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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El País, sólo sabe mirar a izquierdas

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 30 de mayo de 2009, 09:52 h (CET)
Hay veces que uno se queda maravillado de lo que son capaces de pergeñar algunos medios informativos ¿o, mejor podríamos decir desinformativos, cameladores, sectarios y servidores de su amo: el Gobierno?, que se valen de la fuerza que les otorga el proteccionismo que se les otorga desde el Ejecutivo para escribir, con patente de Corso, todo lo que les parece oportuno para arrimar el ascua a su sardina. Es evidente que cualquier remilgo o escrúpulo que pudieran tener quienes se dedican, en cuerpo y alma, a tergiversar los hechos, cargar las tintas o enlodar a quienes sitúan bajo la diana de sus críticas son, evidentemente, meros objetos de adorno sin ningún efecto práctico sobre sus enmohecidas conciencias. No podemos decir que nos sorprenda ni poco ni mucho que el rotativo El País, de notoria filia progubernamental, se dedique, como fiel servidor del PSOE y de su jefe el señor Zapatero, a hacerles el trabajo sucio que le encargan desde Ferraz. Ello no obstante, a un periódico de tanta difusión, lo menos que se le pudiera exigir, por respeto a sus lectores –y, cuando digo lectores no me refiero, por supuesto, a toda la masa que sólo buscan en sus páginas encontrar el alimento que buscan en él, para nutrir su revanchismo endémico o su añoranza por los tiempos en que la FAI y la CNT campaban por sus respectos por las calles de Barcelona robando, asesinando y torturando; no, evidentemente no, porque, para mí, todos estos que no han dejado de pensar en la II República, que no saben lo que fue la Revolución de Octubre de 1934 y cuales fueron sus consecuencias para España, no me merecen más que la más completa indiferencia – es una cierta coherencia en su política informativa, en fin, que no se contradigan ellos mismo, porque esto sin duda ¡está muy feo!.

No obstante, me imagino que un periódico de tanta tirada tendrá un sector de lectores inteligentes, capaces de razonar y de apreciar las contradicciones, evidentes y espectaculares, por cierto, en las que suele incurrir algunos de sus más furibundos articulistas que, en ocasiones, seguramente empujados por su fanatismo, son incapaces de darse cuenta de que donde han dicho “digo” ahora dicen “Diego”. Y es que, recientemente, antes de que el atribulado juez Garzón tuviera que probar un poco de su propia medicina; se habían dedicado, con un tesón digno de mejor causa, a sacar a la luz, como novela por entregas, las partes del sumario del famoso caso Gürtel, que les iban llegando a la redacción con notoria puntualidad y, más que evidente, oportunidad, para ir machacando concienzudamente al PP en vísperas de la campaña electoral. Por supuesto que ni la fiscalía del Estado ni el CGPJ se esmeraron lo más mínimo en averiguar como un sumario secreto, como marca la ley, se distribuía libremente sin que produjese la menor acción para impedirlo.

Nadie calificó de “temeraria” la acción del juez Garzón, nadie se rasgó las vestiduras por el hecho de que un sumario secreto se publicase a los siete vientos desde el País y diera pie a juicios paralelos, provocando la indefensión de los imputados. ¡Claro, evidente, trabajaban a favor del PSOE para ayudarle en las próximas elecciones! Sólo que la imparcialidad manifiesta de todas las cadenas de televisión y de, prácticamente, la totalidad de los medios escritos y emisoras de radio, con la SER del señor Galilondo al frente, resulta tan deprimente, tan vergonzante y tan asquerosa que produce náuseas a cualquier persona que tenga sentido común y que sea capaz de ver por los entresijos de la política absolutista practicada por ZP y sus secuaces. Pero lo que ya roza el summum de los despropósitos es cuando, alguien de El País, en el momento en el que el Tribunal Supremo ha encausado al juez Garzón por presunta prevaricación, se atreva a calificar la denuncia del sindicato Manos Limpias como “temeraria”.

En primer lugar, se han pasado de rosca, porque si bien hubiera tenido alguna lógica cuando el Supremo todavía no la había admitido a trámite, resulta absurda, fuera de lugar y pretenciosa, desde el momento en el que, el alto tribunal ha decidido procesar al juez estrella por unanimidad de los cinco magistrados. ¿Acaso el espabilado reportero se juzga mejor preparado que los magistrados del supremo para calificar las posibilidades de prosperar de la querella? ¡Un error garrafal de táctica, señor mío! Me temo que mucha gente, que haya leído su artículo, pensará que quien se ha mostrado “temerario” es usted mismo cuando ha meado fuera del tiesto. Otro acto canallesco muy propio de estas izquierdas que se olvidan de que estamos en una democracia cuando han sacado a relucir el pasado franquista de uno de los dirigentes del sindicato de funcionarios como si, en el propio PSOE, no hubiera más de uno ( el propio Bono) que tuviera relación con el franquismo, a través de sus parientes o por haber pertenecido en algún momento de su vida a alguna organización de tiempos del franquismo. En cualquier caso, es un caso de ruindad y falta de ética descalificar a una persona por sus ideas políticas y así lo debiera saber, el individuo en cuestión, que está marcado en la Constitución,¡claro que, por el caso que hacen de ella, no es raro que se olviden de sus preceptos!

Pero lo que es evidente es que lo que no se puede hacer es cargar las tintas en el caso de Camps, recordemos que le recordaron repetidamente “que estaba imputado” y ahora salirnos por los cerros de Úbeda, pretendiendo que el juez Garzón no lo esté, o lo esté injustamente, cuando, es probable que, el juez, tenga mayores méritos y argumentos para ser enjuiciado que el presidente de la comunidad valenciana. No es posible jugar con la justicia para atacar a una persona por el hecho de estar imputada, no juzgada ni condenada y, cuando les conviene, por tratarse de uno de los suyos a quien deben de agradecer muchos servicios personales, resulte que el tribunal que lo imputa, nada menos que el Supremo, está prevaricando porque, lo han dicho ellos: “se trata de una esquizofrenia judicial”, ¿no será, más bien, que quienes están esquizofrénicos son ustedes? . Hasta el magistrado García Ancós, retirado, que fue quien intervino en el caso Gómez de Liaño y, por ello, recibió un varapalo desde Estrasburgo por haberse extralimitado y por su particular enemistad con Liaño; se ha querido solidarizar con Garzón diciendo que “hay que respetarlo más”. ¡Menudo apoyo!

Dios los cría y ellos se juntan, pero para cualquiera que tenga sentido común resulta un acto risible pedir un certificado de la muerte del general Franco y de Mola cuando es del dominio público que ambos fallecieron hace años. Para los que protestan argumentando que se quiere evitar destapar los crímenes del franquismo, debiéramos informarles que existe, desde hace años, una Ley de Amnistía por la cual sujetos como el señor Carrillo, responsable de los asesinatos de Paracuellos del Jarama, puede pasear tranquilo por cualquier ciudad de España. No hubo genocidio, si es que no se puede considerar como tal los asesinatos de 6.000 curas, y las torturas de las “checas” de Madrid, Barcelona o Valencia o los asesinatos de las “patrullas del amanecer” en Madrid y Barcelona. El señor Garzón, de una manera incomprensible para una persona versad< en leyes, ha incurrido en unos gastos innecesarios, unas actuaciones improcedentes para las cuales no estaba legitimado, a sabiendas y en contra del parecer de sus compañeros. Debe pagar por ello.

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