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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De cobardías y silencios ante el maltrato animal

Julio Ortega Fraile
Redacción
viernes, 29 de mayo de 2009, 11:46 h (CET)
Cuando en España un grupo de enemigos de la democracia gestó y materializó el llamado “Alzamiento Nacional” dejando después y por intervención del azar – o acáso humana – su continuidad en manos de un acomplejado y vengativo criminal, el Pueblo puso nombre a su esperanza de recuperar la libertad: Europa. Sin embargo, los países vecinos, testigos pusilánimes de la inicua sublevación, firmaron el “Pacto de No Intervención”, con lo que se desmoronó cualquier atisbo de optimismo con las trágicas consecuencias que conocemos.

Hoy en día todos calificamos la actitud de esas naciones como necia – porque no supieron o no quisieron ver el peligro del fascismo del que a su vez serían víctimas poco tiempo después – y de cobarde. Bueno, todos excepto Pío Moa, algunos medios cuya filosofía la han tomado del que con su nombre rendía homenaje a la Fortificación Toledana y unos pocos más: los 11–Manipuladores, que continúan buscando apellidos vascos en Atocha, armas de destrucción masiva en Irak y razones para justificar el levantamiento que propició la Guerra Civil.

Pero para la mayoría está claro que el no intervenir ante una injusticia flagrante, con efectos sangrientos y cuyo alcance afecta a gran número de seres, es intolerable y merece una repulsa casi tan contundente como la que suscita el responsable de la violación de la que se trate. Si somos conscientes de que la solidaridad es una actitud necesaria y exigible – lo contrario sería una especie de “denegación de auxilio” de gran magnitud, un acto condenable – si sabemos que más allá de que el problema nos ataña o no directamente no es lícita la conducta del “oír, ver y callar”, ¿por qué no aplicamos este valor a todos los ámbitos?.

La adhesión de terceros a causas relacionadas con el padecimiento del hombre es escasa, pero cuando nos referimos al sufrimiento de animales, se diluye sin remedio en el egoísmo humano y se convierte casi en una quimera, en el grito desesperado de unas pocas voces, empeñadas en transformar en lamento humanizado el dolor inaudible de aquellos más cercanos a objetos en su consideración social y legal que a seres vivos con capacidad sensorial. Una empresa muy ardua cuando tal defensa se estrella una y otra vez contra la indiferencia general y los intereses particulares.

¿Es necesario llegar a que nuestros hijos o nietos se sientan avergonzados de nuestra incomprensible intimidación y apatía frente a la brutalidad constante, consentida e institucionalizada presente en esta Sociedad?. ¿No somos capaces de extraer las lecciones que la historia nos ha dejado al respecto: rebeliones militares, esclavitud, inferioridad de la mujer, racismo, etc.?. Es difícil de asumir, pero alguna especie de necedad cognitiva o de perversión moral, nos impide aplicar al “hoy” razonamientos que esgrimimos con total desenvoltura cuando nos referimos al pasado.

La información, a pesar del secretismo que a menudo rodea el inquietante mundo del maltrato animal, es abundante y reveladora acerca de lo que ocurre en todos sus ámbitos: tauromaquia, caza, peletería, experimentación, vivisección, circos, zoológicos, criaderos, abandono, peletería, granjas, espectáculos con animales, etc. El dolor tanto psíquico como físico padecido por estas criaturas es una realidad científicamente demostrada. Las tendencias violentas de los individuos que organizan, participan o posibilitan la pervivencia de este tipo de actividades o tradiciones es también un hecho patente, así como su no poco frecuente traslado a comportamientos agresivos con humanos. Por otra parte, en un proceso muy lento se va logrando que ya se vean con horror prácticas antes lícitas: peleas de perros, lanzamiento al vacío de cabras o decapitación de gansos, por ejemplo.

Con todas esas premisas, ¿cómo es posible que la conclusión no sea todavía un rechazo absoluto y casi unánime – siempre habrá quien anteponga su ambición o egocentrismo – al resto de situaciones tan inadmisibles como las que por fortuna ya forman parte de un ayer negro e ignominioso?. No reclamo piedad al bruto, generosidad al individualista ni tampoco la comprensión de los ganaderos de lidia, de los lanceros de Tordesillas, de los que negocian con la caza furtiva y los trofeos o de los que reciben dinero por hacerle ingerir una y otra vez el mismo producto corrosivo a un conejo, pero del resto, que son casi todos, ¿por qué se obtiene impasibilidad ante crímenes cometidos cada día a su alrededor?, y los políticos, ¿siguen en silencio ante tales barbaridades por ineptitud, por apocamiento, por ignorancia o acáso por no perder prebendas propias consintiendo las ajenas por más ruines que sean?.

Es necesario condenar la “no intervención” y cualquier postura tibia o despreciativa ante el abuso cometido sobre seres más débiles, indefensos o carentes de derechos plenos por culpa de códigos parciales redactados por el hombre; poco a poco se va cambiando la mentalidad en ese aspecto pero tan encomiable actitud solidaria, seguirá empapándose en sangre ajena mientras no incluyamos en objeto de nuestra defensa a los animales, eternas y olvidadas víctimas del maltrato, e instrumentos al servicio de atrocidades que en colmo del oscurantismo y de la crueldad, pretenden dar pábulo a la ciencia, al arte, al entretenimiento, a la cultura o a la educación.

Ciencia es el conocimiento racional por medio de la investigación, no los desmanes cometidos en su nombre; Arte es la expresión de ideas o de emociones, no puede calificarse como tal cuando pasa por provocar el sufrimiento extremo a un ser vivo; Entretenimiento es sinónimo de diversión, pierde esa consideración cuando algún elemento implicado en su desarrollo es objeto de padecimiento; la Cultura, como la entendemos hoy en día, no puede asimilar aspectos que sí eran válidos en las primitivas, la evolución del hombre es incompatible con tal degeneración; la Educación intenta transmitir conocimientos y valores, ¿es admisible que entre ellos incluyamos la tortura, el sadismo o el antropocentrismo?. Y Política es dirigir la acción del Estado en beneficio de la Sociedad, ¿contribuye a su enriquecimiento moral la tolerancia con la iniquidad y que nuestros hijos la entiendan como legítima?.

Así, al fin, el único término que nos quedará como herencia que dejar a los que vengan detrás en lo que al respeto a los animales se refiere es el siguiente: vergüenza, y una humillación espantosa por haber sido cómplices de tan abyectas conductas. Algún día nos arrepentiremos, pero el terrible daño que se le está causando a miles de animales mientras Ud. lee estas líneas, su muerte angustiosa y absurda en estos mismos instantes, será un hecho ya irreparable y tan irreversible como nuestra vileza moral por consentirlo.

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