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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El amartelamiento de Obama

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
martes, 2 de junio de 2009, 02:10 h (CET)
El amor ciego con Obama es la gran noticia no reportada de nuestro tiempo. ¿Ha disfrutado de tanta cobertura mediática favorable algún presidente reciente? Bien, quizá John Kennedy de forma pasajera; pero ningún presidente desde entonces. En general, esto no es sano para América.

Nuestro sistema político funciona mejor cuando el presidente se enfrenta al escrutinio de su gestión. Pero la principal vigilancia de Obama es modesta. Es la que viene de los Demócratas del Congreso, que en su mayor parte comparten sus fines, si bien no siempre sus medios. Los Republicanos carentes de dirección y confusos no proporcionan una oposición eficaz. Y la prensa -- en política nacional, cuando no la exterior -- ha renunciado hasta el momento a su papel de observador escéptico.

Obama ha despertado la lisonja colectiva. Lo que comenzó durante la campaña (su principal víctima fue Hillary Clinton, no John McCain) ha seguido manifestándose, como demuestra el estudio del Proyecto para la Excelencia en el Periodismo del Pew Research Center. Concluye: “El Presidente Barack Obama ha disfrutado de un seguimiento en los medios notablemente más favorable que Bill Clinton o George W. Bush durante sus primeros meses en la Casa Blanca.”

El estudio examinó 1.260 memorias del Washington Post, New York Times, ABC, CBS y NBC, la revista Newsweek y “NewsHour,” en la PBS. Las noticias favorables (el 42%) eran el doble que las negativas (el 20%) mientras el resto eran "neutrales" o "surtidas.” El trato dispensado a Obama contrasta acusadamente con la cobertura de los dos primeros meses de las presidencias Bush (22% de noticias favorables) y Clinton (27%).

Al contrario que Bush y Clinton, Obama es objeto de una cobertura informativa favorable tanto en las secciones de información como en las de opinión. La naturaleza de las noticias también cambió. “Alrededor del doble de la cobertura de Obama (el 44%) se ha referido a su vida personal y talento de líder con respecto al caso de Bush (22%) y Clinton (26%)," reza el informe. "Menos de su cobertura, en tanto, se ha centrado en su agenda política.”

Cuando Pew amplió el grupo de análisis a 49 medios -- canales de cable, páginas web informativas, programas informativos de la mañana, más cabeceras de prensa y la radio pública -- los resultados fueron parecidos, a pesar de algunas salidas de la tónica. Como era de esperar: la cobertura de la MSNBC era favorable, la de Fox no. Otro estudio, difundido por el Center for Media and Public Affairs de la George Mason University, alcanza conclusiones paralelas.

El amartelamiento importa porque las ambiciones de Obama son considerables. Quiere ampliar los subsidios sanitarios, controlar férreamente el consumo energético y reformar de manera integral la inmigración. Proyecta la mayor ampliación de las competencias del gobierno desde Lyndon Johnson. La Oficina Presupuestaria del Congreso sitúa el gasto federal en el ejercicio de 2019 rozando el 25% de la economía (el producto interior bruto). Bastante por delante del 21% de 2008, y muy por encima de la media post-Segunda Guerra Mundial; también tendría lugar antes de que se jubilen muchos trabajadores de la generación post Segunda Guerra Mundial.

¿Son prácticas sus propuestas, ya no deseables? ¿Pueden no ser ni lo uno ni lo otro? ¿Cuáles podrían ser sus consecuencias imprevistas? No todas las "reformas" tienen éxito; algunas provocan más problemas de los que solucionan. Las políticas económicas de Johnson, heredadas de Kennedy, demostraron ser desastrosas; condujeron a la “estanflación” de la década de los 70. La “guerra contra la pobreza” fracasó. La prensa no habría de ser hostil; pero tendría que ser necesariamente escéptica.

En su mayor parte, no lo es. La idea de una noticia "crítica" con Obama supone un conflicto táctico con los Demócratas del Congreso o la crítica desde un sector importante del electorado. Los asuntos de mayor peso son minimizados, a pesar de ofrecer motivos generosos de escepticismo.

La retórica de Obama roza la inconsistencia. Durante la campaña, dijo que iba a des-enfatizar el partidismo -- y a la vez decretar una agenda muy partidista; ambas cosas no podían ser ciertas a la vez. Él obtuvo permiso. Ahora afirma que va a controlar el gasto sanitario al mismo tiempo incluso que propone un mayor gasto público. Promueve la "responsabilidad fiscal" mientras los números evidencian gigantescos y continuos déficits presupuestarios. Los periodistas parecen confiar plenamente en sus declaraciones incluso si muchas de ellas parecen tener un lado oculto.

La causa de este privilegio no está clara. La prensa sigue en ocasiones las encuestas de opinión; los presidentes populares tienen una cobertura favorable, y Obama es enormemente popular. Según Pew, el grado de aprobación de su gestión se encuentra en el 63%. Pero puesto que la cobertura favorable empezó durante la campaña, esta explicación es parcial en el mejor de los casos.

Puede que la preocupación con la presente crisis económica haya desviado la atención de las implicaciones a largo plazo que tendrán las restantes políticas. Pero la explicación subyacente podría ser así de directa: a la mayor parte de los periodistas Obama les cae bien; admiran su dominio del lenguaje; supone un alivio después de Bush; convienen con su agenda (de forma que nunca se les ocurre cuestionar las premisas básicas); y no quieren ver fracasar al primer presidente afroamericano.

Cualquiera que sea el caso, un gran cimiento de un gobierno podría asentarse en la estrecha base de la popularidad personal de Obama. Otro estudio de Pew demuestra que desde las elecciones, tanto el número de los que se identifican como Republicanos (BEG ITAL)como(END ITAL) el de los que se identifican como Demócratas han descendido. Los “independientes” han aumentado, y “no se ha registrado un movimiento consistente de alejamiento del conservadurismo, ni un acercamiento al progresismo.”

La prensa se ha convertido en el aliado de Obama en la sombra, y parece inmersa en un estado de negación. Pero la noticia pasa desapercibida: como era de esperar, el estudio de toda la cobertura favorable fue objeto de una cobertura escasa.

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Diario SIGLO XXI dispone de los derechos de publicación en exclusiva para medios digitales españoles de este y muchos otros columnistas del Washington Post Writers Group.

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