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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Jungla de palabras

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 31 de mayo de 2009, 09:59 h (CET)
Si en alguna ocasión se detiene uno a la escucha de un debate parlamentario, de los pronunciamientos en mítines electoreros, o de esas tertulias mediáticas de expertos -Aunque con frecuencia se trate de esperpénticos-; ¿No les asalta una nítida sensación de haber entrado en una nueva manifestación del silencio? Silencio ruidoso, pero silencio efectivo a casi todos los efectos. Por que al fin, como en un arte de prestidigitación, no se dijo nada entre tanta PALABRERÍA. ¿Qué efectos se producen en el curso de estos acontecimientos? Admitamos que se oyen sonidos, aunque sean simultáneos a la percepción de un vacio simplón. Se ponen de manifiesto reflejos paradójicos, curiosos contrastes, entre aparentes grandilocuencias.

Por que no es que falten palabras, se pronuncian y se inventan con una profusión en continuo crecimiento. A cada término le brotan ramas con múltiples y sorprendentes significados, tantos, que los vuelven irreconocibles. Hay ejemplos con todos los matices. Parecía clara la definición de COMPROMISO, para una actuación social, de pareja, profesional o lúdica. Sin embargo, no le soplan vientos favorables, no se admiten apoyos o argumentaciones, se desprecian valoraciones que beneficien a todos, dándole prioridad a la eventualidad momentánea. La duración y la firmeza son ejemplos de las asociaciones perdidas en torno al compromiso. Así las cosas, dará lo mismo atribuirnos un compromiso u otro, serán veleidades intrascendentes. Su sentido inicial se sustituye por la ley, esta por los apaños, las jergas, el interés del momento, la adhesión a la parafernalia de turno. Asombroso, las ideas bailan en una danza frívola.

Es cierto que en algún tiempo se tenía menos acceso a los libros, la cultura, la química, las matemáticas de los conjuntos y estadísticas. Por eso, al emitir ciertas expresiones, se deducían unos significados distintos a los que interpretamos hoy. Los deseos, los gustos, los amores, eran con DELIRIO. Una madre quería con delirio a su hijo, había delirios por la belleza artística y por otras excelencias accesibles. Ahora, esa palabra ha pasado a expresar la química de las drogas, el egoísmo que nos aleja de la realidad, y pasamos a los cuadros psiquiátricos más enrevesados. Un cambio delator, de la entrega ferviente dirigida a los aspectos maravillosos de la vida; se pasa a un conocimiento científico más preciso, enfrascado en la vivencia de los sinsabores. Un deslizamiento del sentido.

Al referirnos a los delirios poco recomendables, hay unos predominantes en las esferas políticas; si se les deja hablar, entrevistas, declaraciones, pronto se aprecia el significado del término delirante, su realidad no se corresponde con la vivida por la ciudadanía. Aunque, desde la política, me chirría más otro concepto, el de las MINORÍAS. Se abunda en eso de respetarlas, contar con ellas, dejarlas respirar, pluralidad. Ante lo visto y, pese a su repetida mención, quizá sería mejor la supresión de esa palabra en los diccionarios, aunque sólo fuera para no confundirnos. ¿Existe ese concepto y esa realidad? Lo dudo, sobretodo ante la dictadura piramidal en ejercicio –Partidos, instituciones-, un evidente consenso servil ante el faraón de turno. Si las hay, las minorías están en riesgo de desaparición.

Las preguntas se recrudecen si tratamos del esclarecimiento de ese reiterado y manido DIÁLOGO. ¿De ciertas voces aisladas e incluso desde la lejanía? ¿Declaraciones controvertidas sin el más mínimo contacto directo entre ellas? ¿Qué era el diálogo? Es habitual la referencia al diálogo, aunque nadie escuche en realidad al interlocutor. Con este aislamiento no ha lugar para ningún intercambio. La confusión se adueña del campo cuando los dialogantes introducen palabrejas, vocerío, imprecaciones; escapando de las razones y de las argumentaciones. Se destruye la base de la concordia a tavés de ese galimatías, cada interviniente introduce su propio sentido para cada palabra, para cada gesto. ¿Cómo alcanzar el entendimiento?

Puesto que hablamos de encuestas en cada careo, del pensamiento mayoritario sobre cualquier suceso o circunstancia; vamos a ver si no les parece curiosa, si no la estiman preocupante, la siguiente observación. No es rara la instalación de exposiciones o museos en las ciudades de un cierto relieve, una gran noticia en las primeras valoraciones; las aportaciones ARTÍSTICAS se tenían como propias de la mejor cultura. Lo curioso viene ahora, cuando se multiplican las opiniones, con la valoración de las encuestas, con la escucha de los políticos gestores de esos eventos artísticos; las expresiones adoptan tonos propagandistas, número de visitantes en la ciudad, recaudaciones colaterales. Con bien poca referencia a la entidad del arte manifestado. Auténtica transformación del arte en números. ¿Dónde quedaron las cualidades?

En el conglomerado ocasionado por las distorsiones linguísticas, los avances positivos se aprecian menos, son de menor envergadura porque se avanza con pasos cortos, a base de esfuerzos importantes. Destacan más los cambios destructivos, por que dilapidan con enorme facilidad costosos logros previos. Un ejemplo de retroceso lo vivimos con los DERECHOS HUMANOS. Desde el primero al último, la declaración se va desintegrando con el pretendido progreso. La vida, ¿Qué vida? Del no nacido, de los enfermos, tarados, ancianos, animales, experimentales; en qué países, en qué culturas, al arbitrio de qué poderes. No, no hemos conseguido la continuidad, ni del primero de los artículos. El repaso de los otros puntos del articulado, tampoco resulta gratificante.

La dejadez y la parsimonia excesiva, conducen inexorablemente a una conciencia flácida, blandengue; expuesta a todas aquellas intervenciones que la agredan con la fuerza o con engaños. Dicho de otra manera, comportarnos con una cierta dignidad, supone un esfuerzo de superación; debido sobretodo a los diferentes rasgos y puntos de vista de cada persona. Se requiere un proyecto y una ejecución merecedores de esa dignidad como humanos. Y para ello, las DIFICULTADES son una realidad constante; no se finaliza nunca con los proyectos renovados. Habermas planteó una dificultad muy delicada; pero muy necesaria, imprescincible, su superación. Se refiere a la separación de los valores de grupos o individuos, como opciones particulares; frente a los conceptos que atañen al conjunto de la humanidad. Si no lo asumimos así, los efectos saltan a la vista.

Puestos en estas tesituras, HABLAR no significa nada, o muy poco. De manera especial, si no atendemos a unos mínimos en esos proyectos integradores mencionados. No da lo mismo cualquier uso de las palabras, tampoco los significados son iguales. Coinciden las diferencias inesquivables y respetables con la capacidad de raciocinio que nos distingue. ¿Qué puede significar esto? Para evitar el mordisco directo al ojo, la inmadurez y los desmanes, requerimos unos fundamentos razonados. El entramado salvaje conforma una auténtica jungla de palabras. Las bondades humanas que prometían un paraíso de comunicación, no sólo lo vacían, lo convierten en tenebroso. Quedamos expuestos a una perorata sin sentido, llena de discordancias. ¿Sólo queda la opción de conformarnos?

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