se hace de él ni exagerar, desorbitadamente, su trascendencia cayendo en el ridículo o lo que pudiéramos comparar con la euforia que produce una sobredosis de cocaína en el que se la administra, capaz de situarlo lejos de la realidad, esclavo de sus fantasías oníricas que quedan a años luz de la realidad en la que está inscrito.

Es evidente que el Club de Fútbol Barcelona, el “Barsa”, para todos los aficionados al deporte balompédico, merece todas las felicitaciones por su proeza deportiva, sin que se le pueda poner pero alguno a la consecución, más que merecida, por su buen juego, de las tres copas que ha ganado para su colección de trofeos. Es lógico que su afición esté satisfecha y que haya tenido unos días de entusiasmo rebosante y, si me apuran, hasta se les puede disculpar algunos actos de vandalismo, fruto de la ingesta en demasía de botellas de cava y vino para celebrarlo, aunque, también conviene dejar claro que las autoridades debieran de ser más cuidadosas para evitar que determinados excesos puedan causar daños a ciudadanos que no pueden ser las víctimas propiciatorias del desmadre de algunos gamberros. Pero dicho lo dicho, conviene que precisemos y acotemos algunos temas que ya sobrepasan el ámbito meramente deportivo para trasladarse a otros terrenos que nada tienen que ver con él y que, como en tantas otras cuestiones, son terreno abonado para los que buscan sacar conclusiones interesadas de cualquier acontecimiento que se produzca, intentando darle un sesgo ajeno por completo al ámbito deportivo, para trasladarlo a otros campos que nada tienen que ver con él y, si mucho, con los particulares intereses de ciertas minorías nacionalistas.

Es evidente que resulta excesivo, desproporcionado y reiterativo que casi una semana después del acontecimiento deportivo se siga, machaconamente, llenado páginas y páginas de la prensa catalana loando al equipo, a sus jugadores y, esto es lo más peligroso, a lo que representa la entidad para el catalanismo en sí, como si el triunfo deportivo del Barsa no se limitara a ello y trascendiera al ámbito político. Se pretende considerarlo un triunfo del separatismo, representado por el Tripartit, y una seña de identidad de su verdadera lucha para librarse de lo que ellos consideran un yugo, el nacionalismo español. Madrid y el Madrid no son simplemente sus adversarios deportivos, no señores, se han convertido en el enemigo a batir y cualquier excusa les sirve para reivindicar su propia identidad, sus derechos inventados o supuestos, a tener la supremacía sobre las otras autonomías; a merecer un trato preferencial, tanto en materia política como económica y en reclamar la cesión de todos los derechos derivados de un Estatut que, en realidad, mientras no se demuestre lo contrario o el TC no lo despoje de su contenido inconstitucional, no es más que la carta de libertad para ser un mero anexo a España.

Nos podemos preguntar, ante estos signos de revanchismo e intolerancia, ¿dónde está el famoso seny catalán? Los que vivimos en esta comunidad no encontramos ni un atisbo, por mucho que intentamos hallarlo, en ninguna de las instituciones catalanas ni en sus medios de comunicación ni en sus partidos políticos, sin exceptuar el PP presidido por Alicia Sánchez Camacho, que nos pudiera hacer suponer que hay salvación para esta comunidad, que la lengua castellana tuviere posibilidades de subsistir, que los jóvenes pudieran ser educados en la lengua vehicular, que el sentimiento de españolidad, unidad de la patria y respeto por la bandera se pudieran recuperar. Créanme, la complicidad nefasta de todos los partidos, desde el PSOE hasta la Ezquerra Republicana, han conseguido lo que ninguno de ellos fue capaz de obtener en la Guerra Civil; han implantado las semillas del separatismo, de la lengua única, el catalán, del totalitarismo de izquierdas y del más puro y rancio sentimiento laicista en su aspecto más agresivo y destructivo.

Catalunya se ha constituido en la comunidad autónoma donde están más enraizados los sentimientos abortistas; los apoyos a los homosexuales y lesbianas; la mayor comprensión y apoyo para los matrimonios gays; donde más se lucha en contra del castellano; el lugar en que los políticos intentan con más éxito imponer sus tesis en las escuelas públicas y donde, por el contrario, gracias a un profesorado masivamente politizado y ganado por la izquierda, peores resultados se dan en las escuelas públicas y más abandono escolar se registra. En definitiva, estamos ante el principio de un ensayo de gobierno antidemocrático, de tintes absolutistas, e impregnado del revanchismo, inspirado o inspirador, como quieran ustedes, de la famosa ley de Memoria Histórica porque, por mucho que cueste creerlo, setenta años después de la finalización de la contienda civil, todavía se esconden en las almas de muchos de aquellos que tenían cuentas pendientes con la justicia y, gracias a la generosidad de los vencedores, pudieron regresar a España para medrar, aunque no lo quieran reconocer, bajo el régimen “tiránico” de Franco; los mismos sentimientos de odio, afán de revancha e ideales marxistas que les fueron trasmitidos por sus progenitores. Así no se va a ninguna parte y menos a crear una sociedad capaz de integrarse con posibilidades de éxito en la Unión Europea de países como Alemania y Francia. Ellos hace menos años que tuvieron el mayor enfrentamiento de la Historia, en el que se produjeron genocidios por ambas partes ( unos lo conocemos, los de los nazis y otros se nos ocultaron, los de los Aliados), incluidos los lanzamientos de bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki; pero han sido capaces de superarlo y de dirigir su mirada al futuro dejando el pasado para los historiadores. Aquí, en España, parece que estamos condenados a vivir de los recuerdos.¡Una verdadera pena!

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