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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

El milagro de Urueña

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 30 de mayo de 2009, 09:55 h (CET)
En este junio literario y cálido que está entrando, porque no siempre abril se llevará todos nuestros pensamientos librescos, donde los libros se asoman al buen tiempo del Buen Retiro madrileño, me acuerdo de una reciente visita a Urueña, esa villa medieval capaz de hacer milagros como los de los últimos años.

Si un parque en la capital de España en un momento dado, es capaz de albergar a tanta librería y editorial junta, como hemos tenido ocasión de comprobar en el Retiro, allí al amparo de los árboles, al frescor de sus jardines y bajo la vigilante mirada de los lectores y las ardillas, no es corta la labor desarrollada desde una Diputación Provincial, concretamente la de Valladolid, para hacer una realidad distinta a modo de milagro para una de sus poblaciones. Así, pasaríamos de un escaparate gigantesco de cientos de casetas a otro escaparate muy distinto, pero también relacionado con los libros.

Porque Urueña es un precioso pueblo situado a unos cincuenta o sesenta kilómetros de la capital de Castilla-León, Valladolid, según tomemos carreteras secundarias o la Autovía A6, y que tiene una gran peculiaridad, se ha convertido por derecho propio en la Primera Villa del Libro de España.

Que cómo se hace eso o para qué sirve, pues de momento le sirve para disponer de más librerías en relación con su población y su término municipal que cualquier otro lugar. Son 12 librerías, incluida una Boutique del Cuento, más un centro para la lectura y la escritura y sus aplicaciones, el e-LEA, donde en más de mil metros cuadrados dedicados al Área Museística, al Área Pedagógica, al Área de Investigación y Documentación y el Jardín e-LEA ofrecen una gran actividad cultural sobre todo los fines de semana.

El acierto de la Diputación ha sido inventarse una Villa del Libro donde lo que había era un éxodo de los pequeños pueblos a las ciudades, lo que no es ajeno cualquier otra comunidad española; pero, además, la Diputación ha apoyado de tal forma estos negocios que ha comprado fincas y comercios de la Villa para donarlos gratis a los comerciantes con la condición de que mantengan los negocios abiertos durante toda la semana.

Gracias a las donaciones a particulares se ha animado a la población a establecerse allí con sus familias y se les ha ofrecido distintas ayudas. Librería a librería, comercio a comercio, la realidad en Urueña es que va consiguiendo notoriedad cultural y premios como el que le ha otorgado la Asociación de Amigos del Libro, dependiente de la OEPLI, Organización Española para el Libro Infantil.

Pero eso no es todo, debido a su enclave geográfico no es difícil encontrar a múltiples turistas que se acercan allí a visitar sus centros culturales, a comprar sus productos típicos y a probar su gastronomía en la multitud de restaurantes que también se van asentando al olorcillo de pueblo cultural dedicado al turismo regional y nacional de interior.

Con todo ello Urueña poco a poco va ganando población y gracias a una familia recién empadronada, formada por los padres y sus cinco hijos, se ha podido lograr que la escuela del pueblo pueda seguir abierta. Conservar la escuela es muy importante para esta preciosa población, ello le dará vida y lejos de que la Villa se convirtiera en una villa fantasma, ahora es bastante visitada por numerosos turistas.

Es reinventar pueblos al margen de la fama que ellos mismos se hayan ganado. Si nos miramos un poquito el ombligo y me centro en mi provincia de Ciudad Real, encuentro que habría villas para todo. Almagro, Ciudad del Teatro, Valdepeñas, del Vino, pero inventando, inventando, Campo de Criptana sería la Ciudad del Viento, Calzada, la Villa del Cine, Ruidera, Villa del Agua, y aquí a quien le daríamos el sobrenombre de la Villa del Queso, o mismamente la del Libro, o de la Poesía, tengo mi propia lista para otras muchas poblaciones, ¡será por ideas!, pero no es muy publicable. Eso tiene que salir de otras listas públicas.

Inventemos lugares en los lugares que ya existen para ayudarles en su desarrollo. A veces sales por ahí al extranjero y de apenas nada arman un gran alboroto turístico y aquí, que tenemos de todo, nos acostumbramos a vivir con ello sin apenas valorarlo. Pero, claro, sólo son apellidos de pueblo.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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